jueves, 16 de julio de 2015

ARTÍCULO XIX (ESTANCAMIENTO). DECISIÓN EN EL ESTE. LA OFENSIVA GORLICE-TARNOW Y LA GRAN RETIRADA

Artillería rusa en el asedio de la Fortaleza de Przemsyl (Galitzia)
Tras los intensos combates registrados en 1914 tanto en Oriente como en Occidente, y debido a la situación de estancamiento que se había alcanzado en el Frente Occidental, el Estado Mayor Alemán decidió un cambio en su estrategia.

Claramente, Moltke, inicialmente, y Falkenhayn, después, habían errado en elegir a que enemigo confrontar en primer lugar. El Plan Schlieffen, como ya vimos en su momento, dictaminaba que se orientase la búsqueda de una batalla decisiva contra Francia, pero no reflejaba que hacer ante la oposición belga al paso por su territorio, ni ante la previsible respuesta británica. Al mismo tiempo, reflejaba la necesidad de “abandonar el este a su suerte”, algo que el Estado Mayor Alemán desestimó, impidiendo, en parte, el éxito del plan.

A pesar de obtener dos imponentes victorias ante los rusos, logradas por el 8º Ejército de Paul von Hindemburg y Erich Ludendorff, en Tannemberg y los Lagos Masurianos, donde causaron bajas decisivas a los Ejércitos rusos 1º y 2º, la situación en el Este se había estancado tras la gigantesca derrota de los austrohúngaros en Galitzia; dos tercios del Ejército Austrohúngaro se habían evaporado en la batalla, aunque los rusos habían gastado todas sus reservas de municiones en el proceso, lo que evito que pudiesen proseguir la exitosa ofensiva a través de los Cárpatos.

Tampoco Hindemburg – Ludendorff estaban en disposición de continuar presionando; la ausencia de refuerzos y la escasez de suministros hizo que mantuviesen una línea defensiva desde Octubre hasta diciembre de 1914. El medio millón de bajas rusas había resultado compensado con las más de 300.000 austriacas, lo que obligaba al Imperio Austrohúngaro a una movilización masiva y a desplazar tropas del frente Serbio para poder continuar en la guerra, y a Alemania a mandar refuerzos a su aliado y a trazar planes que aliviasen su situación.

Prisioneros austriacos y alemanes
A esta necesidad se unieron dos acontecimientos fundamentales; por un lado, las presiones ejercidas tanto por los Junkers de Prusia Oriental como por el dúo al mando del 8º Ejército, Hindemburg y Ludendorff, convertidos en Héroes Nacionales; por otro lado, el desastroso plan Falkenhayn para derrotar a los británicos y ocupar los puertos del Canal, que finalizó con la sangría de Yprès, y con la caída en desgracia de Falkenhayn a ojos del Kaiser Guillermo.

Aunque lo lógico hubiese sido acometer un nuevo cambio en la dirección de la guerra, el Kaiser optó por mantener a Erich von Falkenhayn, ante la falta de alternativas razonables, aunque forzando, en cierta forma, un nuevo foco estratégico. La alternativa a Falkenhayn la suponía el dúo Hindemburg – Ludendorff, que ya expresaban su requerimiento de obtener un mando sin interferencias, próximo a una dictadura, que, de momento, el Kaiser no estaba dispuesto a aceptar.

Erich von Falkenhayn
El invierno permitió a los bandos reorganizarse. Los austrohúngaros se reforzaron con la llegada del 2º Ejército desde el Frente Serbio, y la leva le permitió reconstruir parte de las unidades perdidas, aunque a comienzos de 1915 aun se encontraba demasiado débil como para comprometerse a la ofensiva en solitario. El ejército ruso terminó su movilización general, desplegando cerca de un millón y medio de soldados en la frontera entre Prusia Oriental y Galitzia; sin embargo, la escasez de suministros de combate era notable, por lo que tampoco se planteaba ofensivas en un plazo medio.

Falkenhayn comenzó a retirar tropas del Frente Occidental al ritmo que las trincheras iban siendo finalizadas; era inútil mantener unidades en combate en áreas donde los intrincados sistemas defensivos hacían inviable la ofensiva, al menos de momento. Ordenó la formación de tres nuevos ejércitos en el Este, que comenzarían a desplegarse a comienzos de 1915 bajo el mando general del dúo Hindemburg – Ludendorff; el octavo ejército mantendría sus posiciones en el área noreste de Prusia Oriental; el nuevo Noveno Ejército ocuparía la frontera polaca frente al río Rawka; el Décimo Ejército se uniría a las ofensivas, apoyando al ejército que más éxito tuviese, desde la región de Tannemberg; y el Décimo primer Ejército colaboraría con los austrohúngaros desde el oeste de Polonia.

Las fichas estaban sobre la mesa de juego; comenzaba la partida.

MOVIMIENTOS PRELIMINARES. LAS BATALLAS DE BOLIMOW Y SEGUNDA BATALLA DE LOS LAGOS MASURIANOS:

Franz Joseph Conrad von Hotzendorff
A finales de 1914, Conrad, Jefe de Estado Mayor Austrohúngaro, presentó a su homólogo alemán, Falkenhayn, las líneas maestras de un contraataque durante 1915. El plan de ataque incluía asaltar las líneas rusas en el área de Gorlice (Polonia), buscando presionar hacia Cracovia. Sin embargo, Falkenhayn lo desestimó, primero porque pensaba mantener la presión en el oeste, pero incluso cuando cambió de parecer y puso su foco en el este, mantuvo su desestimación, ya que necesitaba darle preferencia a las maniobras previstas por el dúo Hindemburg – Ludendorff, que incluían atraer a las fuerzas rusas hacia Prusia Oriental, alejándolas de la zona de influencia austrohúngara, para destruirlas en una serie de operaciones combinadas que buscarían penetrar profundamente en territorio ruso.

El plan de Conrad quedó en un cajón, mientras que, poco a poco, se iban conformando nuevas unidades con las divisiones enviadas desde el ya estático Frente Occidental. Hindemburg y Ludendorff ocuparían el puesto de Jefes de Estado Mayor del Frente Oriental, supeditados al mando general de Falkenhayn. Su plan comenzó a ejecutarse.

Tropas rusas se dirigen al frente
El 31 de enero de 1915 se iniciaron las operaciones. La denominada “Batalla de Bolimow”, comenzó cuando el 9º Ejército Alemán atrajo al combate en la línea del río Rawka a las fuerzas del 2º Ejército ruso, comandado por el General Vladimir Smirnov. Aprovechando la escasa protección de los rusos, que apenas se habían atrincherado durante los meses previos, bombardearon la zona con una enorme cantidad de obuses, incluyendo 18.000 proyectiles con gas, aunque el ataque químico falló, al congelarse el ingrediente (era líquido). Este hecho, como ya vimos, condicionaría el uso posterior del gas, limitándolo, durante  1915 a ataques con dispensadores.

Aun habiendo fracasado el ataque químico, los proyectiles alemanes provocaron una tormenta de fuego sobre las líneas rusas. Tras el bombardeo, la infantería alemana avanzó, esperando escasa oposición. Sin embargo, su avance fue contraatacado por el grueso del 2º Ejército, once divisiones rusas con 180.000 hombres. Los alemanes se vieron obligados a pasar a la defensiva, para frenar los rabiosos contraataques rusos. La lucha se prolongó durante todo el día, sin que ningún bando sacase una ventaja sustancial, asumiendo, como sería la constante del conflicto, enormes pérdidas humanas. La artillería alemana destrozó las líneas rusas y frenó sus contraataques, infringiéndole cerca de 40.000 bajas, pero la infantería alemana sería incapaz de aprovechar las pérdidas enemigas y terminaría renunciando al avance.

Pocos días después, el 7 de febrero, cuando aun se mantenían esporádicos enfrentamientos en Polonia, Paul von Hindemburg cursó órdenes de avanzar al 8º Ejército, comandado ahora por el General Otto von Below, con el 10º Ejército del general Hermann von Heichhorn apoyando su avance desde el flanco derecho. Frente a ellos, en la región de los Lagos, atrincherado entre la nieve, se encontraba el 10º Ejército Ruso, comandado por el General Thadeus von Siever.

Seguimiento de las operaciones
Alemania había comprendido (en parte) la naturaleza del conflicto; el poder del rifle y la bayoneta había quedado sobrepasado por el enorme poder destructivo de la artillería y las ametralladoras. En una estrategia, cuyo zenit se situaría un año más tarde en Verdún (Francia), acumuló una enorme cantidad de proyectiles de artillería, a fin de realizar una preparación previa al asalto en el área de los Lagos Masurianos.

Tras un intenso bombardeo artillero, el más duro efectuado hasta la fecha, la infantería alemana avanzó, arrollando a las unidades rusas, que habían resultado tremendamente dañadas y desorganizadas por el fuego artillero alemán. El 10º Ejército Ruso era incapaz de mantenerse en línea de combate, viéndose obligado a ejecutar una retirada precipitada, con los alemanes persiguiéndoles.

Para colmo, las comunicaciones eran pésimas. Sus peticiones de auxilio fueron retrasadas, de tal suerte que no recibió refuerzos hasta pasada una semana, cuando el 12º Ejército se unió al combate. Además, el 10º Ejército Alemán avanzó por el flanco derecho del 8º Ejército, tomando por sorpresa a las unidades rusas. Entre el 18 y el 21 de febrero, el XX Cuerpo ruso fue cercado en el área del Bosque de Augustow, siendo capturado prácticamente por completo. La sangría no fue detenida hasta que la intervención del 12º Ejército ruso, comandado por el General Plehve, y la profundidad de la penetración alemana (70 km.) que impedía suministrarles correctamente, permitió al mando ruso reorganizar una línea defensiva y frenar el avance alemán. Finalizaba así la Segunda Batalla de los Lagos Masurianos, con cerca de 200.000 bajas rusas y menos de 20.000 alemanas.

Alexander von Lisingen
En la zona sur, aprovechando el éxito de la operación en Lituania y el desplazamiento de fuerzas a esa área, una unidad recién creada, el Ejército Sud, comandado por el popular General Alexander von Linsigen, lanzó una precipitada ofensiva en apoyo de los austrohúngaros, en un intento de liberar el asedio de la fortaleza de Przemysl. El ataque, escaso de preparación, fue un fracaso que ayudó a compensar los éxitos del norte, y que supuso, al no recibir a tiempo refuerzos, la caída de la fortaleza austrohúngara.

En general, el resultado final de esta primera fase de la ofensiva fue fallido; no se habían logrado los objetivos más que en Lituania, pero se había conseguido un hito que tendría influencia en el resto de la guerra, y fue el acuerdo de coordinación de operaciones entre los ejércitos de los Poderes Centrales en el Frente Oriental. El fracaso del asalto del Noveno Ejército en el Río Rawka y del Ejército Sud en Galitzia, actuando independientemente, obligó a buscar una mayor coordinación entre el Estado Mayor Alemán y el Austrohúngaro. Los resultados no tardarían en apreciarse.

OFENSIVA GORLICE – TARNOW. EL ESTE EN JUEGO:
Mapa de operaciones Gorlice-Tarnow y la Gran Retirada
La gran amenaza que suponía el saliente polaco para el Este de Alemania y, principalmente, para el despliegue austrohúngaro en los Cárpatos, tras la pérdida de Galitzia, obligaba al alto mando alemán a aceptar los planes de Conrad para un ataque combinado sobre la zona de Gorlice. Los austrohúngaros habían estado sufriendo el acoso ruso mientras se desarrollaban las batallas de finales de invierno y comienzo de primavera, que vimos anteriormente, sin que la presión aligerase aun con la fuerte penetración del 8º Ejército alemán en Lituania.

Las bajas austrohúngaras eran crecientes, y difícilmente podrían sostenerse a la defensiva durante mucho tiempo, por lo que Falkenhayn decidió tomar el rumbo de las operaciones. Aun cuando Conrad requería sólo cuatro divisiones alemanas para llevar a cabo sus planes, Falkenhayn asignó el 11º Ejército, bajo el mando del General August von Mackensen, a la operación. Durante el mes de abril las fuerzas del 11º se desplegaron entre Gorlice y Tarnow.

August von Mackensen (dcha.) con el Kaiser Guillemo (centro)
El objetivo del ataque sería amenazar a las fuerzas rusas en los Cárpatos, obligándoles a la retirada, aliviando de esa forma la presión sobre el debilitado ejército austrohúngaro. El mando general alemán fue aceptado por el ejército austriaco, que puso a disposición de von Mackensen las fuerzas del IV Ejército austriaco y unidades menores asignadas al 11º Ejército alemán. El movimiento de despliegue fue cubierto con el asalto en Yprés (Bélgica) que vimos en anteriores artículos de este blog, de tal forma que, a finales de abril, el Cuerpo de Guardias Prusianos, el X y el XI, junto con unidades austrohúngaras (VI Cuerpo), ya estaban dispuestos para iniciar el asalto. El IV Ejército Austrohúngaro se desplegaría en el flanco derecho de la línea, como fuerza de apoyo. En total, von Mackensen contaba con una masiva fuerza de 170.000 hombres y 1.000 cañones.

Revista a tropas austrohúngaras
La zona elegida para el asalto estaba guarnecida por dos divisiones del 3º Ejército Ruso, una gran formación compuesta de 18 divisiones de infantería y 5 de caballería, mandada por el General Radko-Dmitriev, con más de 200.000 hombres, pero que cubría una amplia área de Polonia, entre la frontera con la Silesia alemana y los Cárpatos húngaros. El plan alemán consistía en un asalto frontal, al corte de los que, una y otra vez, habían fracasado en el Frente Occidental. El patrón utilizado hasta ese momento en el este había sido en de ataques de envolvimiento, que redujesen las pérdidas; pero se valoró que, precedida de un fuerte apoyo artillero, al no encontrarse fortificaciones al estilo occidental, un asalto frontal destrozaría las líneas rusas.

Recreación de la batalla en el centenario. Tropas austriacas.
El 2 de mayo de 1915, al amanecer, los cañones abrieron fuego sobre las tropas rusas, arrojando cerca de medio millón de proyectiles. El bombardeo se prolongó durante cuatro horas, siendo el más violento experimentado hasta ese momento en el Frente Oriental. Las defensas rusas fueron colapsadas, así que, cuando la primera oleada de infantería alemana (las divisiones de Guardias 1ª y 2ª) avanzó, apenas encontró oposición… De hecho, descubrieron una carnicería enorme; las trincheras rusas nada tenían que ver con las occidentales, sin trincheras de comunicación para favorecer los movimientos entre ellas, los oficiales habían colocado en primera línea la práctica totalidad de sus soldados, a fin de repeler a la primera oleada enemiga; con trincheras poco profundas, los obuses despedazaron a los desdichados soldados rusos, aniquilando unidades completas. Los escasos supervivientes, aun conmocionados por el bombardeo, fueron incapaces de formar una línea de defensa efectiva. El combate se prolongó todo el día, pero al final del mismo, las Potencias Centrales se habían apoderado de la mayor parte de la primera y segunda líneas de trincheras rusas.

Tropas rusas en retirada con una ametralladora Maxim
El día 3 el avance continúo sin oposición. Cuando por fin llegaron refuerzos el día 4 de mayo, en la forma del III Cuerpo del Caúcaso, la falta de órdenes y de suministros provocó que la fuerza de 40.000 hombres fuese, superada rápidamente y capturada casi por completo. Sencillamente, en pocas horas había dejado de existir.

La penetración era tan profunda que amenazaba con derrumbar por completo en Frente ruso de los Cárpatos. Al finalizar esa semana, el día 10 de mayo, el 3º Ejército ruso había perdido cualquier capacidad combativa, dejando en manos alemanas 140.000 prisioneros y 100 cañones. La mayor parte de sus divisiones supervivientes reflejaban pérdidas entre el 80 y el 90%.

Ese mismo día 10 de mayo, el IV y VII Ejércitos Austriacos atravesaban el río San en Sanok, e iniciaban el avance hacia la fortaleza de Przemysl. Por fin se aliviaba la situación austrohúngara, y el avance en Polonia y Galitzia era relevante.

LA GRAN RETIRADA RUSA:
Gran Duque Nikolai - Jefe de la Stavka
La Stavka (Estado Mayor Ruso) veía con preocupación que el derrumbamiento del 3º Ejército ponía en serios apuros a las fuerzas mandadas por el General Brusilov en el Caúcaso. Temiendo que los ejércitos de las Potencias Centrales virasen su eje de avance en dirección sur para envolver a los rusos, el Gran Duque Nicolás ordenó la retirada. Pesaba en el ánimo del Gran Duque y su Estado Mayor el hecho de carecer prácticamente de munición de reserva para la artillería, lo que les situaba en franca desventaja, por lo que prefería sacrificar terreno, con la esperanza que las fortalezas rusas fuesen capaces de contener a los ejércitos enemigos, antes que sacrificar su ejército completo.

A primeros de junio, tras que el avance austriaco en Galitzia les llevase a la reconquista de la fortaleza de Przemysl el 3 de junio (la completa liberación de la provincia se pruduciría el 22 de junio, con la reconquista de la capital, Lemberg), el Alto Estado Mayor Alemán cambio la dirección de su avance. Mackensen, al que habían reasignado, a parte del 11º Ejército, tres cuerpos de ejército para formar el nuevo Ejército del Bug, giró su eje de avance hacia el norte, entre los ríos Vistula y Bug, con el objetivo de alcanzar la ciudadela de Brest-Litovsk.

Al mismo tiempo, desde el norte, el recién creado 12º Ejército Alemán lanzó un ataque a lo largo del Río Narew, con dirección Sureste. Falkenhayn vio la oportunidad que había estado buscando, para eliminar el grueso de los ejércitos rusos de Polonia (I, II y IV), reuniendo ambos ejércitos alemanes en Brest-Litovsk. Los peores presajios del Gran Duque Nicolás, comandante en jefe ruso, comenzaban a cumplirse.

Tropas alemanas en Varsovia el 15 de agosto de 1915
El 12º Ejército Alemán disponía de un gran apoyo artillero. Compuesto por siete divisiones de infantería y 860 cañones, atacó en la unión del 1º y 2º ejércitos rusos. Tras un terrorífico bombardeo artillero de 30 minutos, que redujo a la 11ª división siberiana, que cubría la zona, al 50% de su fuerza, la infantería alemana avanzó. A pesar de las enormes bajas y de no disponer de apenas municiones de artillería (4 disparos por cañón), los siberianos consiguieron detener el avance alemán hasta la noche, cuando finalmente, la 11ª división siberiana se desmoronó. Los alemanes penetraron por la brecha en dirección este, aislando la línea de fortalezas del Vístula, pero sin conseguir rodear a las unidades rusas que cubrían la zona y que habían recibido orden de retirarse.

Retirada rusa de Polonia
El Gran Duque Nicolás, decidió preservar su ejército, al menos parte del mismo. Por ello, ordenó a la Stavka que mantuviese abierta la línea de ferrocarril Varsovia – Bialystok – Vilna. Los ejércitos rusos II y IV consiguieron ser evacuados antes que el 12º Ejército Alemán cortase la línea férrea el 15 de agosto, al conquistar Varsovia. También consiguieron mantener abierta la línea entre Varsovia y Brest-Litovsk para ayudar a la evacuación. La fortaleza de Ivanogorod fue evacuada y destruida antes de su captura, aunque fue la excepción; las fortalezas y guarniciones (así como los almacenes de suministros y artillería) de Novo Georgievsk, a las afueras de Varsovia, fueron capturadas. El coste de evitar que los tres ejércitos rusos de Polonia fuesen capturados por los Poderes Centrales fue gigantesco, ya que se perdieron enormes cantidades de suministros, junto a más de 1.500.000 de bajas, de las cuales al menos 976.000 fueron prisioneros.

Cerca de un millón de rusos fueron hechos prisioneros
Los Poderes Centrales continuaron avanzando un mes más, aunque el objetivo estaba logrado con la caída de la línea de fortalezas del Vístula; el saliente polaco había desaparecido y Galitzia estaba en manos austohúngaras una vez más.

Estos acontecimientos, aun cuando el Gran Duque  había logrado su objetivo y la mayor parte del ejército ruso se había salvado (las enormes bajas corresponden principalmente a los ejércitos I y III, así como a las fortalezas y guarniciones polacas), comenzó a ser puesto en duda por la prensa rusa, que insinuaba que el liderazgo ejercido por el Gran Duque Nicolás Nikolovich dejaba mucho que desear. Estos comentarios iban a tener una decisiva importancia en el curso de la guerra.

El Zar con el Gran Duque Nikolai (izquierda)
El 23 de agosto, el Zar Nicolás II Romanov, en vista de los acontecimientos, con Brest-Litovsk apunto de caer (sería tomada por los alemanes el 25 de agosto, lo que supondría la eliminación definitiva del saliente polaco), iba a tomar una decisión transcendental para la resolución del futuro de Rusia y para la historia del Siglo XX. Ante la falta de confianza en la dirección de la guerra por parte de la Stavka, el Zar tomaba el mando de las operaciones militares en el Frente Occidental de Rusia.

Las críticas fueron inmediatas y furiosas. La opinión publicada esperaba que el Zar purgase el alto mando, pero no que ocupase él el Mando Supremo del Ejército ruso en occidente, lo que le ponía en una situación de preocupante exposición pública por la dirección futura de la guerra. Los intentos por hacerle cambiar de opinión fueron infructuosos. “Tsar takes command” rezaban los rotativos americanos; el Zar tomaba el mando, abriendo la puerta a una sobreexposición mediática que, en el momento en que la guerra se torció, abriría la puerta a su caída y muerte, a la revolución, a la guerra civil y al régimen que gobernaría Rusia durante los siguientes setenta años. 

jueves, 7 de mayo de 2015

ARTÍCULO XVIII. (LA PRIMERA GUERRA MODERNA). U BOOTE*. EL HUNDIMIENTO DEL LUSITANIA Y LA GUERRA SUBMARINA

*U Boote, Submarinos, es como llamó Alemania a su poderosa arma naval en la Gran Guerra. Los submarinos serían ampliamente utilizados por la mayoría de los contendientes, con mayor o menor éxito, aunque serían los alemanes los que se especializarían en su uso, creando nuevas tácticas y abriendo una nueva forma de guerra total, que harían del submarino un arma naval adaptada a una guerra moderna.



Los orígenes de los barcos sumergibles hay que buscarlos unos cuantos siglos atrás en la Historia. Ha sido una aspiración de la humanidad el conquistar las fronteras más difíciles: las profundidades marinas, las altas cumbres, los cielos y el espacio. El primer paso hacia la conquista de las profundidades marinas, pasaba por diseñar y utilizar sistemas que permitiesen al hombre mantenerse bajo el agua durante el tiempo que fuese necesario.

En época tan alejada como fue el siglo XVII, se encuentran informes fidedignos del desarrollo de un buque de remos “sumergible” en Inglaterra, atribuido a un inventor holandés llamado Cornelius J. Drebbel. Otros modelos se cree que fueron diseñados en Italia y España, siempre siguiendo un patrón común, el de buscar una campana que mantuviese el aire para los viajeros, y con un sentido vinculado a la exploración submarina.

Ictíneo II. Narciso Monturiol. 1864.
Sin embargo, la aplicación militar era obvia a ojos de todos los observadores. El primer paso que se dio para adaptar esos ingenios “sumergibles” a funciones militares, fue una evolución en los sistemas de propulsión, buscando una mayor velocidad y operatividad. En este punto, fueron los españoles los que más arriesgaron, primero con el desarrollo del submarino de vapor Ictíneo II (desarrollado por el inventor catalán Narciso Monturiol y botado en el Puerto de Barcelona en 1864), y posteriormente con el avanzado submarino Peral, de propulsión eléctrica, y construido por Isaac Peral en 1888. El submarino Peral contaba ya con un tubo lanzatorpedos, y era propulsado por hélices hasta una profundidad máxima de unos 30 metros.

Aun así, aunque estos ya eran submarinos “serios”, no fueron, ni mucho menos, los primeros en emplearse para acciones bélicas. Durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos, en 1776, David Bushnell, un visionario patriota americano, diseño el “Turtle”, un engendro submarino propulsado por hélices, que intentó hundir un buque británico en la Bahía de Nueva York, aunque fracasó en su intento.

Francia desarrolló hacia 1800 un engendro submarino, denominado “Nautilus”, que serviría de inspiración para la visionaria novela de Jules Verne, “20.000 Leguas de Viaje Submarino” (1870). El diseño sería cancelado por falta de financiación.

Pruebas de nuevos y “revolucionarios” diseños fueron realizadas en diferentes puntos del mundo, como Inglaterra o Prusia. En este último, Wilhelm Bauer diseñó un submarino para tres tripulantes, aunque no consiguió mantenerse a flote el tiempo suficiente y se hundió en la Bahía de Kiel en 1851. Aun se puede observar el ingenio en el Museo de Dresde, tras ser recuperado en 1887.

En España se inició la carrera que acabaría con el submarino Peral. Fue Cosme García Sáez quién diseñó y patentó en 1859 un ingenio para dos tripulantes, que probó en el Puerto de Barcelona, primero, y en el de Alicante, más tarde, exitosamente. Sin embargo, no obtuvo financiación y el proyecto cayó en el olvido.

Pero los ingenios que más se aproximaron al uso de los posteriores submarinos fueron, probablemente, los utilizados en el curso de la Guerra Civil Americana. La Unión utilizó el USS Alligator, un sumergible tripulado por 20 hombres, que transportaba a buzos a las proximidades de los buques enemigos para minarlos. Se perdió en una tormenta en 1863 sin haber participado en combate.

Los Confederados construyeron varios ingenios más pequeños que el “Alligator”, como el “Pioneer”, que consiguió hundir una goleta unionista con una mina durante su periodo de prácticas. Aun así no llegó a estar operativo en combate y fue hundido en 1865. El “Hunley” se diseñó para atacar a los barcos unionistas en los bloqueos a los puertos confederados. Tripulado por ocho personas, era inestable e inseguro, hundiéndose y reflotándose por dos veces antes de conseguir el éxito de hundir al USS Housatonic en Charleston en 1864, utilizando una mina. Sin embargo, se perdió definitivamente en el curso de esa misma acción.

También se probaron ingenios submarinos en el desarrollo de la Guerra de Independencia de las naciones suramericanas contra España. Diseños como el “Hipopótamo” (José Rodríguez, Ecuador), el “Flach” (Karl Flach, Chile) o el “Toro” (Federico Blume, Perú) tuvieron diferentes niveles de desarrollo, aunque la falta de interés general de las naciones impidió el avance final a producción o desarrollo.

Como antes comentamos, un nuevo paso se dio en Barcelona en 1864, cuando Narciso Monturiol probó su diseño “Ictíneo II”, un sumergible para dos tripulantes e impulsado por máquinas de vapor, capaz de sumergirse a 30 metros de profundidad. Sin embargo, la Armada Española ignoró los avances y denegó la financiación para su construcción en serie.

Sería el Imperio Ruso el que daría el primer paso en el desarrollo de una fuerza naval submarina, al encargar un pedido de sumergibles en serie, comprando 50 unidades del modelo desarrollado por el inventor polaco Stefan Drzewiecki en 1881. El Zar, interesado en este tipo de buque, compró incluso modelos de desarrollo, como los Nordenfelt ingleses, aunque no consiguieron que fuesen lo suficientemente estables para que jugasen un papel decisivo con vistas al futuro.

Submarino Peral. Isaac Peral. 1888.
Sería Isaac Peral quién conseguiría el avance definitivo con su Submarino Peral; impulsado por energía eléctrica y armado con torpedos, se botó en 1888, consiguiendo exitosamente lanzar un torpedo submarino. Limitado por su alcance, el proyecto sería cancelado en 1890, pero sería el punto de referencia para los desarrollos que verían la luz durante la Primera Guerra Mundial. Los primeros ensayos de estos modernos buques surgieron cuando el Irlandés John Philip Holland diseñó un submarino equipado con un motor de combustión para su navegación sobre el agua y un motor eléctrico para su navegación submarina. El desarrollo de mejoras como fueron el Periscopio, tubos lanzatorpedos, motores diesel, favorecieron un rápido desarrollo del modelo, permitiendo que un buen número de buques estuviese disponible en las naciones contendientes a la apertura de las hostilidades de la Primera Guerra Mundial.

FUERZAS SUBMARINAS EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL:
Muchas de las naciones contendientes entraron en la guerra con la idea de utilizar esta nueva arma. Por ejemplo, Francia tenía ya disponibles 74 buques del modelo “Agriette”, desarrollado entre 1904 y 1911.

Submarino Alemán, clase U-19
El objetivo de los submarinos fue, inicialmente, el prestar escolta a las unidades de superficie; la mayor parte de las naciones no habían desarrollado estrategias para su empleo como el arma que aparentaba y posteriormente sería, y se había pensado más como un buque de escolta indetectable, que surgía de las aguas y sorprendía con fuego de cañón a sus rivales, o que prestaba sus ojos y oídos a la búsqueda de presas para las flotas de superficie.

Además, las leyes internacionales, desarrolladas y firmadas en La Haya entre 1899 (sobre el uso de nuevas armas) y 1907 (sobre el trato a civiles y rescate en altamar), condicionaron el uso del nuevo arma, salvo en un caso concreto, el de Alemania.

Planos de diseño de un submarino modelo U-19
Alemania, junto a Gran Bretaña, fueron los primeros en desarrollar el periscopio, pensando en utilizar el submarino desde las profundidades. Alemania, donde el Kaiser había impulsado un formidable programa naval, veía que su preciosa flota de superficie era, a todas luces, inferior a la británica. Además, sus aliados austrohúngaros, aun teniendo una flota considerable, no disponían de combustible para mantenerla en batalla, por lo que no contarían con ella en el futuro conflicto.

De aquí que se impulsase un programa de mejora y desarrollo del arma submarina, acompañada de un desarrollo estratégico que buscaría la forma de hacer más daño a las flotas enemigas. Para cuando estalló la guerra, Alemania contaba con más de 100 submarinos, llegando a programar la construcción de más de 700 (aunque serían terminados sólo unos 300). La mayoría de ellos se habían desarrollado como submarinos oceánicos, con un alcance y capacidad muy relevante, contrariamente a las contrapartidas aliadas, en su mayor parte de bajo calado y alcance, y muchos monitores equipados con artillería pesada para suplir a los acorazados en bombardeo costero.

U-Boote en el puerto de Kiel
Alemania se percató que la entrada en guerra de Gran Bretaña supondría un grave problema para su comercio exterior; ante la imposibilidad de evitar el bloqueo naval, ya que la flota de superficie alemana, aun siendo una gran unidad, era muy inferior a la británica, decidió pagar a los británicos con su misma moneda, desarrollando un plan estratégico que permitía a los submarinos atacar, capturar y hundir cualquier buque de transporte que se dirigiese hacia Inglaterra, buscando ahogar de esta forma su producción, y acabar, por fin, con siglos de supremacía naval británica.

El 6 de agosto salía una partida de 10 submarinos al Mar del Norte, a fin de iniciar la caza de buques británicos, pero la salida fue un desastre; el mal tiempo había confinado a los buques británicos a sus puertos, por lo que no se consiguieron presas y dos de los submarinos se perdieron en la misión.

Sería el 5 de septiembre, cuando el Almirantazgo británico había descartado a los submarinos alemanes como rival, cuando estos conseguirían cobrarse su primera pieza; el HMS Pathfinder sería cazado por el U-21, hundiéndose en sólo 4 minutos con prácticamente toda su tripulación; sólo hubo 11 supervivientes de más de 200 tripulantes.

El primer golpe de mano importante lo asestó el submarino denominado como U-9, comandado por el Capitán Otto Weddingen. “U” era la denominación dada a los submarinos por Alemania, reducción de la palabra “U boot” o “Submarino”. El U9 fue botado el 22 de febrero de 1910, y consiguió dos importantes hitos para la historia del Arma Submarina; el primero fue cuando el 16 de julio de 1914, consiguió recargar sus tubos lanzatorpedos estando sumergido, siendo el primer submarino en hacerlo en la historia. El 22 de septiembre de 1914, patrullando el Canal de la Mancha, localizó a una escuadra  británica de protección, formada por tres cruceros acorazados en misión de patrulla; en menos de una hora, mandó a piqué con seis torpedos a los tres cruceros, los HMS Aboukir, Hogue y Cressy, muriendo 1459 marineros británicos en el proceso.

HMS Hogue, uno de los cruceros acorazados hundidos por el U9
Este acontecimiento cambió la perspectiva aliada sobre la guerra submarina, e impulsó la creación y desarrollo de armas anti-submarino, al mismo tiempo que ratificaba a Alemania en su convicción de invertir en el arma submarina.

GUERRA SUBMARINA SIN RESTRICCIONES. EL HUNDIMIENTO DEL RMS LUSITANIA:
Tripulación del U-20
Inicialmente, ambos bandos respetaron las convenciones de La Haya respecto al trato de civiles y de buques mercantes. Sin embargo, las primeras pérdidas submarinas de Alemania, causadas por mercantes armados que disparaban cuando los submarinos intentaban capturarlos, y por buques de protección que aprovechaban la vulnerabilidad de los submarinos en superficie, así como la dureza del bloqueo, impulsaron a Alemania a declarar una guerra submarina sin restricciones en un área de exclusión naval entorno a las Islas Británicas, lo que autorizaba al mando naval alemán a ordenar el ataque a cualquier buque militar, mercante, pesquero o de recreo sospechoso de llevar suministros a los puertos británicos.

Durante la guerra, los poco más de 300 submarinos alemanes darían caza a más de 2.500 buques enemigos, incluyendo en estos números buques de guerra, transportes y buques de recreo, pero excluyendo los pesqueros; una cifra significativamente alta y que, como ya hemos comentado, estuvo al borde de poner de rodillas a Inglaterra. Sin embargo, todo aquello que es realizado “sin restricción”, todo mal desencadenado masivamente, acaba teniendo su contrapeso. El comienzo de este contrapeso que impediría la victoria alemana a través del arma submarina comenzó el 7 de mayo de 1915.

El Hundimiento del RMS Lusitania:
El RMS Lusitania abandona el Puerto de New York (01/05/15)
El RMS Lusitania fue un trasatlántico de lujo diseñado por Leonard Peskett y botado el 26 de agosto de 1907 por la Cunard Line, línea de transporte marítimo británica. Fue considerado el buque más grande del mundo junto con su gemelo, el RMS Mauritania, hasta que la White Star Line botó los RMS Olympic y Titanic, en 1912.

Como tenía previsto, el día 1 de mayo de 1915 a las 11:30 h. de Nueva York, el Lusitania se hizo a la mar con destino a Liverpool, transportando 1.959 pasajeros, incluyendo 129 niños y 39 bebes. El pasaje incluía 136 pasajeros norteamericanos, varios de ellos con un cierto estatus social en la sociedad americana.

Su partida, en el que sería su último viaje, se realizaba bajo la amenaza de la reciente declaración alemana de una zona de exclusión alrededor de las islas británicas. Desde el 18 de febrero los submarinos alemanes habían incrementado su campaña contra los mercantes aliados y, aunque trataban de respetar a los buques neutrales, no estaban exentos de incidentes. En concreto, los pasajeros del Lusitania conocían la misiva que la Embajada Alemana en Washington había publicado en los diarios norteamericanos, apenas una semana antes de su partida, el 23 de Abril de 1915, y que decía:

“¡Atención! - Se recuerda a los pasajeros que tengan la intención de cruzar el Atlántico, que existe el estado de guerra entre Alemania y Gran Bretaña, y que la zona de guerra comprende las aguas adyacentes a las Islas Británicas; que las embarcaciones con bandera de Inglaterra o cualquiera de sus aliados se arriesgan a ser atacadas en tales aguas, y que los viajeros que atraviesen la zona de hostilidades en barcos de Gran Bretaña o cualquiera de sus aliados lo hacen por su cuenta y riesgo.
Embajada Imperial Alemana en Washington D.C. datado: 23 de abril de 1915”

Confiado en que, al ser un buque de recreo, serían respetados, el Capitán William Thomas Turner, veterano comandante del Lusitania, dio la orden de zarpar. Al fin y al cabo, llevaba ya 8 años transportando viajeros entre Gran Bretaña y el continente americano, incluyendo varios meses de guerra, sin incidentes importantes.
Walther Schwieger, capitán del U-20

Sin embargo, este viaje iba a ser diferente. El 30 de abril, otro buque, mucho más pequeño y belicoso, el submarino alemán U-20 del capitán Walther Schwieger, partía hacia las costas irlandesas desde el puerto de Borkum. Su objetivo, interceptar y destruir cualquier buque que intentase alcanzar las Islas Británicas.

Entre el 1 y el 6 de mayo, el U-20 ya había dado buena cuenta de tres embarcaciones en el área de Fastnet. El 7 de mayo amaneció con niebla densa, mientras el Lusitania continuaba su viaje, aproximándose ya a las aguas restringidas para encarar su entrada hacia Liverpool. De hecho, desde primera hora de la mañana comenzaron a recibirse mensajes en el puente de mando del Lusitania respecto al peligro que suponían los submarinos alemanes que estaban actuando en esa área.

A las 11:00 de la mañana se radiografío una orden desde la comandancia naval en Queenstown para que el Lusitania variase su rumbo, aproximándose más a tierra para evitar así la acción de submarinos enemigos. El Capitán Turner había completado el viaje a máxima velocidad, los 25 nudos por hora que daba el buque, a fin de garantizarse que ningún buque de guerra pudiese seguirle. Sin embargo, el día 7 de mayo había niebla, lo que le obligó a reducir su velocidad.

Lusitania en tránsito. Así lo vio Schwieger desde su periscopio
Tras varios comunicados alertando de la posición de submarinos, Turner decidió acercarse aun más hacia tierra, dirigiéndose hacia Kinsale. Justo en este punto esperaba el U-20. Por su periscopio el Capitán Schwieger observó las cuatro chimeneas del Lusitania y el enorme tamaño de la presa.

A las 14:10 Turner vira nuevamente para entrar en el Canal de San Jorge, alejándose nuevamente de la costa, lo que favoreció la aproximación final del U-20. Dos minutos después, Schwieger ordenaba disparar el único torpedo que les restaba tras su exitosa semana de campaña submarina.

Disparado a 700 m. de distancia, el torpedo impactó en el costado de estribor del gran buque, provocando un enorme pique de agua y abriendo una brecha justo bajo la línea de flotación. Además, la explosión del torpedo alcanzó las calderas del trasatlántico, causando una explosión aun mayor que inutilizó buena parte de los motores del gran buque.

El capitán Turner reaccionó rápidamente, ordenando virar hacia tierra en un intento de salvar el buque, encallándolo para evitar su hundimiento. Pero la suerte del Lusitania estaba echada. Desde el U-20, contemplaban su obra… Demasiado alejado de la costa (unas 6 millas), el Lusitania apenas pudo completar la maniobra de virado antes que la escora, que ya alcanzaba los 25º, sacase del agua las hélices, reduciendo, primero, y deteniendo más tarde, la marcha del buque, que quedó definitivamente varado.

Turner, pasados pocos minutos del impacto, y ante la imposibilidad de salvar el Lusitania, ordenó el abandono del buque, que se hundía rápidamente.


A partir de ese momento, se produjo el caos… La escora era tan pronunciada que se hacía difícil alcanzar los botes salvavidas por parte del pasaje. El pánico prende entre los pasajeros y la tripulación, y se produce una suerte de “sálvese quien pueda”, al contrario de la ordenada evacuación ocurrida tres años antes cuando el Titanic se fue a pique.

Apenas 6 botes, una octava parte de los que el trasatlántico transporta, son botados. Los pasajeros se arrojan a las frías aguas del Mar del Norte, en un intento de alejarse del buque, que se hunde inexorablemente. En sólo 18 minutos, el Lusitania desaparece bajo las heladas aguas irlandesas. En sus últimos estertores, el buque se inclinó de proa, chocando esta contra el fondo rocoso; inclinado 45º, la chimenea nº 3 estalló, provocando una densa nube de humo que ocultó el buque durante unos segundos. Cuando la nube desapareció, el Lusitania también lo había hecho para siempre.

1.198 pasajeros fueron arrastrados a las profundidades por el buque, incluyendo a 124 norteamericanos, y gran parte del pasaje infantil.  761 pasajeros se salvaron, y sólo se rescataron unos 200 cadáveres.

Conmoción Mundial y reacción norteamericana:
La reacción internacional fue unánime. Ante todo, se condenó la acción al ser considerada un acto criminal, no de guerra, perpetrado por el U-20 y el Capitán Schwieger. Especial inquina demostraron los medios y políticos aliados, quienes intentaron volcar la guerra propagandística a su favor. Aprovechando que sólo habían salvado sus vidas 11 de los 139 pasajeros norteamericanos, los británicos intentaron provocar una reacción airada del el gobierno de Woodrow Wilson, quién había prometido la neutralidad, pero al que la muerte de ciudadanos americanos no podía dejar indiferente.

Con anterioridad al ataque del U-20 sobre el Lusitania, la política americana reflejaba un elevado nivel de aislacionismo, y veía más a Gran Bretaña que a Alemania como rival comercial. De hecho, el bloqueo sobre el comercio con Alemania había provocado graves tensiones diplomáticas entre los gobiernos americano y británico durante 1914, ante la creencia americana que un bloqueo sobre las importaciones de las naciones neutrales era ilegal. Sin embargo, el hundimiento del Lusitania lo cambiaría todo.

Woodrow Wilson, Presidente de los EEUU
La prensa americana reaccionó airadamente al ataque, pero el gobierno y la opinión pública aun estaban lejos de llevar a su nación a una guerra que entendía que no era suya. Alemania ofreció una disculpa, y redujo su actividad submarina ante la amenaza americana de represalias. Woodrow Wilson se mantuvo moderado y decidió no ir más allá en sus reclamaciones, hasta que, en enero de 1917, Alemania declaró no reconocer los acuerdos previos y declaraba una Guerra Submarina Total en todo el Atlántico.

Como veremos en su momento, este asunto, junto con la conjura alemana para que México provocara un conflicto con Estados Unidos (Telegrama Zimmerman), causó que, el 6 de Abril de 1917, Estados Unidos declarase la guerra a Alemania, siendo este el punto decisivo para la posterior derrota alemana. Aunque la movilización sería muy lenta, casi dos millones de soldados americanos acabarían volcando la balanza a favor de la Entente.

Hoy en día, el Lusitania permanece hundido a unos 10 km. de la Costa Irlandesa, a 93 metros de profundidad. Su pecio es objeto de visitas de investigadores, pero se encuentra en un estado muy degradado, por lo que nunca se ha planteado un rescate en serio; eso sí, se rescató una de sus hélices, con la que se elevó un monumento en Liverpool, puerto de destino del malogrado buque, para recordar a las víctimas del ataque.

En cuanto al U-20, su historial llegó hasta 1916, momento en que un fallo mecánico le hizo encallar frente a la costa danesa, siendo hundido por su tripulación. Hasta ese momento había mandado a pique un total de 31 buques enemigos, incluido el Lusitania. Schwieger pasó a comandar el U-88, falleciendo el 5 de septiembre de 1917 con toda su tripulación, al colisionar con una mina submarina en el curso de una acción.

LA EVOLUCIÓN DEL ARMA SUBMARINA HASTA NUESTROS DÍAS:
Desde el hundimiento del Lusitania, el arma submarina alemana fue creciendo, hasta convertirse en un peligro que podía haber desequilibrado definitivamente la guerra naval de no ser por la enorme derrota de la flota de superficie alemana en la Batalla de Jutlandia.

Los submarinos aliados también tuvieron su cuota de protagonismo, especialmente con las acciones de los submarinos monitores británicos en el Mar de Marmara contra la flota y el comercio turco. Sin embargo, el rápido desarrollo de armas antisubmarinas, provocó un incremento de la mortandad de las tripulaciones y buques submarinos. El empleo de aviones de patrulla, en época tan temprana como 1916, hizo mucho más compleja la vida de los submarinos, fácilmente detectables desde el aire, al no estar preparados para ganar una profundidad suficiente, ni navegar de forma constante bajo el agua.

El periodo de entreguerras permitió una mejora en las capacidades ofensivas de los submarinos y en las armas anti submarinas. Para el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el submarino es ya un arma demoledora; capaz de permanecer en campaña durante meses, con torpedos más grandes y potentes, capaz de navegación silenciosa y de mantenerse bajo el agua por largo tiempo, los submarinos alemanes siembran el caos en las líneas de transportes y los buques de combate aliados.

Submarino de la 2.ª Guerra Mundial
El desarrollo de nuevas técnicas de combate, las “Jaurías de Lobos” (“Wolfpacks”), permite asediar y destruir agrupaciones de barcos completas. Mientras, se desarrollan técnicas más avanzadas para contrarrestarlos, incluyendo patrulleros aéreos, minas que estallan con retardo o por profundidad, y el sonar que permite detectar la actividad submarina. Se crean estrategias de Convoyes fuertemente escoltados para contrarrestar las técnicas de asalto submarino.



Durante el conflicto se desarrollan todo tipo de invenciones submarinas, desde grandes submarinos oceánicos hasta los diminutos torpedos tripulados suicidas japoneses (“Kaiten”). Son todos ellos el eslabón para la gran evolución sufrida por el sumergible una vez finalizada la guerra.

Submarino nuclear
Desde el punto de vista militar, en 1950 se comienza a utilizar la energía nuclear como propulsora de los submarinos. Estos alcanzan mayores records de permanencia en acción y profundidad, y son equipados para una nueva misión: llevar la destrucción hasta las naciones enemigas, al equiparlos con misiles de medio y corto alcance y capacidad nuclear, rol que mantienen hoy en día. La utilización de energía nuclear permite a los submarinos una navegación más silenciosa, pero no más segura; son varios los accidentes ocurridos con los reactores nucleares de los submarinos, causando importantes bajas.



En la vida civil, se han desarrollado artilugios submarinos que permiten alcanzar las fosas abisales (como el Batiscafo, inventado por el popular oceanógrafo francés Jacques Cousteau), submarinos de rescate que permiten investigar y rescatar pecios hundidos hace siglos, lo que nos ha permitido un mayor conocimiento de desastres navales, como el ocurrido con el Titanic en 1912, o con el mismo Lusitania; incluso se han creado submarinos de recreo que permiten a los turistas recorrer las profundidades marinas, una evolución esta que nos permite recordar la ironía de la Historia, ya que en cierta ocasión, hace ahora cien años, en los albores del arma submarina, un antepasado dio caza y hundió a otro buque de recreo, el Lusitania, causando uno de los acontecimientos más lamentables de la Primera Guerra Mundial.
Submarino Atlantis para excursiones sub-acuáticas en Aruba