miércoles, 23 de agosto de 2017

ARTICULO XXXIV.- ZIMMERMANN’S TELEGRAM*. LOS ESTADOS UNIDOS SE UNEN A LA ENTENTE

Postal de propaganda mostrando a las naciones de la Entente y sus aliados. Estados Unidos. 1.917.
*Bajo la presidencia del republicano Woodrow Wilson, el gigante aun dormido, que económicamente comenzaba a destacar entre las naciones mundiales, los Estados Unidos de América, había llegado al convencimiento que su neutralidad en el sangriento conflicto que se libraba en la vieja Europa, y que ya sacudía diversos rincones del planeta, le rendía mayores réditos que cualquier clase de intervención. Sin embargo, las naciones en guerra deseaban el poder industrial americano de su lado, y tanto la Entente como las Potencias Centrales movían sus propias marionetas, sus hilos ocultos que pretendían influir en la opinión pública estadounidense, así como en sus políticos y gobernantes, industriales y comerciantes, para atraerlos a su propio bando. Entre todos los movimientos estratégicos, de espionaje y contraespionaje, no hubo mayor error posible que el intento alemán por forzar una agresión mejicana sobre el sur de Estados Unidos, a fin de mantener entretenido al poder americano mientras los ejércitos del Kaiser finiquitaban a las potencias de la Entente en Europa. El plan, como veremos, sería descubierto, provocando la entrada americana en la guerra, cuando un telegrama enviado por el Ministro de Asuntos Exteriores alemán, Arthur Zimmermann, al gobierno mexicano, en el que les prometía importantes ganancias territoriales de unirse a la causa de las Potencias Centrales, fue interceptado por el Departamento de Inteligencia Británico, siendo publicado y conocido para siempre como el “Telegrama Zimmermann”. 

Veamos cómo se desarrollaron los acontecimientos.

Contenido de la Entrada:
1.       Estados Unidos, la Historia de una potencia  emergente.
2.       Estados Unidos frente al conflicto mundial. Preparación y pasos.
3.       El Telegrama Zimmermann. El gran error del Kaiser.
4.       Declaración de Guerra e intervención.


1.- ESTADOS UNIDOS, LA HISTORIA DE UNA POTENCIA EMERGENTE:
Patrick Henry (1.775) "dadme la libertad o dadme la muerte".
Cuando el 23 de marzo de 1.775, Patrick Henry realizaba su famoso discurso “Dadme la libertad o dadme la muerte”, nadie podía imaginar que Estados Unidos podía llegar a convertirse en la Potencia Mundial que es hoy en día en poco más de 150 años. Sin embargo, su caminar por los entresijos de la corta historia que los contemplan, han jalonado la misma de muerte, sangre y guerras. La que nos ocupa en la entrada de hoy, la Primera Guerra Mundial, está considerada una de las guerra americanas, pero no la única. Caminemos por esa historia brevemente, a fin de componer el lienzo que se llenaría de Barras y Estrellas.

Tras el descubrimiento de América, España, Francia e Inglaterra, principalmente, aunque también pequeñas naciones como Suecia, Holanda o Portugal, se lanzaron a la conquista de las nuevas posesiones de Ultramar. Francia e Inglaterra ocuparían la mayor parte del continente americano al norte de México, dominado por España, llevando sus conflictos continentales hasta sus colonias en América. A mediados del siglo XVIII, ambos Imperios llevaron a cabo una intensa campaña bélica para asegurar sus rutas comerciales y posesiones coloniales en el Canadá y la frontera con lo que serán los futuros Estados Unidos. Inglaterra poseía un total de trece colonias en América del norte, que eran: Carolina del Norte, Carolina del Sur, Connecticut, Delaware, Georgia, Maryland, Massachusetts, Nueva Jersey, Nueva York, Nuevo Hampshire, Pensilvania, Rhode Island y Virginia.

Línea de fuego francesa durante las luchas coloniales con
los británicos, en las que participó la milicia americana.
Las trece colonias aportaron su milicia colonial a fin de apoyar al ejército regular británico, resultando finalmente la guerra en una victoria, que llevo a Francia a renunciar a sus posesiones en América.

Los colonos, cuya milicia había sobrellevado gran parte del conflicto, sufriendo muchas bajas y perdiendo cosechas, comenzaron a solicitar a la Corona Británica un mayor grado de autogobierno, que fue rotundamente rechazado una y otra vez. Según fueron pasando los años del siglo XVIII, la situación fue tensándose, con actos de rebeldía de los colonos americanos, y sangrientas represalias británicas. Finalmente, el discurso de Patrick Henry ponía a los colonos en estado de total rebeldía, iniciándose un conflicto armado que, entre 1775 y 1783, sería conocido como la Revolución Americana. El 4 de julio de 1.776, la cámara estatal creada por las trece colonias, y reunida en Filadelfia, aprobó un manifiesto que, redactado por Thomas Jefferson bajo el título de “Declaración de Independencia”, creaba, tácitamente, los Estados Unidos de América.

George Washington, que acabaría siendo electo primer
presidente de la Unión de las colonias, y por tanto, de los
Estados Unidos, en una de las más famosas acciones del
conflicto, cruzando el río Delawere.
El consiguiente conflicto con la corona británica, degeneró en la creación del Ejército Continental americano, que, aun sufriendo algunas derrotas, conseguiría imponerse a los británicos, merced a la ayuda exterior de España y Francia. Tras la victoria de Yorktown, donde el ejército continental, liderado por el General George Washington, y apoyado por fuerzas francesas del Canadá, derrotó de forma decisiva al ejército británico, se forzó la firma del Tratado de Paz de París (3 de septiembre de 1.783) por el que la Corona Británica reconocía la independencia de sus colonias americanas, realizando importantes cesiones territoriales a Francia y España.

La batalla de Yorktown (1.781) finalizó la Guerra
de Independencia americana. En la imagen, el
Ejército Continental se prepara para el asalto.
George Washington sería elegido primer presidente de la nueva nación, en realidad una confederación de estados que, merced a la Constitución redactada y presentada al Congreso Continental el 17 de septiembre de 1.787, mantenían una suerte de independencia, sometida a un gobierno federal que era el encargado de hacer cumplir las leyes aprobadas en la nueva Constitución. Sin embargo, no sería hasta 1.812, cuando el destino de la incipiente nación comenzó a ser obvio. Durante el periodo que podríamos conocer como del “Destino Manifiesto”, frase acuñada por el periodista John L. O’Sullivan en 1.845, Estados Unidos determinó que la nación debía crecer, imponiendo su dominio sobre las posesiones europeas y la desconocida llanura existente entre el Océano Atlántico y el Pacífico. Tras derrotar nuevamente a los británicos en la guerra de 1.812, y renunciar al expansionismo hacia el norte, los americanos comenzaron una campaña por colonizar el lejano oeste y arrebatar a España y a sus vecinos mejicanos los territorios al norte del Rio Grande. Fruto de esta doctrina fueron los conflictos con México de 1.845 a 1.848, que acabó, tras el conocido sitio de la misión de El Álamo, y la derrota de las fuerzas mejicanas, con la creación de la República de Texas, y su integración en la confederación de estados americanos, así como la invasión del territorio español de La Florida (1.821). La doctrina sería adoptada y ampliada por el presidente Monroe en 1.817, bajo el concepto de “América para los americanos” e incorporada a la Constitución del país, permitiendo de esa forma la intervención del ejército americano en cualquier punto en que se considerase que sus intereses y seguridad eran amenazados.


Este periodo expansionista duró hasta que los estados comenzaron a tener problemas internos, con el tema de la esclavitud y la intención de los ricos estados del norte de imponer su modelo económico como telón de fondo. Estados Unidos estaba creciendo utilizando una cada vez más abundante inmigración europea; irlandeses, escoceses, alemanes, italianos, españoles, … emigraban a Estados Unidos, con la esperanza de ser propietarios de esas tierras ricas en oro que se prometían en el oeste. El ferrocarril comenzaba a vertebrar la nación, pero el asunto de la esclavitud amenazaba con romper la armonía reinante.

Abraham Lincoln lideró a los partidarios de la emancipación
de los hombres de color, que acabaría ocasionando el
conflicto civil entre el Norte industrial y el agrario Sur.
En 1.860, los republicanos, que dominaban las cámaras de representantes, liderados por Abraham Lincoln, lanzaron una campaña en apoyo de la idea que promulgaba la prohibición de la esclavitud en los treinta y cuatro estados que, en aquellos momentos, componían la Unión. Si la emancipación de los esclavos se llevaba a cabo, las economías agrarias de los estados más sureños, dedicados al cultivo de hortalizas y, especialmente, a la exportación de algodón a las naciones europeas, se vendrían abajo. Por tanto, cuando los candidatos republicanos fueron elegidos con el 82% de los votos, siendo nombrado presidente Lincoln, siete de los estados sureños decidieron emprender el camino por su cuenta, votando la secesión de la Unión, agrupándose en la Confederación de los Estados del Sur, negando la legalidad del gobierno federal y nombrando a sus propios representantes. El presidente saliente, James Buchanan, y el entrante, Abraham Lincoln, declararon ilegal la secesión, pero los estados del Sur se reafirmaron en la misma. Seguros del apoyo de sus clientes, las naciones europeas, y especialmente, Francia e Inglaterra, los confederados reclutaron un ejército y asaltaron el Fuerte Sumter el 12 de abril de 1.861. Así comenzaba la sangrienta Guerra Civil Americana, que se alargaría durante cinco costosos y sangrientos años.

La Guerra Civil Americana (1861-1865), también llamada de Secesión, enfrentó a los estados en un sangriento conflicto.
El poderoso norte se había industrializado rápidamente, iniciando técnicas de producción en masa, y tenía mano de obra de sobra, contando con los miles de inmigrantes que, día a día, llegaban a la Isla de Elis, en Nueva York. Sin embargo, los oficiales del ejército de la Unión eran, en muchos casos, políticos elevados al rango de general por adquisición del mismo, como el lamentable general Georges B. MacClellan. Aun cuando la potencia de las armas dio las victorias iniciales a los federales, llevándoles a las puertas de la capital de la Confederación, Atlanta, el electo presidente confederado Jefferson Davis, decidió dar un giro a la confrontación, eligiendo como General al Mando de los ejércitos de Virginia al veterano Robert E. Lee. La inteligencia de Lee, le permitió seleccionar a los más valiosos y mejores oficiales para dirigir a sus hombres. Militares profesionales, como Thomas Jackson, que será conocido como “Stonewall”, dirigirán al Ejército de Virginia a una sucesión de victorias camino del norte, preservando su pequeño y bien preparado ejército, hasta que entre el 1 y el 4 de Julio de 1.863, un error de cálculo de Lee le obligaría a presentar batalla junto a la pequeña localidad de Gettysburg. La consiguiente carnicería, la escasez de municiones de artillería y la pérdida de oficiales, obligaría al Ejército de Virginia a replegarse. Desde ese momento, una serie de sangrientas batallas, ya vestidas de modernidad, donde la artillería y los rifles marcarán el devenir de una nueva guerra que los generales europeos negarán hasta el conflicto mundial que nos ocupa. En cinco años de conflicto, que acabaran con la rendición de la Confederación y la reintegración de los estados a la Unión, perecerán más de un millón de hombres.

La Batalla de Gettysburg cambió el rumbo de la guerra.
En la imagen, el General Armistead (muerto en la acción)
encabeza el asalto del cuerpo de Pickett al centro federal,
en una de las más famosas acciones de la guerra (3 julio 1863)

Consecuencia de estos largos y duros años de conflicto, será una nación que crecerá con fuerza sobre las cenizas de la guerra; la industrialización, auspiciada por el norte de la Unión, cobrará una gran energía, y la flota y ejército americanos se desarrollarán rápidamente. Derrotada la rebelión, el gobierno americano miró nuevamente al oeste, volviendo a la doctrina del Destino Manifiesto; se establecieron rutas comerciales entre el este y el oeste, vertebrando el país con una densa red ferroviaria; se exterminó a los indígenas, ocupando sus tierras y confinándolos a reservas donde no estorbasen el progreso; se emancipó a los esclavos negros, aunque seguirían siendo ciudadanos de segunda categoría durante muchas décadas. Se crearon grandes urbes en el oeste, al estilo de Boston, Atlanta, Nueva York, Washington y Filadelfia.

Tropas americanas durante la guerra con España. Cuba 1.898
Cuando el país estuvo estabilizado internamente, el gobierno decidió proceder a aplicar la Doctrina Monroe, y establecer su lugar en el mundo, al estilo de los imperios colonialistas europeos de finales de siglo XIX. Bajo la presidencia de William McKinley, Estados Unidos inicia su primer gran conflicto contra un poder extranjero. El hundimiento, aparentemente accidental, pero atribuido al ejército español, del buque de guerra americano Maine, permite a McKinley declararle la guerra a España; según la Doctrina Monroe, que exponen como bandera, Estados Unidos tiene derecho a intervenir en las áreas que considere de su influencia, y ataca a España en Cuba y Filipinas, derrotándola rápidamente y estableciendo protectorados sobre las posesiones españolas. Estados Unidos cobra su lugar en el mundo como un poder emergente, ampliando sus miras con los movimientos colonialistas del sucesor de McKinley, asesinado en 1.901. Theodore Roosevelt buscará afianzar la posición de Estados Unidos, participando activamente de los movimientos colonialistas en África, América y Asia. Desarrollaría el comercio, construyendo el Canal de Panamá y garantizando su explotación por parte americana. Su estatus mundial quedaría reflejado al ser la parte negociadora de las condiciones de paz de la guerra ruso-japonesa de 1.905.

Theodore Roosevelt, tras impulsar el
peso internacional de Estados Unidos,
perdería su reelección con Woodrow Wilson
Estados Unidos volvería a asegurar sus fronteras, invadiendo México dos veces más en 1.914 y 1.916. El nuevo presidente Woodrow Wilson (28º presidente de los Estados Unidos), estaba decidido a mantener a los estadounidenses alejados del conflicto europeo, por lo que decidió mirar hacia el interior y asegurar sus fronteras. Ordenó al ejército americano, dirigido por el General Pershing, realizar expediciones de castigo, primero en 1.914 para ocupar Veracruz y evitar así la entrega de armas al ejército mejicano, y, posteriormente, en 1.916, persiguiendo al bandido Pancho Villa.

Sin embargo, era cuestión de tiempo que la guerra europea tocase a Estados Unidos, tiempo y ganar unas elecciones.









2.- ESTADOS UNIDOS FRENTE AL CONFLICTO MUNDIAL. PREPARACIÓN Y PASOS:

El 28º presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson.
Se vería obligado a afrontar el conflicto mundial tras el
Affaire Zimmermann.
Desde el comienzo de la guerra en Europa, en agosto de 1.914, los Estados Unidos comenzaron una lenta pero segura carrera hacia su ingreso en el conflicto, a pesar que el presidente Woodrow Wilson, elegido meses antes del estallido del mismo, aseguró la estricta neutralidad de los Estados Unidos, manteniendo a un lado su abierta antipatía por el Kaiser Guillermo (algo a lo que no eran ajenos gran parte de los líderes mundiales, para los que el emperador alemán era un auténtico problema).

Estados Unidos mantenía acuerdos de comercio con ambos contendientes, la Entente y las Potencias Centrales, por lo que el choque entre ambas inversiones era obvio y pronto se vio reflejado en los esfuerzos diplomáticos americanos. El primer enfrentamiento importante se produjo cuando el Imperio Británico decidió imponer un bloqueo naval completo a las importaciones y exportaciones alemanas, lo que originó las protestas americanas, cuyas empresas mantenían negocios con Alemania. Las protestas acabarían con garantías de mayores inversiones británicas en los negocios perjudicados, lo que derivaría en un incremento de la ayuda americana a las naciones de la Entente y, especialmente, en el Imperio Británico.

El hundimiento del RMS Lusitania por parte del submarino
U-20 alemán, el 7 de mayo de 1.915, volcó a la opinión
pública americana contra Alemania. Aun así, estaban
lejos de unirse al conflicto.
Este camino llevó a que la delegación diplomática alemana expresase su malestar a través de duras quejas diplomáticas, acudiendo también a los diarios, en un intento de manipular a la opinión pública americana. Este movimiento alemán causaría que el gobierno Wilson prohibiese las acciones comerciales con ambos bandos, intentando respetar de esta forma el Statu Quo adquirido por los Estados Unidos. Sin embargo, la ayuda siguió llegando a Reino Unido, oculta en buques de recreo y otros medios.

Cuando el Almirantazgo alemán declaró la guerra submarina sin restricciones, a comienzo de 1.915, los buques de recreo comenzaron a ser atacados. El hundimiento del RSM Lusitania, un trasatlántico británico de lujo, cerca de las costas inglesas, el 7 de mayo de 1.915, supuso un punto de inflexión en la posición americana hacia el conflicto. En el mismo, murieron 128 ciudadanos americanos, lo que suponía un atentado directo sobre los Estados Unidos.

Los submarinos del Kaiser harían una labor que sería
vista como piratería por muchos convencidos belicistas
en los Estados Unidos.
El presidente Wilson tenía próximas las elecciones presidenciales, apenas a un año y medio de distancia, y estaba afianzando su posición para renovar su cargo utilizando la neutralidad como bandera. Por tanto, en su discurso de condena estableció que “América es demasiado orgullosa para combatir”, y decidió exigir, blandiendo la amenaza de la guerra, a Alemania el final de la guerra submarina sin restricción. El Kaiser, en un acto de prudencia, decidió ordenar la finalización de estos ataques, aun cuando su alto mando clamó en contra de esta decisión. Para fortalecer su amenaza, Wilson aviso que no permitiría una violación de la ley internacional ni el uso de una guerra submarina sin restricción. El gobierno británico decidido tensar la cuerda, presionó al gobierno americano con delegaciones diplomáticas clamando justa venganza, y se reunió con los rivales de Woodrow Wilson en las futuras presidenciales, proponiendo que estos hablasen abiertamente a favor de un enfrentamiento con Alemania. El ex presidente y candidato Theodore Roosevelt, habló en sus discursos abiertamente de “piratería internacional llevada a cabo por los hunos”.

Todo era un juego para intentar atraer a la opinión pública norteamericana hacia las posiciones de neutralidad, por un lado, o intervención a favor de la Entente, por el otro. Pesarían mucho en este aspecto ciertos incidentes que se produjeron durante 1.916, como las explosiones accidentales en instalaciones en Jersey City y New Jersey, de las que se sospechaba que eran acciones de sabotaje alemán. Consecuencia de ello sería un gradual cambio de actitud de una sociedad americana, abiertamente anti militarista a comienzos de 1.914, y que comenzaba a ver con buenos ojos el detener al “huno” en 1.916.

El movimiento feminista se opuso fieramente a enviar a sus
varones al conflicto. Desfile de 1.912.
Sin embargo, la opinión pública aun no era mayoritariamente favorable a la entrada de Estados Unidos en un conflicto que estaba originando millones de muertos y mutilados. De hecho, la posición británica sobre Irlanda, incluyendo la brutal represión a que sometían al pueblo irlandés, hacía que el poderoso lobby irlandés estuviese abiertamente en contra de ayudar a los británicos; tampoco ayudaba la fortaleza del movimiento feminista, que también se posicionaba abiertamente en contra del conflicto. Algo debía pasar para unificar a la opinión pública a favor del conflicto, pero ese algo aun tardaría en llegar.

Roosevelt (Theodore) participó en la creación de un
grupo de partidarios de la preparación para la guerra.
La situación fue hábilmente manejada por Wilson, para
reducir el impacto del ex presidente.
No obstante, Estados Unidos comenzó a prepararse para el mismo en un momento tan temprano como fue mayo de 1.915. Tras el hundimiento del Lusitania, se hizo obvio para la administración Wilson que, tarde o temprano, medirían sus fuerzas con Alemania. Diversos miembros del Partido Republicano, encabezados por Theodore Roosevelt y el General Leonard Wood, iniciaron el reclutamiento de banqueros, industriales, abogados y miembros de la Jet Set americana, a fin de formar un frente fuerte de “intervencionistas”. Basaban su estrategia para una pronta preparación de Estados Unidos en varios preceptos, aunque principalmente argumentaban que la escasez de fuerzas del ejército americano (apenas 100.000 soldados regulares, que podrían aumentar hasta los 200.000 incorporando a los escasamente entrenados voluntarios de la Guardia Nacional) era un hándicap si se quería derrotar en algún momento a Alemania, cuyas fuerzas eran al menos veinte veces superiores. Además, la flota había quedado obsoleta y necesitaba de una rápida modernización. Solicitaban la implantación del servicio militar obligatorio y el reclutamiento de una fuerza de 600.000 hombres, que deberían comenzar a entrenarse para estar preparados para incorporarse rápidamente a las operaciones de la Entente en Europa.

El ejército americano apenas estaba preparado para una
guerra moderna. En la foto, el General Pershing pasa
revista a las tropas.
Sin embargo, estos movimientos se realizaron demasiado pronto para tener una gran influencia, y la opinión pública los rechazó ampliamente, especialmente cuando el bando demócrata comenzó a utilizar los ataques a la escasa instrucción de la Guardia Nacional por parte republicana, para atraer a sus teorías de neutralidad a las zonas rurales donde el cariño hacia esta fuerza de protección estaba bien enraizado. Igualmente, Wilson inició una campaña para defender la preparación de las fuerzas terrestres y navales americanas, algo que caló en la opinión pública aun siendo una mentira; nadie en el Ejército y Gobierno americanos se hacía ilusiones sobre las posibilidades del ejército americano en la demoledora guerra de trincheras del Frente Occidental. Dedicado principalmente a salvaguardar la frontera con México, apenas mantenía fuerzas suficientes para poder responder, como ocurriría en 1.914 y 1.916, a acciones hostiles por parte mejicana. Además, las tripulaciones de los nuevos buques de guerra, como los acorazados Texas y Nueva York, tenían poca experiencia en el manejo de los enormes cañones navales. La fuerza aérea era muy escasa, y carecían de tanques ni gases venenosos.

Inteligentemente, Wilson decidió, según avanzaba el tiempo y la opinión pública comenzaba a cambiar su opinión, adoptar algunas de las medidas propuestas por el bando republicano, incrementando las reservas del Banco Federal, e iniciando un programa para la intensificación de la fabricación de municiones, lo que despertaría fieras críticas desde el bando de los antibelicistas. El debate nacional estaba abierto.

Muchos materiales fundamentales para armar al ejército americano en caso de conflicto bélico, fueron adquiridos subrepticiamente por la administración americana, ocultando la operación usando a contratistas civiles. Miles de uniformes, caballos, carromatos y camiones, fueron comprados, mientras públicamente el gobierno Wilson clamaba por el mantenimiento de la neutralidad. La oposición a cualquier medida de los líderes pacifistas, Jane Addams y David Starr Jordan, sirvieron para que las clases trabajadoras y las zonas rurales mantuviesen una firme oposición a romper el estatus de neutralidad que los Estados Unidos mantenían.

Woodrow Wilson usó con inteligencia sus armas, quitando
argumentos a los partidarios de la preparación, y asegurando
así su reelección. Sólo el Telegrama Zimmermann le haría
cambiar su postura de "América es demasiado orgullosa para luchar".
Consecuencia directa de esta oposición fue el rechazo de la Cámara de Representantes, el Congreso de los Estados Unidos, al incremento del presupuesto con vistas a un futuro conflicto. Wilson actúo sustituyendo al Secretario de Estado, y nombrando como tal a Newton Baker, alcalde demócrata de Cleveland, abiertamente contrario a la teoría de la Preparación para el conflicto. Aun así, en esos años el tamaño del ejército americano se había incrementado hasta los 200.000 combatientes, lo que al menos permitiría enviar personal cualificado en caso que la guerra fuese finalmente inevitable. También se incrementó la dotación para la Guardia Nacional, algo bien recibido en general, que pasó a mantener a un total de 440.000 reservistas, lo que, técnicamente, cumplía con las expectativas de los partidarios de la preparación; sin embargo, la preparación de estos últimos era muy deficiente.

Wilson afrontaba el año decisivo para su reelección, 1.917, sin tener garantizada la misma; sus planes y apuesta por la neutralidad iban a sufrir una durísima prueba en enero de ese año. Alemania decidió reanudar la guerra submarina sin restricciones, forzando la airada respuesta americana. La situación se tensó hasta el máximo, la neutralidad pendía de un hilo, que se rompería con fuerza cuando el Caso Zimmerman vio la luz.


3.- EL TELEGRAMA ZIMMERMANN. EL GRAN ERROR DEL KAISER:

El original que llegó a la embajada
alemana en México. El Telegrama
Zimmermann.
El Kaiser estaba preocupado. Su nuevo binomio al mando de Alemania, ya que actuaban técnicamente como gobernantes y no sólo como Jefes de Estado Mayor, Paul von Hindemburg y Erich von Ludendorff, habían decidido reanudar la lucha submarina sin restricciones, como medio de romper el terrorífico bloqueo al que los británicos sometían al pueblo alemán. Alemania estaba al borde del colapso, no porque su ejército no estuviese logrando sus objetivos, que estaban cerca de cumplirse en el este, si no por que la población civil estaba sufriendo enormemente con el conflicto; la ausencia de alimentos fundamentales estaba pasando factura con una hambruna demoledora.
Por ello, el Kaiser decidió mover ficha, ordenando a su oficina de asuntos exteriores, a cuyo cargo se encontraba Arthur Zimmermann, secretario de estado para asuntos internacionales, iniciar una serie de movimientos que sirviesen para provocar la intervención del ejército mexicano, cuyo gobierno estaba abiertamente enfrentado con el americano, y que había visto su nación invadida por dos veces en los últimos años, sobre los Estados Unidos de América, lo que les obligaría a mantener su ejército alejado de la guerra europea al menos durante un año, tiempo que estimaba necesario para finalizar el conflicto a favor de Alemania.

A tal efecto, Zimmermann envió en enero de 1.917 una comunicación secreta al gobierno mexicano, proponiéndoles una alianza militar en el caso que Estados Unidos entrase en el conflicto en contra de Alemania, y garantizándoles, como pago por la ayuda, los territorios americanos de Texas, Arizona y Nuevo México.

Hindemburg tenía pensado reanudar la Guerra Submarina sin Restricción el primer día de febrero de 1.917. Por tanto, siguiendo el plan del Kaiser, el 19 de enero Zimmermann envió un telegrama codificado al embajador alemán en México, Heinrich von Eckardt. El telegrama contenía las siguientes instrucciones que Eckardt debía hacer llegar gobierno mejicano:

                “Alemania reanudará la guerra submarina sin restricciones el primero de febrero. Tenemos la tarea de mantener la neutralidad de los Estados Unidos. En el caso que esto no ocurriese, harems a México una proposición de alianza con las siguientes bases: Hacer la guerra conjuntamente, firmar la paz conjuntamente, una generosa ayuda financiera y hacerles comprender que por nuestra parte México puede reconquistar los territorios perdidos de Texas, Nuevo México y Arizona. Otros detalles corren de su cargo. Informará al Presidente de la información proporcionada de forma secreta en el momento que la entrada en guerra de los Estados Unidos de América sea cierta, y añada la sugerencia de que se podría, por su propia iniciativa, invitar a Japón a adherirse al acuerdo de forma inmediata y al mismo tiempo que mediase entre Japón y Alemania. Por favor, haga notar al Presidente que el hecho de emplear con dureza nuestros submarinos nos ofrece la posibilidad de obligar a Inglaterra a pedir la para en pocos meses.
Firmado: Zimmermann”.

Arthur Zimmermann. Ministro de Asuntos
Exteriores alemán en 1.917
La idea de forzar la entrada del México del Presidente Vetustiano Carranza en la guerra a favor de las Potencias Centrales chocaba frontalmente con la realidad. El ejército mexicano se encontraba en lamentables condiciones, mal armado e instruido, y con un tamaño diminuto comparado con el gigante del norte; de hecho, apenas había sido capaz de enfrentarse a la toma de Veracruz en 1.914, o a la acción de castigo contra Pancho Villa el año anterior. Aun cuando Alemania pudieses proporcionar ayuda financiera que llenase las mermadas arcas del Banco Central Mexicano, el equipo y armas necesarias para combatir a los Estados Unidos deberían ser adquiridos a los grandes comerciantes del cono sur, Brasil, Argentina y Chile, con los que México mantenía una espinosa relación que complicarían cualquier adquisición. Por tanto, una comisión de militares mexicanos informó de la imposibilidad de entrar en guerra al Presidente Carranza, quién haría oídos sordos a cualquier petición. De hecho, acabaría firmando un acuerdo con los Estados Unidos, el 31 de agosto de 1.917, en el cual garantizaba su neutralidad.

Para dar mayor secretismo al mensaje, Zimmermann decidió enviarlo evitando las rutas regulares, y tratando de confundir a los espías internacionales, al hablar públicamente de una transmisión a través de tres rutas. La realidad es que se usaría el cable diplomático, a través de las embajadas en Copenhague y Londres, para llegar a la embajada alemana en Washington. El telegrama sería interceptado por el servicio de espionaje británico.  Se hizo saber que este mensaje contendría material relativo a una propuesta de paz para el Presidente Wilson. Durante el paso de la transmisión por Inglaterra, esta fue interceptada por la Inteligencia Británica, siendo puesto en manos de los analistas de códigos del servicio de espionaje de la Armada británica, denominado con el nombre clave “Room 40”, para intentar descodificarlo.

Cuando Zimmermann conoció que su conexión de cable había sido suspendida, recurrió a los americanos, solicitándoles utilizar su línea de cable diplomático, lo que permitirían a condición que los mensajes no fuesen codificados. Esta situación no interesaba especialmente a los planes de Zimmermann, quién, alegando problemas de seguridad, conseguiría convencer al embajador americano en Berlín, James W. Gerard, de realizar al menos una transmisión codificada, que acabaría realizándose el 16 de enero.

El 17 de enero, el “Room 40”, encabezado por Nigel de Grey, ya había conseguido descodificar parcialmente el mensaje, usando el conocimiento de la clave alemana obtenido tras descodificar positivamente parte de los documentos cifrados capturados durante la campaña de Allenby en Mesopotamia, y usando parte del cifrado obtenido de los restos del SMS Magdebourg, hundido por los rusos. El contenido del mensaje hizo ver claramente a De Grey que su publicación podría volver a la opinión pública americana contra Alemania, si conseguían convencer a los americanos de que el telegrama era auténtico.

La noticia fue entregada a los medios por el Gabinete
Presidencial de Wilson el 28 de febrero de 1.917, provocando
la reacción airada de la opinión pública americana y,
posteriormente, la declaración de guerra a Alemania.
Hacia finales de enero, el Telegrama Zimmermann había sido completamente descodificado por los analistas del “Room 40”. El 1 de febrero, tal y como indicaba el telegrama, Alemania reiniciaba la guerra submarina sin restricciones contra el Imperio Británico, provocando la ruptura de relaciones diplomáticas con Estados Unidos el 3 de febrero de 1.917. El Telegrama Zimmermann fue puesto a disposición del Ministerio de Asuntos Exteriores británico el 5 de febrero, quién decidió esperar un tiempo para utilizarlo, mientras trabajaban la forma de explicar a sus futuros aliados como habían conseguido el telegrama y como lo habían descodificado, a fin de que la historia fuese creíble a ojos del gobierno y la opinión pública americana, creando un entramado entorno a un personaje ficticio en México que denominarían Mr. H, y que les había permitido obtener las claves. Los británicos sabían que deberían enviar a los americanos los cifrados para que los comprobasen.

El 19 de febrero de 1.917, el telegrama fue entregado a Edward Bell, secretario de la Embajada Americana en Londres. Tras un periodo de incredulidad, Bell se convenció de la autenticidad del documento y permitió su tramitación. El 20 de febrero, el documento llegaba al embajador Walter Hines Page, que se reuniría con el Ministro de Asuntos Exteriores británico, Arthur Balfour, el día 23, solicitándole el cifrado para su comprobación, tanto el original en alemán como su traducción al inglés. Page comunicó directamente con el gabinete del Presidente Wilson, enviándole urgentemente toda la documentación relevante, incluyendo los detalles que había usado Bell para verificar la autenticidad del mensaje.

El famoso cartel del "Tío Sam" que llamaría
a los jóvenes americanos al alistamiento.
Woodrow Wilson montó en cólera. El 28 de febrero su gabinete de prensa enviaba los detalles del Telegrama Zimmermann a la prensa americana, quién lo abría a la prensa mundial. Alemania, sorprendida que su maniobra secreta hubiese sido descubierta, culpó al embajador Eckardt de traición, acusándole de ser Mr. H. En Estados Unidos, los sentimientos de la opinión pública cambiaron rápidamente; abiertamente hostil a los mexicanos (habían aplaudido las acciones llevadas a cabo por el General John J. Pershing contra Veracruz, primero, y contra el bandido Pancho Villa, después) se tornaron claramente hostiles a Alemania. Ni la oposición de los lobbies irlandeses, hostiles al Imperio Británico, y que inicialmente rechazaron el telegrama, creyéndolo falso, fueron capaces de rehusar la cantidad abrumadora de pruebas sobre su autenticidad. Y cualquier duda quedó eliminada cuando el 29 de marzo de 1.917, el propio Zimmermann, en un discurso en el Reichstag, admitía su autenticidad.

Nada impedía ya al presidente Wilson romper la promesa a sus electores de neutralidad; nada podía oponerse a que los Estados Unidos se uniesen a la sangría que estaba suponiendo la Primera Guerra Mundial.


4. DECLARACIÓN DE GUERRA E INTERVENCIÓN:

El presidente Wilson no tenía otra posibilidad. Sus intentos por mantener la neutralidad americana en el conflicto europeo, que ya había degenerado en una auténtica guerra mundial, habían fracasado; o mejor dicho, los esfuerzos británicos por añadir a sus antiguas colonias a la guerra en su favor, habían fructificado. La colaboración del torpe servicio de inteligencia alemán había sido fundamental, pero el objetivo estaba logrado; Wilson estaba entre la espada y la pared, Estados Unidos tenía un Casus Belli contra Alemania y la opinión pública reclamaba su ejecución.

Las oficinas de reclutamiento vieron superadas las expectativas.
Cuatro millones de voluntarios debían ser entrenados en un
tiempo record.
En cualquier caso, Wilson no quería ejecutar esta decisión sin la aprobación completa de las cámaras, por lo que decidió tomar medidas previas, armando los mercantes y prestando escoltas contra la guerra submarina alemana. Sin embargo, los expertos marinos alemanes burlaron cualquier defensa, hundiendo en poco tiempo siete grandes mercantes con bandera americana, lo que supuso una agresión en toda regla. Por tanto, el 6 de abril de 1.917, Wilson daba un discurso ante el Congreso, solicitando la aprobación de presupuestos especiales y la instauración del estado de guerra con Alemania (no a otros miembros de la alianza de los Poderes Centrales, lo que limitaría su apoyo a Francia), siendo aprobado por amplia mayoría.

Estados Unidos, en cualquier caso, se unía a la Entente en el peor momento posible. La revolución de febrero había supuesto el ocaso del Zar en Rusia, que amenazaba con dejar la guerra si los bolcheviques alcanzaban el poder. Las ofensivas italianas habían fracasado estrepitosamente, y las ofensivas aliadas en Francia lo harían pocas semanas después, convirtiendo la primavera de 1.917 en una pesadilla para las armas de la Entente. Además, las fuerzas de la armada y ejército americano apenas sumaban 250.000 hombres, una cifra ridícula para un conflicto que consumía a los seres humanos por centenares de miles; sólo en la Ofensiva Nivelle, los aliados perderían cerca de 400.000 hombres en poco más de 4 semanas.

Por ello, se llamó rápidamente a una rápida movilización de la Guardia Nacional, y a la presentación de voluntarios que permitiesen al ejército alcanzar el medio millón de hombres.

El General John J. Pershing llega a Francia.
El dirigirá a los más de dos millones de
soldados americanos que cambiarán la faz
del conflicto.
Sin embargo, la primera guerra que debía librar el gobierno Wilson era contra la propia ineficacia de la administración americana para enfrentarse al conflicto. A pesar de haber seguido parte de las líneas de actuación de los partidarios de la “Preparación para el conflicto”, los primeros meses de guerra fueron un auténtico caos. Era necesario reorganizar la industria y el ejército desde los cimientos. Se contrataron cerca de un millón de nuevos trabajadores para las industrias armamentísticas, de alimentación y textiles, que comenzaron a producir, gradualmente, material para equipar al ejército. El proceso fue costos y plagado de problemas, hasta que, ya entrado 1.918, el sistema productivo se había vuelto extremadamente eficiente, permitiendo producir millones de toneladas municiones y comida que acabarían cambiando el rumbo del conflicto.

Se creó un departamento para el control de la comida, bajo la tutela de Herbert Hoover, quién lanzaría una masiva campaña a favor de la economía de guerra, organizando todo el sistema productivo y distributivo de alimentos en Estados Unidos. También se inició un lento programa de propaganda, en un intento de convencer a la población americana de alistarse en el ejército. El Comité de Información Pública, bajo la supervisión de George Creel, reclutó a miles de líderes comunales, importantes industriales, deportistas y políticos, que iniciaron una campaña de discursos y captación de financiación y alistamiento. Se realizaron carteles publicitarios que llamaban a la movilización, y se usó ampliamente el cinematógrafo para transmitir la angustia de los aliados y la necesidad de frenar a los alemanes.

Entrenamiento del cuerpo de Marines. Francia 1.918.
Por su parte, el ejército y la marina, poco preparados aun para desplazarse a Europa, comenzaron un proceso de rápida mejora y crecimiento. Durante 1.917, se presentaron cerca de cuatro millones de voluntarios para el servicio, que necesitaban de un amplio entrenamiento y equipamiento, pero que acabaría permitiendo que dos millones de ellos se uniesen hacia mediados de 1.918 a la guerra en Europa, permitiendo cambiar el rumbo de la misma. De hecho, el día del armisticio, el 11 de noviembre de 1.918, cerca de diez mil soldados americanos llegaban a Europa cada día. En cuanto a la flota, rápidamente envío sus modernos acorazados, que se unieron a la flota británica en la base de Scapa Flow, al norte de las islas británicas. Aunque no participarían en acciones de relevancia, el gobierno americano vería una oportunidad para modernizar su flota, construyendo nuevos y mejores buques.

A las fuerzas del ejército americano, que serían dirigidas por el general John J. Pershing, se unirían varios regimientos de marines, fuerzas de élite de la Marina, que serían las únicas unidades americanas veteranas en el primer envío de fuerzas, y que se batirían duramente en lugares que pasarían a la historia, como Château-Thierry, Belleau Wood o Séchault.

Soldado americano.
116.000 de ellos murieron en combate.
El impacto de las fuerzas estadounidenses sería decisivo para la resolución del conflicto; aun cuando apenas pudieron estar operativos en la primavera de 1.918, y en un número muy limitado, su llegada sirvió para aliviar las enormes pérdidas sufridas tras las ofensivas de 1.917 (la Ofensiva Nivelle y la devastadora ofensiva de Haig en Flandes, la denominada Tercera Batalla de Yprés o Passchendaele), así como contener las ofensivas alemanas de la Kaiserslacht, que devastaron las ya mermadas unidades aliadas. Las fuerzas americanas encabezarían buena parte de las ofensivas de pacificación realizadas en el verano y otoño de 1.918, y que conducirían, decididamente, al final del conflicto. Cuando el armisticio entró en vigor, a las 11 horas del día 11 de noviembre de 1.918, 116.000 soldados americanos habían perdido sus vidas, y otros 204.000 habían resultado heridos, un total de un 20% del total de tropas empleadas por los Estados Unidos en el conflicto. Su sacrificio permitió poner fin a la sinrazón de la Primera Guerra Mundial.

Y para Estados Unidos fue el resurgir. De las cenizas de la Primera Guerra Mundial, surgía un nuevo poder mundial.


martes, 13 de junio de 2017

ARTÍCULO XXXIII. (APOCALIPSIS). CHEMIN DES DAMES*. LA OFENSIVA NIVELLE Y LAS REVUELTAS DEL EJÉRCITO FRANCÉS

Polius franceses muestran su estandarte regimental destrozado por la metralla
*Chemin des Dames es como se conoce a parte de la carretera que une las poblaciones de Laon y Soissons, en la región francesa del Aisne. Fue bautizado como el Camino de las Damas (Chemin des Dames) hacia finales del siglo XVII, debido a que era utilizado por las Damas de Francia, Adelaida y Victoria, hijas del rey Luis XV, para llegar al castillo de la Bôve, próximo a Bouconville. Las Damas lo utilizaban por ser un camino rural, poco transitado, que las permitía visitar discretamente a la condesa Françoise de Chales, la dama de compañía de Adelaida.
Años más tarde, la región alcanzaría una siniestra historia. Primero, durante la campaña de los aliados contra Napoleón I en Francia, en 1.814, se libró una sangrienta batalla junto a la población de Craonne, en la que la victoria correspondió a los franceses frente a la coalición de prusianos y rusos.
Y cien años después, que es la parte que ocupará la siguiente entrada, se libraría una de las más feroces y sangrientas batallas de la Primera Guerra Mundial. Chemin des Dames, la meseta de Craonne, el Refugio del Dragón, se convertirán en lugares siniestros y terribles donde, como dirá la popular canción francesa “la Chanson de Craonne”: “Adiós a la vida, adiós al amor, adiós a todas las mujeres; se acabó para siempre en esta guerra infame. Es en Craonne, en la meseta, donde nos tenemos que dejar la piel, por que todos estamos condenados; nos han sacrificado.”
En pocas semanas, 187.000 franceses dejarán sus ilusiones en una de las más estériles e inútiles ofensivas de un conflicto inútil. Será la Ofensiva Nivelle; serán los Senderos de Gloria que conducirán a la muerte de miles de inocentes en Craonne. Veámoslo.

Fotograma del filme americano "Paths of Glory", "Senderos de Gloria" en español, dirigido por Stanley Kubrik e interpretado por Kirk Douglas (Coronel Dax, en la imagen).
Contenido de la Entrada:
1.       Planes ofensivos de primavera. La defensa alemana.
2.       La Ofensiva Nivelle. La masacre de Chemin des Dames.
3.       La Ofensiva Nivelle. Ataque de apoyo en Champagne.
4.       Los motines en el Ejército francés. Nos han sacrificado.
5.       Apéndices:
a.      La Chanson de Craonne.
b.      Robert Nivelle. De héroe a villano.
c.       Senderos de Gloria.

1. PLANES OFENSIVOS DE PRIMAVERA. LA DEFENSA ALEMANA:
Joseph Joffré, a la izquierda, fue nombrado Generalísimo
del ejército francés, un cargo diplomático. En la imagen con
el general americano Pershing.
Cuando Joffré apartó a Petain del mando operacional en Verdún, promocionándole a comandante del Grupo de Ejércitos Central francés, no esperaba que meses después el gobierno republicano repitiese con el mismo la jugada, relevándole del mando directo de operaciones, entregándole un cargo representativo, el de generalísimo del Ejército francés, y  nombrando para el puesto de Comandante en Jefe al hombre que el mismo había impulsado, Robert Nivelle.
Nivelle se había convertido en un héroe para los ciudadanos de la República francesa cuando, a finales de 1.916, había conseguido reconquistar la mayor parte de las posiciones perdidas durante la ofensiva alemana de Verdun, incluyendo los emblemáticos fuertes de Douaumont y Vaux. Lo que no sabía a ciencia cierta la opinión pública francesa era que las ofensivas otoñales de Nivelle habían supuesto a las maltrechas divisones francesas una auténtica sangría de hombres y material; se calculaba que unos 100.000 franceses habían causado baja en el entorno de Fort Douaumont antes de su recaptura.
Aun así, la creación de un espíritu de resistencia bajo la frase “No Pasarán”, y los éxitos sobre el terreno, habían hecho que el popular personaje fuese el elegido para retomar el pulso al conflicto, donde, tras el desastroso 1.916, aun cuando los franceses no se sentían aun derrotados, su ejército si se encontraba cansado y, física y moralmente, deshecho.
El área en conflicto. Le Chemin des Dames. Ofensiva Nivelle, 1.917
General Mangin (6.º Ejército)
Nivelle reorganizó todo el mando general del ejército francés, permitiendo a Petain mantener el mando del Grupo de Ejércitos Centro, estableciendo un nuevo Ejército de Reserva que puso bajo el mando de un hombre de su confianza, el General Micheler, sobre quién iba a recaer la tarea de atacar el Camino de las Damas, conjuntamente con los ejércitos quinto (General Mazel), sexto (General Mangin) y décimo (General Duchêne). Para la batalla que estaba planificando, que creía sería la famosa y perseguida batalla decisiva, Nivelle iba a contar con cuarenta y nueve divisiones de infantería y cinco de caballería que, apoyadas por el grueso de 5.300 cañones, atacarían todo el frente del Aisne en la primavera de 1.917.
Para apoyar su ataque diseñó dos operaciones subsidiarias; la primera, como ya vimos en una anterior entrada, contemplaba un asalto masivo británico en el Somme, aunque los movimientos defensivos alemanes obligarían al mal preparado ataque de Arras. La segunda sería una acción que, bajo el nombre posterior de la Batalla de las Colinas, avanzaría por la región de Champagne, rompiendo las líneas alemanas en una gigantesca ofensiva global, que a su vez, sería apoyada por asaltos del resto de las naciones aliadas de la Entente, desde Italia hasta Rumanía, desde Rusia hasta Salónica.
Nivelle creía firmemente que los alemanes habían sido definitivamente derrotados en Verdun, que su ejército estaba axhausto, y que era cuestión de tiempo que se desmoronase, hecho que causaría cualquier ataque que obtuviese una rotura inmediata, lo que calculaba podrían lograr como máximo cuarenta y ocho horas después del inicio de la ofensiva.
Hubert Lyautey provocó la caida del gobierno
al oponerse al Plan Ofensivo.
Cuando Nivelle presentó sus planes ofensivos al gobierno, el ministro de guerra Hubert Lyautey, apoyado por el general Petain, se opusieron firmemente, ya que creían que el plan no tenía en cuenta las lamentables condiciones en que las unidades francesas habían finalizado 1.916; consideraban cualquier acción anterior al verano como prematura y condenada al desastre, apostando por una reconstrucción de la fuerza militar francesa al amparo de una posición defensiva fuerte. Sin embargo, el decidido apoyo al plan de Douglas Haig, Comandante en Jefe británico, quién había convencido al Premier británico, David Lloyd George de las bondades del plan francés, obligó al gobierno del primer ministro Aristide Briand a apoyar el plan. Lyautey dimitió de su cargo, en protesta, provocando con ello la caída del gobierno Briand. El 20 de marzo de 1.917 tomaba posesión un nuevo gobierno republicano, bajo el mando de Alexandre Ribot.
La ofensiva Nivelle en el Aisne iba a involucrar un número masivo de hombres y artillería, con más de un millón de soldados y siete mil cañones atacando desde Reims hasta Roye, centrando el esfuerzo principal en destruir y conquistar las posiciones alemanas frente al río Aisne. Sin embargo todo el plan estaba plagado de errores, provocados por la alarmante falta de información del campo aliado; además, el espionaje alemán sabía prácticamente todo sobre la ofensiva Nivelle, de tal suerte que sus posiciones en el frente del Aisne fueron reforzadas para el mes de abril.
Previamente, y como ya vimos en una anterior entrada, los alemanes implementaron el plan de Ludendorff para retirar sus fuerzas a la línea Sigfrido (Hindemburg). La acción, bajo el nombre clave de Alberich, permitió completar una amplia retirada de cerca de 40 km, cediendo y devastando una enorme cantidad de terreno entre Soissons y St. Quentin. Este movimiento obligaría a los aliados a recomponer sus planes de forma precipitada, expuestos en su movimiento al superior reconocimiento aéreo alemán, de tal suerte que a primeros de abril, estaban alertados de los movimientos británicos en ambas orillas del río Scarpe, así como de la concentración de fuerzas francesas en el área del Aisne.
La infantería alemana estaba sobre aviso de la ofensiva y
prepararon un mar de alambradas y posiciones fuertes.
Por tanto, Ludendorff ordenó reforzar las posiciones alemanas en el Aisne, despachando nuevas escuadrillas aéreas a la zona, acelerando las construcciones pendientes y reforzando las fortificaciones existentes. Prepararon reservas de artillería suficiente, crearon pasillos que llevaban a puntos ciegos donde las fuerzas atacantes serían exterminadas, prepararon posiciones que se apoyaban entre ellas, en una densa red que convertiría cualquier rotura en una trampa mortal para los atacantes. Además, incrementó el tamaño de la reserva estratégica del frente occidental, de veintidós a cuarenta divisiones.
Tras la primera semana de abril, ambos bandos estaban dispuestos para el desafío. Sólo quedaba esperar el momento oportuno y lanzarse a la lucha.

2. LA OFENSIVA NIVELLE. MASACRE EN CHEMIN DES DAMES:
Las Ofensivas aliadas de 1.917 supusieron un grave desastre.
Con vistas a la inminente ofensiva, Nivelle decidió reorganizar su fuerza de asalto. Transfirió el primer ejército desde el Grupo de Ejércitos Norte (GEN) al de Reserva (GER), dejando al GEN extremadamente debilitado, con apenas un ejército reforzado (el tercer ejército). A fin de probar la defensa alemana, Nivelle ordenó al GEN que atacase los puestos de observación alemanes en el entorno de St. Quentin, acción que realizaría en dos fases, lanzadas entre el 1 y el 4 de abril y, posteriormente, de nuevo el 10 de abril. Con el 6º Ejército alemán enfrascado en los combates sobre la Línea Wotan, en Arras, desde el 9 de abril, esperaba obligar a sus enemigos a mover sus reservas.
Como cada ataque limitado ordenado por Nivelle, los asaltos del tercer ejército fueron masivos y sangrientos. El 2 de abril, un ataque sobre Dallon fue rechazado por los alemanes, sufriendo las divisiones francesas numerosas bajas, aunque el día 3, y tras un terrorífico bombardeo artillero, el resultado fue algo mejor. El ataque sobre un frente de trece kilómetros obtuvo algunos de los objetivos primarios; tras casi 48 horas de combate, los franceses habían ocupado buena parte de los puestos de observación alemanes en Dallon, Giffecourt y las colinas 111, 108 y 121, entorno a Urvillers. Estas conquistas exponían gravemente la posición de las fuerzas alemanas en el área de St. Quentin. El ataque francés se había realizado bajo un intenso frío, y bajo la tónica de una limitación de suministros endémica, provocada por la destrucción de las principales carreteras y medios de comunicación por parte de los alemanes, durante la retirada Alberich. Esto debería haber bastando para obligar a reflexionar la estrategia y logística para la futura ofensiva, pero Nivelle estaba obsesionado. Los escasos éxitos del tercer ejército, que incluían la conquista de parte de los suburbios de St. Quentin, bastaban para motivarle a mantener un ataque que se demostrará suicida.
Observando al enemigo. Chemin des Dames.
El 10 de abril, el GEN volvería al ataque con el objetivo de capturar Rocourt y Moulin de Tous Vents, Harly y Alaincourt, tomando así toda la tierra alta que rodeaba St. Quentin, a fin de amenazar el flanco del despliegue alemán en la ciudad. Se contaba para el asalto con el apoyo del cuarto ejército británico, pero la necesidad que tenía Haig de utilizar sus unidades en el avance en Arras imposibilitaba su participación en esta otra acción. Además, Nivelle había arrebatado al GEN gran parte de su artillería, asignando sus baterías al principal asalto que vendría días más tarde, por lo que el ataque del tercer ejército sobre St. Quentin tuvo que ser pospuesto. Al amanecer del 13 de abril, se inició la batalla, con el XIII cuerpo asaltando el ala izquierda alemana; por fortuna para los atacantes, tan sólo dos de las divisiones implicadas pudieron avanzar. Tras varias horas de combate, la 26.ª división apenas había avanzado 90 metros, mientras la 25.ª había sido incapaz de dejar sus trincheras. Las bajas eran tan cuantiosas, que el ataque tuvo que ser suspendido definitivamente.
Los británicos atacaron en Arras en apoyo de la ofensiva.
En la imagen, caballería británica en el río Scarpe.
Los inútiles y mal coordinados ataques del tercer ejército apenas tuvieron repercusión en los planes ofensivos; Nivelle tenía tan avanzado su plan que cualquier cambio suponía un trastorno enorme; ni la fortaleza de las defensas alemanas, ni los problemas logísticos iban a servir para cancelar el ataque principal, ni siquiera para retrasarlo. Además, el éxito inicial del asalto británico en Arras, que había conseguido algunos avances significativos, especialmente en la zona del Risco de Vimy, animaban al comandante en jefe francés a esperar un éxito decisivo en su próxima ofensiva.
La preparación artillera se redujo al mínimo, no sólo debido a la cortedad de suministros, si no también por la búsqueda de un factor sorpresa que no existía; los alemanes habían capturado en las inútiles acciones previas, un detallado bosquejo del plan francés para la ofensiva principal, a parte que los espías alemanes habían trabajado correctamente con los poco discretos oficiales franceses del estado mayor. Ludendorff conocía por completo los detalles del ataque, y estaba dispuesto a no dejar pasar la oportunidad de triturar el campo enemigo.
El 16 de abril, una semana después del inicio de operaciones del plan Nivelle, con el controvertido ataque británico en Arras, el día amaneció cubierto y con niebla. A las seis de la mañana, las divisiones del Quinto Ejército del general Mazel y del Sexto del general Mangin, avanzaron en descubierta en el sector del Risco de Chemin des Dames. El plan Nivelle reflejaba la utilización desde el primer momento de la técnica británica de la barrera móvil, pero dicha técnica no se había probado previamente, ni los oficiales de artillería estaban versados en su aplicación, por lo que la infantería francesa estaría gravemente expuesta al errático fuego de su propia artillería.
Terrible escena del ataque de Chemin des Dames del 16 de abril
del filme de 1.932 "All Quiet in the Western Front".
Además, la ausencia de un fuego artillero masivo previo, provocó que las ametralladoras alemanas, bien escondidas y dispuestas, triturasen las líneas de avance francesas desde el primer momento. Las bajas fueron terroríficas desde el inicio del avance; aunque Courcy, en el flanco derecho del avance, fue capturado por la 1ª Brigada de la fuerza expedicionaria rusa en Francia, el asalto francés se estancó por completo frente al Canal del Aisne-Marne. Todo el frente pareció reventar con un horrendo grito de dolor, cuando miles de soldados fueron segados como el trigo, siendo rechazado el ataque en la mayor parte de la línea. El Sexto ejército apenas consiguió avances de 800 metros, en el mejor de los casos; en el caso del Quinto, salvo en el sector de Courcy, donde avanzaron 4 km, el avance fue insignificante. Aquel 16 de abril, tras horas de intentar abrir una brecha decisiva, las fuerzas francesas se retiraban, dejando sobre el terreno más de 40.000 hombres, un fracaso parecido al horrible primer día de la ofensiva británica en el Somme del año anterior. Ni siquiera el masivo apoyo blindado permitió mejorar los éxitos; ese primer día, 150 carros (Char) Schneider resultaron destruidos frente a la decidida defensa alemana.
Los Char Saint Chamond sucumbieron por decenas ante las
sólidas defensas alemanas en la meseta de Craonne.
Ajeno a las circunstancias terribles que confrontaban sus divisiones, Nivelle insistió en mantener su plan intacto. Creyendo que el pequeño logro del Sexto Ejército provocaría que los alemanes concentrasen sus fuerzas ante las divisiones de Mangin, Nivelle ordenó al Quinto Ejército atacar hacia el noreste, a fin de explotar el éxito logrado en esa zona. Sin embargo, las perspectivas del ataque eran absolutamente irreales; las defensas alemanas se concentraron en frenar la única penetración del primer día, incrementando las bajas alarmantemente en todo el frente; la única alegría que podían presumir los jefes militares franceses la suponían los relativos éxitos del Sexto Ejército, triturado el día 16, que consiguió la retirada de la línea de defensa alemana entre Braye-Condé-Laffaux, área que cedieron para refugiarse en las mucho más sólidas posiciones de la Línea Sigfrido, que cubría entre Chemin des Dames a Laffaux, uniéndose a las defensas originales alemanas en Courtecon. El avance francés fue relativamente profundo, y permitió capturar un pequeño número de cañones y prisioneros. Sin embargo, la falta de fuerza para ampliar la rotura de los dos ejércitos implicados, provocó que, a pesar de las constantes presiones de Nivelle para mantener la ofensiva, esta no pudiese retomarse hasta el 21 de abril. Nivelle desplazó al Décimo Ejército para que atacase sobre la meseta de Chemin des Dames, justo en la unión entre los ejércitos sexto y quinto. Atacando sobre el área de Craonne, el Décimo fue diezmado. A pesar de obtener algunos pequeños éxitos, la sentencia sobre Nivelle estaba echada. El 25 de abril, con el objetivo de detener la inútil orgía de sangre en que se encontraban inmersos, el gobierno republicano cesaba de forma fulminante a Robert Nivelle como comandante en jefe, y nombraba en su lugar a Philippe Petain.
Polius esperan la orden de avanzar.
Nivelle no se tomó nada bien su destitución; sus declaraciones a los diarios de la época así lo atestiguan, afirmando la cobardía del gobierno y asegurando que con sólo veinte mil bajas más, habrían logrado su objetivo… la realidad es mucho más cruda; nueve días de sanguinaria ofensiva habían supuesto a las fuerzas francesas la demoledora cifra de 147.000 bajas, incluyendo más de 40.000 sólo durante el primer día de combate; ni con doscientas mil bajas más habrían logrado tomar la meseta y sus puntos clave, como la Guarida del Dragón o la población de Craonne.
A pesar de la terrible realidad de las bajas y de la abierta rebelión de algunas unidades, Philippe Petain decidió mantener la presión a comienzos de mayo, a fin de proteger a las unidades británicas, que se habían sacrificado en la ofensiva para solventar la papeleta a las fuerzas francesas; obtendrían escasos éxitos, capturando la meseta California en el Chemin des Dames, junto algunas pequeñas poblaciones de la zona. El 10 de mayo la ofensiva fue detenida por completo por el mando general de operaciones francés. Las pérdidas del bando aliado eran devastadoras para un periodo tan corto de tiempo. De haberse prolongado la ofensiva en el tiempo, el ejército francés habría sido completamente destruido.

3. LA OFENSIVA NIVELLE. EL ATAQUE DE DIVERSIÓN EN CHAMPAGNE Y CONSECUENCIAS DE LA OFENSIVA:
El avance fue miserable, a través de un terreno infame.
La estrategia concebida por Nivelle volcaba el grueso de la batalla en el Aisne, atacando Chemin des Dames; sin embargo, temía que Ludendorff concentrase sus divisiones de reserva contra la penetración principal, por lo que incluyó un ataque de diversión británico, que dará lugar a la batalla de Arras, como vimos en artículos previos, y otro ataque de diversión en la región de Champagne, ubicada al sur y defendida por el Grupo de Ejércitos del Centro (GEC).
Consecuencia directa sería el ataque francés al este de Reims, que llegaría a conocerse como la Batalla de las Colinas. El 17 de abril, el Cuarto Ejército francés, situado en el ala izquierda del GEC, lanzó una ofensiva limitada en la región de Champagne, atacando entre Aubérive y Reims, en un frente de 11 kilómetros. El ataque, bajo una pesada y helada lluvia que comenzaba a derretir las nieves de marzo, consiguió algunos éxitos en estas primeras fases de la operación.
Todos los asaltos franceses fracasaron, y sus avances fueron
extremadamente limitados para las bajas sufridas.
Las defensas alemanas no se encontraban preparadas para repeler un ataque, desplazadas las reservas para combatir frente a las fuerzas francesas en Chemin Des Dames, y británicas en Arras, así que la situación fue aprovechada por la infantería francesa, que al este ocupó los montículos de Cornillet y Mont Blond, defendiéndolos de los feroces contraataques alemanes durante los dos días siguientes. A su izquierda, la división marroquí fue rechazada, teniendo que contentarse con un trofeo menor, el Monte sin Nombre. La lucha se tornaria brutal según pasaban las horas, cuando los alemanes comenzaron a contragolpear toda la línea.
El Cuarto mantendría la presión, capturando en los siguientes días algunas pequeñas alturas más, como Mont Haut o Mont Cornet, aunque no consiguiría una gran penetración, como era su objetivo. Para el 5 de mayo apenas si habían capturado un frente de 2 km de profundidad, capturando 3.500 prisioneros y la exigua cantidad de 27 cañones.
La batalla finalizaría cuando un contraataque alemán tomaba el 27 de mayo el Monte de Haut, estabilizando el frente para los meses siguientes.
Las bajas fueron enormes. Los cementerios de guerra se
poblaron en pocas semanas.
Las consecuencias de la ofensiva no pudieron ser más demoledoras para el bando aliado… Los alemanes habían perdido, en el curso de las ofensivas aliadas en Arras, Champagne y Chemin des Dames unos 163.000 hombres, incluyendo cerca de 50.000 muertos y 20.000 prisioneros, con pérdidas territoriales diminutas para una ofensiva de tamaño tan gigantesco. Por su parte, los aliados habían sufrido pérdidas aterradoras; los británicos se habían dejado 160.000 hombres en Arras, incluyendo unos 60.000 muertos; los franceses en tres semanas habían sufrido 187.000 bajas totales, incluyendo casi 80.000 muertos. Incluso la unidad expedicionaria rusa en Francia sufrió más de 5.000 bajas.
La mala elección del lugar del asalto, sobre la meseta de Craonne y en el área de la fortificada línea Wotan, provocó el fracaso de las armas de la Entente, la sustitución de Nivelle como responsable, y la elección de Petain como sustituto al mando, quién ordenaría el cese de las costosas e inútiles ofensivas totales, centrándose en ataques más concentrados y limitados. Esta decisión provocaría una crítica situación para los aliados británicos, que tendría su reflejo en la desastrosa ofensiva de verano en Passchendaele, que veremos más adelante.
Pero el efecto más devastador fueron los motines que comenzaron a producirse en el bando francés. Veamoslos en detalle.

4.- LOS MOTINES EN EL EJÉRCITO FRANCÉS. NOS HAN SACRIFICADO:
Lejos quedaban los héroes del Marne.
Un millón de muertos les observaban.
En 1.917, la cifra total de bajas en el ejército francés a lo largo del conflicto era elocuente y demoledora. Desde el comienzo del mismo, cerca de 3.500.000 de franceses habían sido movilizados. Las bajas habían sido horrorosas, especialmente al comienzo de la guerra; sólo en los primeros cinco meses de batalla, 306.000 franceses murieron y un total de 850.000 causaron baja.
En la primavera de 1.917, cuando la Ofensiva Nivelle se encontraba en pleno desarrollo, las bajas harían temblar al gobierno republicano francés; de una población de veinte millones de varones franceses, cerca de un millón, en su mayoría jovenes entre los 20 y los 30 años, ya habían muerto en combate: 306.000 en 1.914, 334.000 en 1.915 (durante las inútiles ofensivas en Champagne y Artois, junto a las aventuras suicidas en los Dardanelos y Salónika); 217.000 habían perecido en la carnicería de 1.916, especialmente notable en Verdún, donde cerca de 150.000 dejaron sus vidas; y, finalmente, 1.917 ya sumaba 121.000 muertos en pocos meses. A ello había que añadir centenares de miles de prisioneros, y cerca de dos millones de heridos.
Soldados franceses de 1.917.
A Francia apenas le quedaban reemplazos útiles para cubrir tan terribles bajas; su ejército había decrecido en tamaño tras su paso por Verdún (335.000 bajas, repartidas entre la práctica totalidad de las divisiones francesas) y se limitaba a 800.000 hombres a comienzos de año, el número más bajo desde 1.914.
Robert Nivelle sabía de la debilidad de su ejército, pero confiaba ciegamente en su estrategia, concebida en lo más profundo de las teorías sobre la superioridad del Elan francés. Basándose en la experiencia británica sobre las barreras de artillería móvil, pretendió lanzar una ofensiva decisiva con los restos de su ejército. La inexperiencia francesa en el uso de las nuevas técnicas de combate, y la absurda tozudez del mando en mantener una estrategia errónea, llevó al desastre a los más de 600.000 soldados implicados en la acción, sufriendo un 10% de bajas en un solo día, y acumulando ya más de 140.000 en menos de una semana.
La alegría de los amotinados pronto sería castigada.
La moral del soldado francés, de los “poilus” que tanto sufrimiento estaban acumulando, que veían a sus compañeros despedazados, o desangrándose en sus brazos, se derrumbó. Ni el relevo del General Nivelle, responsable del último derramamiento de sangre, por el mucho más moderado Philippe Petain, sirvió para levantar la moral de los soldados que, cada vez con más intensidad, comenzaban a recibir noticias sobre los levantamientos de sus camaradas rusos, de la caída del Zar y sus generales, y de cómo las revueltas comenzaban a afectar a todos los contenidentes.
La desastrosa Ofensiva Nivelle fue completamente detenida el 25 de abril, sin haber conseguido sus objetivos principales. Por ello, Petain recibió instrucciones del gobierno para hacer lo posible por ampliar los escasos resultados, con vistas a presentar el combate en Chemin des Dames como una derrota ante la opinión pública, pero no como un desastre inútil.
Las bajas fueron tan demoledoras que la moral del ejército
rompió. Oficial identificando cadáveres.
El 3 de mayo, la 2ª división de infantería recibía órdenes de atacar nuevamente, pero los soldados se negaron a avanzar, registrando incidentes entre oficiales y tropa. El motín se propagó rápidamente por todo el frente. En la noche del 16 al 17 de mayo, algunas unidades de la 127ª división y un regimiento de la 18ª copiaban el ejemplo de los soldados de la veterana 2ª de infantería. La lista se iría incrementando en los días posteriores, con soldados de divisiones veteranas, como la 3ª o la 17ª, o más bisoñas, como la 166ª. Hacia finales de mayo, se habían producido motines también en algunas divisiones de caballería, y en otra decena de divisiones de infantería. Cerca del 5% de la tropa total con capacidad de combate en el ejército francés se levantó contra sus oficiales, negándose a cumplir las órdenes; muchos de ellos desertaron para evitar las represalias de unos mandos cada vez más insensibles e incluso ciegos a los sufrimientos de sus hombres.
Los oficiales franceses vivían ajenos a la terrible situación
de sus hombres. Trazaban planes irreales para ataques imposibles.
Buena parte de los amotinados eran combatientes veteranos, que habían pasado (y sido heridos, en muchos casos) por Verdún, y continuaron a lo largo del mes de junio. En lugares como Soissons, Villers-Cotterêts o Missy-aux-Bois, las tropas impedían la ofensiva, negándose a abandonar sus trincheras. La culminación de la rebelión de la tropa se produjo cuando el 7 de junio, dos divisiones francesas se negaron a ocupar las trincheras para relevar a dos divisiones británicas. La protesta formal de Douglas Haig, cuyas fuerzas estaban desangrándose (140.000 bajas durante la ofensiva de Arras) en los combates posteriores a la Ofensiva Nivelle, hizo que las autoridades militares francesas actuasen de forma brutal para reprimir los motines.
Ejecución de un soldado.
Un total de 49 divisiones de infantería habían sufrido algún tipo de motín, el 43% aproximadamente de la fuerza total de combate francesa. Aunque apenas 50.000 hombres fueron los amotinados, su efecto se dejó notar por el campo de batalla. Por tanto, el 8 de junio de 1.917, las autoridades militares, presionadas por el gobierno que no podía tolerar las protestas de su aliado británico, decidieron realizar una acción decisiva contra los amotinados. Se ordenó a los oficiales y suboficiales que realizasen una selección de soldados para que fuesen juzgados por traición o cobardía. Se realizaron 3.427 consejos de guerra, lo que afectaba a menos del 10% de los amotinados; de ellos, sólo serían condenados a muerte 629, llevándose a cabo 43 ejecuciones; el resto serían condenados a trabajos forzados.
Miembros del cuerpo expedicionario ruso en Francia.
Sus hombres también se sublevaron, siendo duramente
castigados.
La selección de los encausados estuvo realizada con poco rigor, encargada a oficiales que delegaban en sus suboficiales las obligaciones, lo que llevó a juzgar a soldados que no habían participado en los motines, o que se habían distinguido en los combates previos, lo que tendría un efecto adverso sobre una moral que, por otro lado, el General Petain y el Presidente de la República, Raymond Poincaré, estaban intentando levantar, con un cambio de política en el desarrollo de la campaña militar que llevaría al ejército francés a abandonar las inútiles ofensivas y centrarse en la defensiva, mientras sus oficiales de alto rango, comenzando por el propio Petain, iniciaban entre la soldadesca una política de relaciones públicas que les acercase a los mismos y cambiase la motivación de sus hombres.
Las tropas rusas en Francia también tuvieron su episodio revolucionario, cuando, en septiembre de 1.917, ante el ardor bolchevique de algunos soldados, la Primera Brigada se levantó en armas, siendo sometida por el resto de unidades leales, que los sitiaron y derrotaron tras el bombardeo de sus posiciones, matando a 8 hombres e hiriendo a otros 30. Los soldados, cerca de 10.000, fueron asignados a batallones penales y enviados al Norte de África.
Testimonio de lo pasado, el Monumento de Le Caverne du
Dragon (La Caverna del Dragón) se alza en medio del
Chemin des Dames en recuerdo de los caídos.
A fin de acabar con cualquier tentativa adicional de motín, Petain prometió a sus soldados esperar la llegada de los “tanques y soldados americanos” antes de retomar cualquier ofensiva, máxima que cumpliría, lanzando sólo pequeños ataques limitados, apoyados masivamente por artillería, que ocasionarían muy pocas bajas entre la infantería francesa. Esta promesa alarmó gravemente a las autoridades británicas, que estaban próximas a lanzar su gran ofensiva de verano en Flandes (la que sería tristemente conocida como 3ª batalla de Yprés o la Passchendaele, uno de los más amargos y brutales combates de todo el conflicto), que tomarían medidas para evitar que el ejemplo francés cundiese entre sus propios soldados. Las protestas de Haig, que esperaba el apoyo francés como el lo había prestado previamente, fueron inútiles.
Los motines cesaron, cuando el mando comprendió que no se habían producido por decisiones políticas, como había ocurrido en Rusia, o por puro pacifismo, lo que era considerado cobardía, si no por supervivencia. Los hombres conocían lo que les esperaba más allá de la tierra de nadie: la muerte o gravísimas heridas, enfrentarse al terror de las ametralladoras o la artillería; ante esa muerte segura se rebelaron. Como decía la Chanson de Craonne “Nos han sacrificado”.

5.- APÉNDICES:
5.1.- LA CHANSON DE CRAONNE:
Cuando comenzó la Ofensiva Nivelle, el espíritu combativo del soldado medio francés ya era muy bajo, como hemos visto previamente. Aun así, avanzó a buscar la muerte sin protestar. Los posteriores intentos de avance, para conseguir escasas ganancias territoriales, de cara a la galería, supusieron un sentimiento que los soldados acabarían plasmando en la forma de una canción. Basada en una tonadilla popular de las trincheras, entonada por los soldados durante la batalla de Verdún, alguien retocó sus estrofas para adaptarla a la situación real de la Ofensiva Nivelle. Para junio, durante los motines, se convertiría en un santo y seña, en una canción ritual para los que combatían. Sería remozada y adaptada nuevamente por Raymond Lefevre en 1.919 (y posteriormente en 1.937 por Henry Poulaille), pero el sentimiento seguiría inamovible. Se haría muy popular con la música de Charles Sablon, y la interpretación de Emma Liebel.
Las estrofas de la Canción de Craonne (R. Lefevre) son las que siguen:
Quand au bout d'huit jours le r'pos terminé (Cuando después de ocho días acaba el descanso)
On va reprendre les tranchées, (y volvemos a las trincheras)
Notre place est si utile (nuestro puesto es tan útil)
Que sans nous on prend la pile (que sin nosotros nos dan una paliza)
Mais c'est bien fini, on en a assez (pero ya está bien, estamos hartos)
Personne ne veut plus marcher (nadie  quiere caminar más)
Et le cœur bien gros, comm' dans un sanglot (y con gran tristeza, como en un sollozo)
On dit adieu aux civ'lots (decimos adiós a los civiles)
Même sans tambours, même sans trompettes (y sin tambores ni trompetas)
On s'en va là-haut en baissant la tête (nos vamos para allá cabizbajos)

- Refrain : (estribillo)
Adieu la vie, adieu l'amour, (Adios a la vida, asios al amor,
Adieu toutes les femmes (adiós a todas las mujeres)
C'est bien fini, c'est pour toujours (se acabo para siempre)
De cette guerre infâme (en esta guerra infame)
C'est à Craonne sur le plateau (es en Craonne en la meseta)
Qu'on doit laisser sa peau (donde tenemos que dejarnos la piel)
Car nous sommes tous condamnés (porque todos estamos condenados)
Nous sommes les sacrifiés (somos los sacrificados)

Huit jours de tranchée, huit jours de souffrance (ocho días en la trinchera, ocho días de sufrimiento)
Pourtant on a l'espérance (Y sin embargo tenemos esperanza)
Que ce soir viendra la r'lève (que esta tarde llegará el relevo)
Que nous attendons sans trêve (que esperamos sin tregua)
Soudain dans la nuit et dans le silence (de repente la noche y en silencio)
On voit quelqu'un qui s'avance (vemos a alguien que avanza)
C'est un officier de chasseurs à pied (Es un oficial de los Cazadores de a Pie)
Qui vient pour nous remplacer (que viene a reemplazarnos)
Doucement dans l'ombre sous la pluie qui tombe (dulcemente en la sombre, bajo la lluvia que cae)
Les petits chasseurs vont chercher leurs tombes (los pequeños cazadores vienen a buscar sus tumbas)

- Refrain (estribillo)
C'est malheureux d'voir sur les grands boulevards (¡que penoso ver en las grandes avenidas)
Tous ces gros qui font la foire (a todos los que están de juerga!)
Si pour eux la vie est rose (si para ellos la vida es rosa)
Pour nous c'est pas la même chose (para nosotros no es lo mismo)
Au lieu d'se cacher tous ces embusqués (en lugar de esconderse como emboscados)
F'raient mieux d'monter aux tranchées (deberían venir a las trincheras)
Pour défendre leur bien, car nous n'avons rien (para defender su patrimonio, pero nosotros no tenemos nada)
Nous autres les pauv' purotins (nosotros somos los miserables)
Tous les camarades sont enterrés là (todos los camaradas está enterrados aquí)
Pour défendr' les biens de ces messieurs là (por defender los bienes de estos señores)

- Refrain : (estribillo)
Ceux qu'ont l'pognon, ceux-là r'viendront (los que tienen dinero, que vengan aquí)
Car c'est pour eux qu'on crève (por que es por ellos por los que morimos)
Mais c'est fini, car les trouffions (pero se acabó, porque los soldaditos)
Vont tous se mettre en grève (nos vamos a poner en huelga)
Ce s'ra votre tour, messieurs les gros (entonces será vuestro turno, grandes señores)
De monter sur le plateau (de subir a la meseta)
Car si vous voulez faire la guerre (por que si queréis hacer la guerra)
Payez-la de votre peau (pagarla con vuestra piel)
Aquí tenéis varios accesos directos para ver la canción, la Chanson de Craonne, en Youtube. Disfrutadlos (de la película “Largo Domingo de Noviazgo”, la desgarradora versión de uno de los condenados: https://www.youtube.com/watch?v=3cGXo5io-uQ) (Versión realizada el 16-17 de abril durante el centenario de Chemin des Dames: https://www.youtube.com/watch?v=9Yy9mBfqWOI) (versión con la música de Charles Sablon: https://www.youtube.com/watch?v=BXnmRSb39ks)

5.2.- ROBERT NIVELLE. DE HÉROE A VILLANO:
¿Puede alguien sufrir tal transformación ante una opinión pública que, en apenas seis meses, pase a convertirse de un héroe nacional en el mayor villano de Francia? La respuesta es afirmativa, ya que el general Robert Georges Nivelle logró tan complicado reto. Conozcamos a este excéntrico personaje en mayor detalle.
Robert Nivelle nació el 15 de octubre de 1.856 en Tula, capital del departamento de Córreze, en la región central de Francia de la Nueva Aquitania. Heredó de su madre británica la religión, protestante, lo que no era bien visto por las autoridades militares francesas, a las que pertenecería más tarde, mayoritariamente católicas. Inició su servicio en el ejército en 1.878, graduándose en la Escuela Politécnica Militar, con el rango de subteniente de artillería, sirviendo en Argelia, Túnez e, incluso, China durante la rebelión Boxer (1.898-1.901).
En 1.913, cerca del inicio del conflicto, obtuvo el rango de coronel de artillería. Con ese rango dirigió algunas de las baterías de artillería que permitieron frenar el avance alemán en 1.914, especialmente durante las primeras batallas del Marne y del Aisne, siendo promocionado al rango de general de artillería en octubre de 1.914. Con ese rango dirigiría unidades de artillería durante las ofensivas de 1.915, hasta que en 1.916 su vida cambiaría.
La ofensiva alemana en Verdún, abrió una gran posibilidad de promoción para Nivelle. Tras los primeros combates, Philippe Petain fue promocionado del mando del 2º Ejército al del Grupo de Ejércitos del Centro, recayendo sobre Nivelle el mando del 2º, del que tomaría control directo el 1 de mayo de 1.916.
El carácter precavido de Petain, más interesado en disfrutar de sus aventuras extramatrimoniales (a sus 66 años se le atribuían numerosos romances, incluso con jóvenes de la jet set parisina) y en preservar las vidas de sus hombres, implantando un rígido sistema defensivo, que de obtener nuevos laureles a base de costosas ofensivas, contrastaba con el carácter eufórico y de escaso respeto por la vida humana de Nivelle. Desde la toma del mando, arrojó a su ejército a una serie de infructuosos ataques que supusieron que para mediados de junio apenas contase con un par de regimientos sin desgaste de batalla. El 23 de junio, los alemanes tomaban la villa de Fleury, amenazando con derrumbar todo el frente francés. Aquel día, Nivelle introduciría en su boletín de órdenes diario unas palabras que cambiarán su destino: Ils ne passeront pas! (No pasarán).
El ataque británico en el Somme obligó a los alemanes a detener su ofensiva, favoreciendo que el mensaje de Nivelle calase en la opinión pública y en el mando general francés, encabezado por Josef Joffré, quién, envidioso de la popularidad de Petain, decidió dar más capacidad operativa a Nivelle. Así, para el comienzo de la contraofensiva francesa, el 24 de octubre, Nivelle recibió el mando directo del operativo; recuperó a uno de los generales más controvertidos, Charles Mangin, al que Petain había apartado del mando tras el desastroso contraataque sobre Fort Douaumont de mayo, para que encabezase la ofensiva. El contragolpe de Nivelle funcionó, apoyado en el primer uso de la barrera móvil de artillería, aunque el coste humano francés fue enorme; sólo reconquistar Fort Douaumont costó cien mil bajas.
Estos éxitos ocultaron al gobierno francés la realidad; Nivelle era un sanguinario egocéntrico que buscaba exclusivamente su promoción personal, y que no tenía el más mínimo respeto por la vida humana, lo cual incluía a sus hombres, meros instrumentos para alcanzar las más elevadas cotas. Y lo ocultó hasta el punto que, para quitarse de en medio a Joffré, al que culpaban del lamentable estado del ejército francés, lo promocionaron a Generalísimo del ejército francés, un cargo meramente representativo que le llevaría a embajadas y visitas oficiales, dando la dirección de la guerra al ambicioso y decidido Robert Nivelle.
No obstante, el ministro dela guerra, Hubert Lyautey, decidió retirar a Nivelle parte del poder que Joffré tenía, dándole el mando general del frente occidental, pero apartándole del frente de Salónica.
Cuando recibió el mando, en diciembre de 1.916, Nivelle recibió también el encargo de aplicar la nueva doctrina de cortina de artillería móvil en las futuras ofensivas. Siendo un experto artillero, no había quedado prendado de esta innovación táctica, introducida por los británicos durante las fases finales de la batalla del Somme, y que había utilizado exitosamente en los asaltos de Verdún; prefería las preparaciones masivas de artillería, por lo que prestó poco interés a la mejora de los artilleros franceses en las nuevas tácticas. Su famosa frase “la artillería conquista, la infantería ocupa”, daba bien entendida su idea del conflicto.
Desde su llegada, comenzó a preparar una gran ofensiva para la primavera de 1.917, una ofensiva decisiva que, en el plazo de cuarenta y ocho horas, tumbaría a las defensas alemanas en el frente occidental. Bajo el nombre de Ofensiva Nivelle, desarrolló un basto plan que incluía el empleo de prácticamente el 75% del ejército francés, así como de tres ejércitos británicos.
Justo, las relaciones con los británicos sería uno de sus déficits más relevantes. La buena relación de Sir Douglas Haig, comandante de los ejércitos británicos en Francia, con Joffré, había llevado a un entendimiento y un trazado de planes que quedaron obsoletos nada más llegar Nivelle al mando. Nivelle acusaba a Haig de obsecarse en una postura rígida de ataque, y proponía su propia estrategia, en la que contaba con que los británicos le apoyasen. Sin embargo, los problemas revolucionarios en Rusia y la delicada situación de Italia, confirmaban a Haig en defender su idea de una gran ofensiva en verano, y no primavera. La obstinación de Nivelle obligaría al gobierno británico a intervenir, aunque al final se vería obligado a ordenar a Haig que obedeciese al general francés.
Consecuencia de la Ofensiva Nivelle fueron miles de muertos.
La retirada alemana en la Picardía vino a reforzar la posición de Haig. Las carreteras y vías férreas al frente resultaron destruidas por los alemanes, lo que obligaba a un gran esfuerzo a los hombres para abastecer el frente. Sin embargo, Nivelle seguía obstinado, y nada de lo que Haig argumentase le haría variar su plan. Fue esta misma retirada la que crearía también disensiones en el mando francés. En marzo, el general Franchet D’Esperey, comandante del Grupo de Ejércitos Norte, consultó la posibilidad de atacar a los alemanes en retirada, lo que le fue denegado al creer Nivelle que el objetivo enemigo era estorbar sus planes ofensivos.
Las dudas sobre el plan y la capacidad de Nivelle del ministro de guerra, de Petain y de otros generales, llevó al primero de ellos, Lyuatey, a dimitir, arrastrando al gabinete en pleno con el. Nivelle no iba más que dejando cadáveres, reales o metafóricos, a su paso. Ni las peticiones de Petain para concentrar el ataque en Reims, donde los alemanes no estaban tan fortificados como en el terreno elegido, el Chemin del Dames, surtieron efecto sobre el ánimo de Nivelle.
Incluso el General Micheler, comandante de los ejércitos de reserva, presentó un escrito de queja, apoyado por el ministro de la guerra en funciones, Adolphe Messimy, que llegaría a manos del nuevo Primer Ministro, Alexandre Ribot, quién reuniría al gobierno del presidente Poincare en Compiegne. De allí salió un acuerdo para permitir la Ofensiva Nivelle; como, lacónicamente, dijo el Primer Ministro Ribot “nuestras manos están límpias, es demasiado tarde para rectificar”.
Las bajas fueron enormes, lo que costó el puesto a Nivelle.
Para empeorar un mal plan, el 4 de abril, un contragolpe alemán en el Asine, capturó los planes de Nivelle, dejando al descubierto la ofensiva francesa. Como vimos más arriba, la ofensiva fue un desastre desde el primer día; aun cuando los británicos consiguieron algunos éxitos en su ofensiva en Arras, las bajas francesas se multiplicaron rápidamente en el Chemin des Dames; 40.000 el primer día, cien mil más ocho días después… Nivelle obvió las bajas, y presentó sólo las cifras positivas de prisioneros y cañones capturados, pero el gobierno estaba informado.
Todo había fallado, desde la aplicación de las técnicas de infiltración y artillería móvil, hasta el propio cálculo de las defensas enemigas; todo el plan estaba basado en conceptos erróneos, y las consecuencias estaban siendo graves; en una semana, el 10% del ejército francés se había evaporado. A finales de mes, la cifra casi llegaba al 20%. Nivelle clamaba por que le permitiesen un asalto más, pero el gobierno francés no estaba dispuesto; las tropas estaban al borde de la revuelta, hartas del desprecio por la vida humana de sus comandantes, por lo que el 25 de abril, el gobierno arrebataba el mando operacional a Nivelle y el 29 se lo entregaba a Petain.
Apartado del mando, clamó contra el gobierno y contra Petain. En publicaciones en diarios franceses, aseguraba que 20.000 bajas más les habrían dado la victoria; sin embargo, la Ofensiva Nivelle fue suspendida el 9 de mayo, registrando las tropas involucradas 187.000 bajas. El estallido de las primeras revueltas en el ejército francés serían atribuidas también al errático liderazgo de Nivelle, que sería alejado de la Metrópoli, y enviado como Comandante en Jefe al Norte de África.
Al final de la guerra sería premiado con la Legión de Honor, y, tras su fallecimiento en 1.924, enterrado en Les Invalides de París, como un héroe nacional; sin embargo, los hombres que dejaron su sangre en el frente sólo veían en el a un villano.
5.3.- SENDEROS DE GLORIA (PATHS OF GLORY):
Cuando Humphrey Cobb entregó la novela que llevaba años escribiendo, a su editor, no tenía aun nombre para ella. El editor reflexionó, pensó diferentes opciones con nombres pegadizos y que encajasen en el tema tratado, y, finalmente, encontró su objetivo en la novena estrofa del poema escrito por Thomas Grey en 1.751, conocido como “Elegía escrita en un cementerio del país”. Decía dicha estrofa:
El Orgullo de la Heráldica, la Pompa del Poder,
Y toda esa belleza, toda esa riqueza que se nos dio,
Aguarda igual la hora,
Los Senderos de Gloria conducen a la Tumba.
La novela sería publicada bajo el título “Paths of Glory (Senderos de Gloria)” en 1.934, obteniendo un éxito limitado, hasta que cayó en manos del director de cine Stanley Kubrik, que vería un filón en la historia que narraba, comprando los derechos a Cobb para adaptarla a un guión que, bajo el título de “Paths of Glory”, vería la luz en 1.957.
Aunque la historia que se narra discurre en 1.916, sus similitudes con los personajes y situaciones de la Ofensiva Nivelle son enormes. La historia está basada en la desventura real de cuatro soldados franceses que fueron injustamente ejecutados en 1.915, tras la imposibilidad de cumplir las órdenes del general Géraud Réveilhac en el curso de los combates en Artois.
La película sería dirigida por Stanley Kubrik y protagonizada por Kirk Douglas, y estrenada el 1 de noviembre de 1.957 en Munich.
La película narra las desventuras de los soldados del 701º Regimiento francés, dirigidos por el Coronel Dax (Kirk Douglas), obligados a lanzar un ataque sobre la Colina de las Hormigas (que tiene ciertas similitudes con el Refugio del Dragón, el Dragon’s Lair, una posición fuerte en Chemin des Dames, al noreste de Craonne), una posición fortificada alemana, que el General Mireau (George Macready) había preparado para contentar sus ansias de promoción personal y las de su jefe superior, el General Georges Broulard (Adolphe Menjou). El desastre que supone la acción, durante la cual las bajas son altísimas y varios batallones no pueden ni abandonar sus trincheras, Mireau ordena a la artillería bombardear sus propias posiciones, acusando de traición a sus hombres, que van a hacer fracasar su plan.
Stanley Kubrik durante la grabación de Paths of Glory
La negativa del jefe de la batería, el Capitán Rosseau (John Stein) a realizar tal acción, dara lugar a un juego de venganzas, en las que Mireau ordenará una corte militar sobre tres hombres escogidos, supuestamente al azar, de entre los compañías que llevaron a cabo la acción. Serán el soldado Ferol (Timothy Carey) elegido por ser un indeseable, según su oficial superior; el Cabo Paris (Ralph Meeker) escogido por su teniente, llamado Roget (Wayne Morris), para callarle sobre el supuesto asesinato de unos exploradores en una acción anterior. Finalmente, el trío es cerrado con el soldado Arnaud (Joe Turkel), escogido al azar, dándose el caso que es un veterano muy condecorado.
Dax y Mireau charlan sobre el proceso.
El Coronel Dax en persona hará de abogado defensor, aunque la suerte de los hombres ya está echada; la condena a muerte es una cuestión de tiempo, ya que ningún argumento de la defensa es admitido. Dax, desesperado, recurrirá al General Broulard, demostrándole el incidente entre el General Mireau y el Capitán Rosseau, y alegando que Mireau está fuera de si y quiere venganza. Broulard no detendrá las ejecuciones, que se realizarán al día siguiente, incluyendo al soldado Arnaud, que se rompió el cráneo tras un altercado en la prisión.
Dax, que conoce el secreto guardado por el teniente Roger, le obliga a dirigir el pelotón de fusilamento. Los tres hombres son fusilados.
Tras la ejecución, Broulard reúne a Mireau y Dax, dando a conocer la investigación pendiente sobre Mireau por su incidente con la artillería, y obligando a este a abandonar el mando, que ofrece a Dax, quién espeta su desprecio por los jerifaltes con los que se ha reunido, refiriéndose a Broulard como “un viejo degenerado y sádico”.
El 701º se divierte antes de volver al frente.
La respuesta de Broulard es enviar al 701º Regimiento de nuevo a primera línea. La escena final muestra a los hombres del regimiento llorando al escuchar cantar a una prisionera alemana (interpretada por la futura mujer de Kubrik, Christiane Harlan).
La película se convertiría en una auténtica elegia antibelicista, con un enorme éxito de crítica. Muchos vieron a personajes históricos representados en los personajes de la película… El parecido físico entre el General Brouard y Robert Nivelle no es casual, igual que la conducta existente entre el General Mireau y Charles Mangin. La crítica hacia el estamento militar francés es evidente, y los carniceros de Chemin des Dames no escapan a esa crítica. De hecho, se creó una gran controversia a nivel mundial; en Francia las críticas desde el ejército francés hacia la película fueron feroces, y de hecho, no pudo ser estrenada hasta 1.975, debido a las presiones del gobierno republicano sobre la productora, United Artists. En Alemania, tras su estreno, tuvo que ser retirada durante un par de años, ante las protestas francesas.
Mireau (izquierda) y Broulard (derecha)
En España, la censura franquista impidió su estreno, ante lo que consideraba una feroz crítica al estamento militar que gobernaba el país. La película no pudo ser estrenada hasta 1.986, con la Democracia española bien asentada.
También Suiza vetó el estreno por motivos similares, no pudiendo ser visualizada por el público suizo hasta 1.970. Además, el ejército americano no permitió su exhibición en las bases militares en Europa, para evitar conflictos con sus socios europeos.
Todos estos problemas no fueron obstáculo para que la película estuviese nominada a mejor film en los Premios BAFTA, aunque perdió ante otro film bélico, “El Puente sobre el Río Kwai”.
Podéis ver la película en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=LUThnKRpTXg

Espero que la disfrutéis.