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Preludio al Apocalipsis - Muerte en Verdún |
Nadie
podía esperarse un horror semejante; ni Falkenhayn, ni el Könprinz, ni el
mismísimo Kaiser Guillermo, sabían a que iban a enfrentarse cuando decidieron
abrir la caja de Pandora en Verdun. La Operación Geritch (Juicio o Lugar de
Ejecución) fue diseñada como un medio de romper el empate técnico en que se
encontraban los ejércitos enfrentados en el Frente Occidental, utilizando, por
primera vez en la Historia, todo el potencial industrial de Alemania para
sepultar al enemigo, permitiendo una cómoda y fácil victoria.
Sin
embargo, Falkenhayn desató el Apocalipsis, abrió las puertas del infierno y dio
a conocer un nuevo concepto de guerra, tan innovador como inútil, que llevaría
a los hombres a una suerte de locura colectiva en la que el objetivo sería,
única y exclusivamente, la aniquilación total del enemigo.
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Mapa con las operaciones a lo largo de la batalla. El artículo trata las fases 3ª y 4ª alemanas y el contraataque francés. |
La
Operación Geritch, como recordaréis los que leísteis la anterior entrada sobre
la primera parte de la Batalla de Verdun, se inició el 21 de febrero de 1.916,
con un demoledor bombardeo artillero; durante diez horas seguidas, 1.300 piezas
de artillería dispararon sin cesar más de un millón de proyectiles, sobre un
frente de apenas 20 km de extensión… Un proyectil cada cinco metros cuadrados;
nada podría sobrevivir. Pero el caso es que los franceses sobre los que cayó la
lluvia de muerte desencadenada por la artillería alemana, sobrevivieron; la
inmensa mayoría desaparecieron para siempre de la faz de la tierra, pero tropas
como los cazadores del Coronel Driant, en el Bois des Caures, aguantaron el
tipo, frenando el impacto inicial de los atacantes y rompiendo su estrategia.
De los hombres de Driant, apenas sobreviviría una cuarta parte, muchos heridos
graves y mutilados, los primeros de un enorme número de héroes anónimos que
dejarán sus esperanzas y vidas sobre el más cruel terreno de batalla de la
Historia.
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Tropas bávaras atacan Fort Douaumont en febrero 1.916 |
A modo
de resumen, antes de meternos en analizar la batalla desde donde la dejamos en
nuestra anterior entrada, recordaremos que durante el mes de febrero, el
ejército alemán, a costa de cuantiosas bajas, consiguió avanzar a lo largo de
la orilla oriental del río Mosa; entre sus conquistas, la más brillante fue el
emblema del sistema defensivo de Verdun, el Fuerte de Douaumont, que apenas le supuso
la pérdida de un centenar de hombres, y que, como veremos, a los franceses les
costaría perder mil veces más su recuperación. El avance alemán iba muy lento,
no obstante, obstaculizado por el constante bombardeo de la artillería francesa
ubicada en la orilla occidental del Mosa.
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General Philippe Petain. Con 60 años fue elegido para mandar
el sector. Vividor, mujeriego y muy querido por sus subordinados
consiguió aunar las voluntades para crear un espíritu de resistencia
que permitiría al ejército francés aguantar en los peores momentos
de la Batalla de Verdún. |
Por
tanto, el Könprinz ordenó a sus generales cambiar de estrategia, avanzando en
masa contra las colinas de la orilla occidental. El ataque alemán sorprendió a
los franceses, masacrados en las alturas de las colinas 304 y Le-Mort-Homme,
pero como en otras ocasiones, la batalla se estancó, y los refuerzos franceses
contuvieron la marea, forzando a los alemanes a atrincherarse. Las bajas eran gigantescas
en ambos bandos; los franceses, desmoralizados, estuvieron a punto de venirse
abajo, pero la llegada de un nuevo comandante al sector, en la figura del
apreciado general Philippe Petain, y su idea de hacer que todo soldado francés
pasase por el frente de Verdun, en un sistema cíclico de reemplazos que
permitió crear un sentimiento de sacrificio entorno al viaje por la Vié Sacrée
que llevaba al campo de batalla, les permitió mantenerse en pie, creando un
vínculo entre los soldados que les permitiría soportar los momentos más
críticos, que estaban aun por llegar.
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Rendición del fuerte de Vaux. 7 de Junio de 1.916. |
La
batalla se volvió desgaste total a partir de abril, con toneladas de acero
cayendo sobre las cabezas de los hombres. Los franceses se negaban a ceder un
metro de terreno sin hacer pagar a los alemanes un coste humano descomunal,
pero acababan cediendo ante la dimensión de la tarea encomendada. Para mayo,
los alemanes recibieron una gran cantidad de refuerzos, y renovaron el ataque,
con una gigantesca ofensiva en todo el frente. Los hombres caían por millares
cada día, en medio de sufrimientos inhumanos e injustificables. En junio, tras
padecer un infierno inimaginable, el Fuerte de Vaux se rendía, abriendo una
gran brecha en las líneas francesas y provocando el pánico entre la tropa. Todo
indicaba que Verdun acabaría cediendo, cuando los alemanes avanzaban hacia la
población de Fleury, donde no quedaría piedra sobre piedra.
Era la
parte final de la tercera fase de la ofensiva alemana. El cuatro de junio,
Brusilov desencadenaba su ofensiva en el este, provocando la retirada de
refuerzos alemanes del frente de Verdun. El veinticuatro de junio los cañones
británicos cubrían de acero el Somme, preparando la ofensiva aliada en la
Picardía. Para entonces, 200.000 alemanes y 185.000 franceses habían caído en
el infierno de Verdun. Restaba el Apocalipsis.
Contenido de la Entrada:
1.
La Tercera Fase. Parte final. El primer asalto a Fleury y
Fuerte Souville.
2.
La Cuarta fase ofensiva alemana. La Batalla por Fuerte
Souville y Fleury-Devant-Douaumont.
3.
La reconquista. La primera batalla ofensiva francesa en
Verdun.
4.
El final. La segunda batalla ofensiva francesa en Verdún.
5.
Consecuencias de la batalla de Verdun.
6.
Apéndices II.
a.
No Woman’s Land. Nicole Gerard-Mangin.
b.
El Señor Diputado. Emilie Driant.
c.
El viajero de la Historia. El campo de batalla hoy.
LA TERCERA FASE. PARTE
FINAL. EL PRIMER ASALTO A FLEURY Y FUERTE SOUVILLE:
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Poilus franceses se refugian del bombardeo. |
El
horror había alcanzado sus cotas más elevadas y obscenas durante el mes de
junio de 1.916. El espantoso combate que confrontaban los soldados de ambos
bandos, con millones de proyectiles surcando el cielo y pulverizando la tierra,
hacía absolutamente insoportable la existencia; nunca se habían producido
tantos casos de suicidio en las trincheras, y sobre todo, de locura, que
obligaba a retirar cientos de hombres a retaguardia, hombres que jamás
volverían a ser los mismos.
El
miércoles 21 de junio de 1.916, el mismo día que se cumplían los primeros cinco
meses de combates, tres de los cuerpos de infantería del ejército dirigido por
el heredero al trono alemán, 60.000 hombres, retomaron los combates, en
preparación de la gran ofensiva de finales de junio, que debería comenzar el
día 23. Como siempre, el ataque vino precedido de un voluminoso bombardeo
preliminar, que no consiguió eliminar las defensas francesas; aun cuando en
algunos puntos hubo rendición de los supervivientes, en la mayor parte del
frente atacado, los franceses aguantaron la tormenta de fuego y esperaron a la
infantería alemana con sus ametralladoras preparadas. El ataque fracasó
prácticamente por completo, consiguiendo tan sólo algunos poco consistentes éxitos
entre los fuertes de Vaux y Tavannes.
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Restos de un soldado alemán en Fleury-Devants-Douaumont |
Al día
siguiente, hizo su debut un nuevo tipo de arma, la fosfina, fosfeno o fosfuro
de hidrógeno, un gas venenoso cuyo efecto tardaba un par de días en desaparecer,
y que resultaba mortal al ser respirado por cualquier ser vivo. Los alemanes
esperaban que las máscaras de gas francesas, aun rudimentarias, fuesen
ineficaces frente al fosfuro de hidrógeno, por lo que arrojaron sobre las
líneas francesas nada menos que 110.000 proyectiles venenosos. Aunque la
infantería consiguió evitar en su mayoría el gas, los artilleros de las baterías
francesas, peor equipados para la guerra química, fueron sucumbiendo una tras
otro a los efectos nocivos del gas fosfeno.
El
viernes 23 de junio de 1.916, la infantería del Könprinz avanzó en masa, sin
ser estorbada por los cañones franceses. Aun cuando los alemanes consiguieron ganancias
importantes en algunos puntos, el avance sobre el objetivo principal del
ataque, Fuerte de Souville, fracasó completamente. Únicamente la fortificación
de Thiaumont cayó, permitiendo que la mitad nororiental de la población de
Fleury-Devant-Douaumont fuese ocupada. Este último éxito permitía a los
alemanes un punto importante para iniciar operaciones posteriores, creando una
cuña en las defensas francesas.
Mediada
la mañana del día 22, la artillería francesa comenzó a dar señales de vida. Sus
proyectiles comenzaron a caer sobre Fleury, donde ambos bandos se encontraban
enzarzados en un violento combate cuerpo a cuerpo, no distinguiendo entre
amigos o enemigos a la hora de repartir metralla. El puesto de mando francés de
Quatree Cheminees, en Fleury, fue conquistado por los alemanes a media tarde.
Aunque la mayor parte de la población quedaba en sus manos, el alto mando
alemán estaba disgustado; el ataque había fracasado nuevamente, y las tropas
empleadas habían sufrido gravísimas pérdidas.
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Restos de Fleury. La pequeña población fue aplastada por el
despliegue artillero de ambos bandos. |
Sin
embargo, no preveían el hecho que los franceses, habiendo perdido Vaux a
primeros de junio, y con la amenaza que suponía la cuña de Fleury, a menos de 8
km de Verdun, para las esperanzas defensivas francesas, entrasen en pánico.
Aunque la línea de defensa principal mantenía el tipo a pesar de las cuantiosas
bajas que acumulaban, privadas muchas unidades de oficiales, en las calles de
Verdun las tropas comenzaron a retirarse en desorden, y las órdenes de
evacuación comenzaron a circular, ante las noticias no confirmadas de una
profunda penetración alemana. Incluso el alto mando francés en Verdun, tras una
reunión entre Nivelle y Petain, se mostró dispuesto a abandonar definitivamente
la orilla derecha del Mosa, considerándola indefendible.
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El pánico cundió entre las filas francesas. Retirada cerca de Vaux. |
Petain,
quién era conocido por ser un hombre cabal, no quería ser responsable de la
inmensa sangría que calculaba podía suponer para el ejército francés sostenerse
defensivamente en la orilla derecha, si las noticias de la ruptura definitiva del
frente resultaban ciertas. Por tanto, solicitó permiso al Cuartel General
francés para efectuar la retirada inmediata. Sin embargo, Joffré no estaba
dispuesto a permitir la pérdida de tan incalculable símbolo; renunciando
definitivamente a tener un papel más preponderante en la ofensiva que estaba
por comenzar en la Picardía, a orillas del río Somme, prometió a Nivelle y
Petain el envió urgente de cuatro divisiones adicionales, preparadas y
equipadas para el combate. Además, hizo regresar al General Mangin, quién había
sido apartado tras los desastrosos asaltos organizados contra Douaumont durante
el mes de mayo.
A
pesar del pánico, la llegada de las nuevas divisiones coincidió con noticias
que indicaban que las unidades de la línea de frente habían contenido el avance
alemán. Las unidades de primera línea, combatieron como leones; la mayoría de
los oficiales habían muerto; desaparecidos estos, los suboficiales tomaron el
mando, y cuando murieron, los soldados rasos decidieron aguantar el apocalipsis
sin dar un paso atrás. La crisis había pasado.
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El alto mando francés envió al General Mangin (de pie en la
trinchera) para estabilizar el frente. |
Por su
parte, Falkenhayn informó al mando del V Ejército que debía evitar a toda costa
el gigantesco coste humano que habían supuesto los últimos asaltos frontales;
el 24 de junio los cañones británicos y franceses iniciaron el bombardeo que
abriría la caja de Pandora en el Somme, y Falkenhayn necesitaba hombres para
repeler la esperada ofensiva aliada; además, el ataque ruso en el este, que se
desarrollaba ya desde el 4 de junio, estaba reclamando cada vez más tropas
alemanas, ante el fracaso de los austrohúngaros en defenderse por si mismos.
Von Knobelsdorf, el comandante de las fuerzas alemanas en la orilla oriental,
quería lanzar un último ataque contra Verdun, asegurando a sus superiores que
las tropas francesas se encontraban al borde del colapso. A fin de preparar el
ataque, obligó a las unidades más avanzadas a replegarse de los salientes más expuestos,
que consideraba prescindibles. Esta retirada táctica no fue bien recibida por
la tropa, que habían sufrido enormes sufrimientos y la pérdida de muchos miles
de compañeros para conquistarlas, afectando seriamente a su moral. Además, los
alemanes fueron sorprendidos por un potente contragolpe francés contra el
reducto de Thiaumont, lanzado en la mañana del 25 de junio, que conseguiría
apoderarse del mismo, retrasando seriamente los planes ofensivos de
Knobelsdorf.
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El combate en Fleury fue brutal, y no fue raro encontrar
junto los cuerpos de enemigos, que se habían aniquilado
en las sangrientas refriegas cuerpo a cuerpo. |
Durante
varios días, la batalla pareció reducirse a la población de Fleury, duramente
bombardeada por ambos contendientes, y donde la infantería de los dos bandos se
empleó con excepcional dureza. Los hombres de primera línea, apenas disponían
de agua, viéndose obligados a beber la acumulada en los cráteres de las bombas
tras el rocío nocturno, cuando no sus propios orines. La lucha fue tan feroz,
que la población cambiaría de mano hasta dieciséis veces en las siguientes
semanas, causando miles de muertos y heridos. La humedad nocturna, el infernal
calor diurno, los piojos, las ratas, el dulzón hedor de los cuerpos insepultos
en descomposición, mezclado con el olor constante a cordita y por las
habituales nubes de gas nocivo, hacían la existencia de los hombres un infierno
en medio de los combates por Fleury. La creencia general a primeros de julio
era que ninguno de ellos saldría con vida de aquel infernal campo de batalla.
LA CUARTA FASE OFENSIVA
ALEMANA: LA BATALLA POR EL FUERTE DE SOUVILLE Y FLEURY-DEVANT-DOUAUMONT:
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El Fuerte de Souville sería el objetivo primordial del
último intento alemán por romper el estancamiento. |
El
primero de julio la atención de los cuarteles generales de ambos bandos se
desplazó más al norte, a las orillas del río Somme, donde el mando británico
lanzó una gran operación contra el II Ejército alemán. Aun cuando el alto mando
germano decidió, de forma inmediata, detener el envío de refuerzos ofensivos al
frente de Verdún, se autorizó a implementar los planes finales de von
Knobelsdorf para tomar el Fuerte de Souville, a menos de cinco kilómetros de la
ciudadela, lo que supondría el colapso completo del frente defensivo francés.
El
plan de Knobelsdorf incluían una enorme concentración artillera y el empleo de
más de 60.000 proyectiles de gases, en un frente muy estrecho, asaltando entre
el Bois de Chapitre y Fleury, con dirección al Fuerte de Souville, apoyado por
un ataque de diversión cuyo objetivo era aproximarse hacia el fuerte de
Tavannes, al sureste.
El
Fuerte Souville dominaba una cresta situada a un kilómetro al suroeste de
Fleury, y estaba considerado un objetivo fundamental desde el comienzo de la
Operación Gericht. La captura de esta vital posición, daría a los alemanes el
control de las alturas sobre el Mosa y Verdún, permitiendo a la infantería
atrincherarse en una posición elevada y a la artillería dominar todo el valle
del Mosa, lo que tácticamente, supondría la rendición de la ciudad.
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Tropas francesas esperan el asalto alemán cerca del Bois de
Chapitré. Los 300.000 proyectiles alemanes apenas consiguieron
resultados sobre los bien parapetados defensores. |
Aunque
el ataque estaba previsto que comenzase el 7 de julio, el mal tiempo obligaría
a retrasarlo. El bombardeo previo alemán se iniciaría finalmente el 9 de julio.
Durante dos días, la artillería despachó más de 300.000 proyectiles de todos
los calibres, incluyendo 60.000 contenedores de gas venenoso, sobre los
desafortunados soldados que defendían tan estrecha línea de frente. Los
franceses habían comenzado a recibir las nuevas máscaras antigas M2, que
mejorarían su eficacia ante el fosgeno, la fosfita y la clorita. Sobre el
fuerte mismo se concentraron los calibres más gruesos de la artillería alemana,
siendo alcanzado por no menos de quinientos proyectiles de 360 a 420 mm. Cuando
la infantería del Könprinz inició su avance, el 11 de julio, se encontró
enfrentada a una tenaz resistencia francesa , apoyada por su artillería, que
apenas había resultado dañada por los proyectiles de gas; sobre la tropa alemana
comenzó a caer una demoledora tormenta de fuego, que ralentizó el avance y
masacró a los asaltantes. El ala izquierda del ataque fracasó claramente; el
fuego era tan intenso que las tropas de refuerzo no podían ni abandonar el
fuerte de Vaux, donde se habían refugiado.
Aun
así, tropas del 140º regimiento de infantería consiguieron alcanzar la
superestructura del fuerte de Souville, durante los combates del día 12; tan
sólo treinta hombres, de los 200 que iniciaron el asalto, consiguieron escalar
al techo, en un intento de enfrentarse con las casamatas que lo defendían, sólo
para resultar exterminados por un decidido contraataque francés. La confusión
reinaba entre los atacantes, que no esperaban tan fiera resistencia; los regimientos
de cabeza se retiraban ante la imposibilidad de avanzar, mezclándose los
heridos con los refuerzos que llegaban constantemente a la primera línea,
creando un espectacular caos que perjudicaba seriamente las opciones de éxito
del ataque.
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El General Robert Nivelle, considerado el Héroe
de Verdun, prendió una frase en los corazones
de los defensores: "No pasarán". |
Para
motivar a los defensores, ese mismo día 12 de julio, enardecido por la defensa
de Fuerte Souville, el General Robert Nivelle hizo llegar a sus tropas un
comunicado que cerraba con una frase destinada a pasar a la Historia: “Ils ne
passeront pas!”, “No pasarán”, eslogan que sería usado, veinte años más tarde,
por los defensores de Madrid durante la guerra civil española, y que se
convertiría en el lema de la defensa de Verdun.
Cuando
el ataque se detuvo, el 15 de julio, tras un contraataque francés, dirigido por
el enérgico general Mangin, que sólo sirvió para engordar la cuenta del
carnicero, los alemanes apenas habían podido consolidar un avance de medio
kilómetro en dirección al fuerte; las buenas noticias provenían de Fleury, que
había sido ocupada completamente, y esperaba refuerzos procedentes del fuerte
de Douaumont. Este éxito, aunque escaso, haría creer al mando alemán que la
ruptura del frente aun era posible.
Sin
embargo, la falta de refuerzos y suministros obligó a Knobelsdorf a acordar con
el Könprinz una parada de las operaciones para reorganizar sus debilitadas
unidades. El avance hacia Fuerte Souville no parecía posible en las actuales
circunstancias, por lo que decidieron cambiar su línea de avance principal.
Atacarían violentamente el ala izquierda, entre Fleury y el fuerte de Tavannes,
lo que les permitiría recuperar el reducto de Thiaumont y ampliar su frente,
para, en una segunda fase, atacar Souville desde el frente y el flanco.
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Tropas de choque alemanas preparadas para el asalto. |
El
ataque comenzó el primero de agosto. El bombardeo previo tomó por sorpresa a
las defensas francesas (el alto mando francés se había confiado, ya que estaba
seguro que no llegaban refuerzos alemanes a la zona, concentrados como estaban
en defender el Somme, por lo cual no preveían que las agotadas fuerzas alemanas
fuesen capaces de lanzarse nuevamente a la ofensiva), aunque apenas si sirvió
para que el ala izquierda del ataque consiguiese avanzar unos cientos de
metros; en el flanco derecho, las tropas fueron rechazadas desde el primer
momento. Durante más de diez días, la batalla se desarrolló violentamente en el
entorno del reducto de Thiaumont, que cambiaría varias veces de mano, hasta que
un esfuerzo adicional alemán consiguió consolidar la posición el 12 de agosto.
Para
entonces, en el cuartel general alemán en Stenay, Falkenhayn valoraba suspender
por completo la ofensiva de Verdún. No se observaban opciones de romper el
estancamiento, y las tropas estaban escasas de artillería y munición, que era
requerida por otros frentes. Además, los hombres estaban agotados, tras meses
de combate constante, sometidos a graves privaciones y soportando un tipo de
combate absolutamente infernal. Aun así, la batalla continuaba; el flanco
derecho alemán, entre Fuerte Souville y el reducto de Froideterre, un área
convertida en un barrizal por las constantes explosiones de la artillería y las
lluvias de mediados de agosto, fue objeto de violentos contraataques de ambos
bandos, que no llevaron más que a dejar el terreno cubierto de cadáveres
insepultos y de hombres heridos que gemían de dolor sin que pudiesen ser
atendidos. Muchos heridos morían de sed o desangrados tras días sin poder ser
rescatados.
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El contraataque francés de agosto fue tan desastroso como los
ataques alemanes. En la foto, tropas coloniales avanzan entre
explosiones de la artillería alemana. |
El
jueves, 17 de agosto, las tropas del general Mangin volvieron al asalto en el
sector entre Fleury y el reducto de Thiaumont, sin conseguir ningún resultado,
más allá de acumular unos cuantos cientos más de bajas. La actividad durante lo
que restó de agosto se disminuyó al mínimo; el fuerte calor, la ausencia de
agua, y el hastío de los hombres hicieron que, sin detener los combates, no se
intentasen nuevas ofensivas. A comienzos de septiembre, los alemanes
consiguieron doblegar la resistencia francesa en el entorno del Nez de
Souville, pero apenas consiguieron avanzar unas decenas de metros, formando una
inconsistente línea de defensa avanzada, que perderían pocos días después.
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Paul von Hindemburg (izquierda) y Erich von
Ludendorff (derecha), sustituyeron en el mando
general del ejército alemán a Falkenhayn el
29 de agosto de 1.916 |
El 29
de agosto, el Kaiser cesaba a Falkenhayn como Jefe de Estado Mayor alemán,
culpándolo de la situación que confrontaban tras la desastrosa ofensiva en
Verdún; Falkenhayn sería reemplazado por el prestigioso general Paul von
Hindemburg, siempre acompañado de su fiel escudero y verdadero cerebro militar,
Erich von Ludendorff, quién ejercerá además como pseudo canciller, dominando la
situación con mano de hierro. Los franceses no querían dejar pasar la
oportunidad de saludar a los nuevos comandantes alemanes, por lo que
organizaron contraataques relevantes entre el 9 y el 17 de septiembre, no
consiguiendo grandes resultados y sufriendo pérdidas importantes. Durante estos
combates se produjo en el sector de Tavannes un extraño accidente, cuando una
de las mulas de carga francesas, que transportaba municiones a lo largo del
túnel ferroviario de Tavannes, se encabritó y perdió su carga, que se incendió
y estalló, inundando el túnel de fuego, acabando con la vida a 474 soldados
franceses y dejando heridos a muchos más.
La
ofensiva alemana había finalizado. Ludendorff cursó órdenes para suspender el
envío de refuerzos ofensivos y limitar los suministros a la zona, dando por
derrotado el esfuerzo que las tropas alemanas, a costa de más de 200.000 bajas,
habían desarrollado en la Región Fortificada de Verdún, durante los últimos
siete meses.
LA RECONQUISTA. LA PRIMERA
BATALLA OFENSIVA FRANCESA EN VERDÚN:
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Seis meses de batalla sólo habían servido para crear miles
de viudas y huérfanos. Los muertos eran tantos y estaban tan
maltrechos, que los capellanes franceses acababan bendiciendo
el terreno al no poder hacerlo con los restos. |
El
reemplazo del mando alemán se realizó de forma completa. No sólo Falkenhayn,
quién sería destinado, a modo de represalia, al nuevo frente rumano, al frente
del IX Ejército, lo que suponía de facto una degradación de su autoridad, si no
que también el General Knobelsdorf, a quién el Könprinz culpaba del fracaso en
el ataque sobre Verdún, fue relevado. El heredero al trono alemán también
consiguió que su ejército dejase de desangrarse, al ejecutar Ludendorff su
petición de paralizar la ofensiva alemana.
Sin
embargo, los franceses no consideraban que la batalla hubiese finalizado. El
orgullo herido por la pérdida de más de un cuarto de millón de hombres, y de
símbolos tales como los fuertes de Douaumont y Vaux, eran auténticas bofetadas
en el honor de Francia, que debían ser recuperadas a cualquier coste. Durante
septiembre mantuvieron la presión, sin obtener resultados, como vimos
anteriormente.
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Tropas marroquíes en la estación de París. Las tropas coloniales
reforzarán el frente de Verdún para la ofensiva francesa.
70.000 musulmanes morirán en los combates. |
El
mando francés estaba determinado a golpear a los alemanes constantemente,
impidiéndoles desviar refuerzos hacia el Somme, donde el ejército británico estaba
desangrándose tras un verano terrorífico. Nivelle y Petain comenzaron a preparar
un plan para retomar la ofensiva, que incluía la necesidad de realizar un
gigantesco esfuerzo de ingeniería, mejorando las carreteras y las posiciones de
la artillería, construyendo depósitos de municiones y rellenándolos hasta los
topes. La Vía Sagrada se encontraba en plena ebullición; el general Petain
había requisado prácticamente cualquier vehículo de motor existente en Francia,
y los camiones recorrían la arteria que unía Verdún con el resto del país sin
descanso; había conductores que podían pasarse sin dormir más de 48 horas.
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El descanso vino bien a los contedientes.
Los franceses recibieron con alegría a las
tropas coloniales. En la imagen, con un
soldado senegalés. |
Las
fuerzas de asalto serían puestas bajo el mando del General Mangin, quién
contaría inicialmente con un grueso de ocho divisiones, unos 90.000 hombres,
que durante las semanas previas comenzaron a entrenar asaltos a fuertes.
Además, el general Nivelle estaba desarrollando una nueva táctica de
artillería, un nuevo giro de tuerca en esta guerra industrial: la barrera de
artillería móvil. El objetivo de la nueva táctica era que la infantería
avanzase protegida por una densa barrera artillera, que se movería en su
frente, saltando unas decenas de metros tras cada andanada. Las fuerzas de
asalto y el fuego artillero alcanzarían las líneas enemigas consecutivamente,
no permitiendo a los defensores ocupar sus posiciones defensivas tras la lluvia
de proyectiles. El problema estaba en que este nuevo método de ataque requería
una perfecta coordinación entre los artilleros y la infantería avanzando, algo
que, hasta ese momento, había resultado imposible de lograr. Para obtener éxito,
se diseño una nueva red telefónica subterránea, que dificultase su
reconocimiento por parte de los observadores de artillería enemigos, impidiendo
que fuese cortada constantemente por el fuego enemigo.
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Batería ultrapesada de 400 mm. francesa en acción. |
Para
apoyar la operación, Nivelle contaba con el uso de un par de nuevos cañones Saint-Chamond
de 400 mm, gigantescas piezas de artillería instaladas sobre afustes
ferroviarios, que disparaban enormes proyectiles de 900 kilos, con una
gigantesca capacidad de penetración, con los que esperaban destruir los fuertes
de Douaumont y Vaux antes que la infantería francesa avanzase.
Parecía
que los generales de ambos bandos se ponían de acuerdo en el día, de forma
macabra o ritual, ya que el 21 de octubre de 1.916, ocho meses después del
inicio de la batalla, el ejército francés pasaba a la ofensiva. A primera hora
de la mañana, varios aviones de observación surcaron el cielo sobre el frente
de batalla. Entre los pilotos se encontraba el que más tarde sería reputado
cineasta francés, Jean Renoir; desde estos aparatos, dirigirán el fuego de los
enormes cañones ferroviarios sobre el Fuerte de Douaumont. Para los soldados
alemanes que defendían la mole de hormigón, era como estar dentro de un
gigantesco tambor; sólo existían estruendo y nervios constantes, un temor
racional a que uno de esos enormes engendros explosivos perforase la mole
defensiva, masacrándolos y sepultándolos para siempre. El día 24, la artillería
francesa cesó su fuego repentinamente, lo que fue interpretado por los soldados
alemanes como una señal que el avance de la infantería había comenzado. La
artillería alemana, como había hecho en otras ocasiones, comenzó a bombardear
las líneas de aproximación y refuerzo francesas, quedando al descubierto; era
el momento que esperaban los artilleros franceses, que se cobraron buena pieza
con su fuego contra batería, destruyendo o dañando más de la mitad de las
baterías alemanas en el sector de Douaumont a Vaux.
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Posición alemana. La mayor parte de los defensores fueron
dispersados por la artillería francesa. Donde aguantaron, las
bajas francesas fueron muy elevadas. |
La
artillería pesada francesa volvió a realizar su labor de demolición el 23 de
octubre, obteniendo dos impactos directos que penetraron el grueso blindaje del
fuerte, explotando en su interior y causando daños devastadores. La primera de
las explosiones abrió un enorme boquete en la superestructura, pero la segunda
fue aun más terrible; impactó en la zona del hospital militar, matando a todos
los soldados, médicos y enfermeros que allí se encontraban, cerca de 400
hombres. La explosión, aun siendo menos grave que la sucedida el 8 de mayo de
1.916, cuando la explosión de los depósitos de combustible de los lanzallamas
allí acumulados, acabó con la vida de 679 soldados alemanes, fue la
demostración que necesitaba el comandante de la posición para determinar sus
opciones defensivas.
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Polius se preparan para el asalto. Por Francia!!! |
Este
impacto resultaría decisivo para el futuro de Fuerte Douaumont. Los proyectiles
comenzaron a caer sobre la cáscara abierta del fuerte, y los gases venenosos
comenzaron a afectar a sus defensores, muchos de ellos heridos por las
explosiones internas. Por tanto, el comandante de la guarnición, decidió
evacuar a sus hombres, dejando tan sólo una débil guarnición en defensa del
fuerte, bajo el mando del capitán Soltau.
Soltau
y sus hombres soportarían un terror indescriptible, bajo el constante fuego de
los grandes obuses franceses, y de cientos de pequeños calibres que ahora
tomaban la posición como objetivo principal. Durante la noche del 23 al 24 de
octubre solicitó refuerzos, ya que su pequeña unidad, al borde de la locura,
era inútil para mantener la posición por si misma; al no obtener respuesta,
decidió abandonar el fuerte. Sin embargo, uno de los oficiales bajo su mando,
el capitán Prollius, eligió regresar junto con una veintena de hombres, aprovechando
que la artillería francesa había dejado de martillear la mole de hormigón.
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Franceses al asalto. |
El 24
de octubre, las tropas del general Mangin atacaron en masa. Coordinados
perfectamente con la artillería para desarrollar la nueva estrategia ofensiva,
aprovechándose de la niebla matutina, avanzaron sobre las posiciones alemanas.
Sorprendidos dentro de sus refugios, muchos alemanes se rindieron o sucumbieron
ante el ímpetu de los atacantes. Fleury fue recuperado; el Bois de Chapitré
sería limpiado de enemigos tras una sangrienta refriega. El avance parecía
imparable, tanto que las tropas francesas se colocaron en disposición de atacar
el Reducto de Thiaumont y el Fuerte de Douaumont.
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Tropas del Regimiento Colonial de Marruecos, tras recuperar
el Fuerte de Douaumont, 24 de octubre de 1.916. |
A
media mañana, el Regimiento de Infantería Colonial de Marruecos, mandado por el
Comandante Nicoliaï, recibió órdenes de asaltar el fuerte de Douaumont. Sin
apenas oposición los “polius” marroquís entraban en la mole de hormigón,
capturando al capitán Prollius y sus hombres. Marruecos recuperaba el símbolo
para Francia; sobre el Fuerte de Douaumont se volvió a erigir la bandera
tricolor, para júbilo de los soldados que la observaban. Alemania perdía su
principal bastión defensivo en Verdun.
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El General Mangin contaba con millones de proyectiles para
apoyar a sus hombres. Aplicando la nueva táctica ideada por
Nivelle, consiguió importantes éxitos, aunque a un coste
humano descomunal. |
Para
los hombres de Prollius, su cautiverio fue una liberación. Sobre el fuerte
habían caído en dos días y medio un total de 240.000 proyectiles de artillería,
incluyendo 500 ultrapesados, una tasa de 100.000 proyectiles diarios. El Fuerte
de Douaumont pasará a la Historia como el lugar más bombardeado de la historia
de la Humanidad.
El ala
izquierda del asalto francés encaró la más encarnizada resistencia alemana,
entre Fuerte de Vaux y el Bois de Fumin; las bajas fueron terroríficas, aunque
a última hora de la tarde la defensa alemana se quebró. Muchos soldados germanos
se rindieron o se retiraron en desorden hacia el fuerte de Vaux, que sería el
próximo objetivo del asalto.
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Las tropas coloniales recibirán gran parte de las bajas de la
contraofensiva francesa. |
El
miércoles 25 de octubre de 1.916, el Fuerte de Vaux fue atacado por las tropas
francesas. La primera oleada, sin apoyo artillero, fue aplastada por el
demoledor fuego ligero alemán. Los oficiales franceses organizaron dos asaltos
más, que resultaron en auténticas masacres; entre 800 y un millar de cadáveres
franceses cubrían la llanura frente al fuerte, junto a un número indescriptible
de heridos. La situación era tan terrible, que el comandante alemán sugirió, de
forma excepcional en la lucha sin cuartel en que se había convertido Verdun,
una tregua para atender a los heridos. El ataque sobre el fuerte de Vaux sería
detenido indefinidamente.
A
cambio, los franceses iniciaron una serie de violentos ataques sobre el flanco
del mismo, sobre el Bois de la Caillette y Hardoumont, intentando separar a la
guarnición de su línea de retaguardia. La lucha se prolongó varios días de
forma sangrienta, sobre la inundada superficie lunar en que se había convertido
el campo de batalla. Luddendorf, dando el fuerte por perdido, y siguiendo la
nueva estrategia defensiva de evitar las bajas innecesarias, decidió evacuar el
fuerte y destruirlo.
Al
mediodía del 2 de noviembre de 1.916, los defensores abandonaron el fuerte tras
minarlo. Una hora y media más tarde, lo volaban, destruyendo sus principales
instalaciones. El día 3 de noviembre, con mucha cautela, tropas francesas
entraban en los restos de fuerte sin efectuar un solo disparo. La bandera
tricolor volvía a elevarse sobre los dos símbolos de su resistencia.
EL FINAL. LA SEGUNDA
BATALLA OFENSIVA FRANCESA EN VERDÚN:
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Soldados argelinos disfrutan del descanso en los combates. |
Noviembre
fue un mes excepcionalmente tranquilo en el frente de Verdun. Los estertores finales
de la sangrienta ofensiva británica en el Somme lastraban los ánimos y
voluntades de los soldados de ambos bandos, demasiado exhaustos para mantenerse
en combate más tiempo. Los comandantes trataban de reunir tropas, de entre los
escasos refuerzos disponibles, con vistas a una reanudación de la ofensiva
(francesa) o reforzar las debilitadas líneas defensivas (alemana).
Este
reposo en la campaña permitió al mando francés reorganizarse. El General Robert
Nivelle, considerado por la mayoría el Héroe de Verdun, fue elevado al rango de
comandante supremo del ejército francés, sólo por detrás en mando del
generalísimo Joseph Joffré. El ínclito General Mangin ocuparía el puesto
vacante como comandante general del frente de Verdun. Su primera decisión en
este puesto fue la de organizar una nueva ofensiva que mandase a los alemanes
hasta sus posiciones iniciales de la campaña.
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Artillería francesa en acción. |
Sin
embargo, no había tiempo material de preparar una gran ofensiva antes de la
llegada del crudo invierno, por lo que se precipitaron los preparativos para
atacar antes de mediados de diciembre de 1.916. Contando con cuatro divisiones
en vanguardia y otras cuatro en reserva, apoyadas por más de 700 cañones,
Mangin esperaba desalojar a los alemanes de las tierras altas que aun
controlaban.
El 11
de diciembre los proyectiles franceses comenzaron a triturar las posiciones
alemanas; durante los siguientes nueve días, dispararán 1.169.000 proyectiles,
que batirán el terreno hasta convertirlo en un mar de barro en el que los
hombres se enterraban hasta las rodillas durante su avance. Tras varios días de
preparación artillera, los soldados franceses abandonaron sus trincheras el 15
de diciembre, avanzando en toda la línea, desde Bezonvaux hasta Vaux. Desde el
primer momento, la sangría es memorable; los alemanes, que permanecen impávidos
en sus posiciones a pesar del letal fuego artillero francés, destrozan a las
tropas francesas, que se quedan empantanadas en tierra de nadie.
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Un soldado senegalés muerto en medio del campo de batalla. |
Aun
así, durante los días siguientes, la masa de soldados franceses conseguirá ir
forzando las posiciones alemanas, que bajo las consignas de Ludendorff, ya no
defienden hasta la muerte. A un coste sencillamente inexplicable de vidas
humanas, las tropas de Mangin ocupan Bezonvaux, el Bois de Hassoule, el Bois de
Chauffour y Louvemont. Los refuerzos alemanes poco a poco contienen la
penetración francesa, apoyándose ya no en posiciones fortificadas o redes de
trincheras, si no en los congelados cráteres que los millones de proyectiles
caídos han provocado; cubiertos de barro, congelados por las bajas
temperaturas, los alemanes se niegan a rendirse.
Será
el 19 de diciembre de 1.916 cuando Ludendorff, que prepara ya una acción de
repliegue a posiciones más sólidas en otros puntos del frente occidental,
decide que el ejército alemán ya ha sufrido bastante en Verdun, y ordena a sus
oficiales replegarse a las posiciones fortificadas próximas a aquellas desde las que partieron al
combate el 21 de febrero de 1.916.
Está
última acción provocó la rendición de 11.000 soldados alemanes, hartos de sufrir, que prefirieron el cautiverio a continuar la batalla unos kilómetros más
atrás. La batalla de Verdun había finalizado.
CONSECUENCIAS DE LA BATALLA
DE VERDUN:
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Un soldado alemán yace inerte y sólo en medio del campo de
batalla. Verdun, Septiembre de 1.916. |
La
batalla de Verdun supuso un antes y un después en la historia de los conflictos
bélicos que han asolado la Humanidad. Como la primera batalla puramente
industrial de la Historia, puso sobre el tablero de juego unas cifras que, aun
hoy en día, producen angustia.
Durante
los 300 días que duró la batalla, la más larga de la Historia de la Humanidad,
los ejércitos contendientes arrojaron sobre las desdichadas tierras de Verdun
un total de cuarenta y siete millones de proyectiles de todos los calibres;
serían los franceses, con cerca de treinta millones, quienes más metal
despacharían sobre sus adversarios.
Verdun
es parte de la “zona roja” establecida tras el conflicto, donde la vida
resultaría difícil de recuperar debido a la gigantesca cantidad de productos
químicos que la contaminaron. La cordita, el fosgeno, la clorita y el fosfeno
hicieron una labor de contaminación que aun se extiende incluso hoy en día. Un
total de nueve poblaciones del entorno de Verdun serían completamente
destruidas por el horror de los constante bombardeos artilleros, demolidos hasta
sus cimientos; serían consideradas “ciudades muertas” por Francia. Dichas
poblaciones fueron:
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Fleury-Devant-Douaumont,
que hoy en día mantiene su espacio geográfico, aunque tan sólo exista en la
forma de las señalizaciones de entrada y salida de la población, y por los
monumentos conmemorativos que recuerdan su martirio.
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Beaumont-en-Verdunois.
·
Bezonvaux.
·
Cumiéres-le-Mort-Homme.
·
Douaumont.
·
Haumont-prés-Samogneaux.
·
Louvemont-Côte-du-Poivre.
·
Orne.
·
Vaux-Devant-Damloup.
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Los combates fueron salvajes. Muerte en la trinchera. |
Un
total de no menos de dos millones de hombres pasaron en algún momento por el
terrorífico campo de batalla de Verdun. De ellos, los datos de pérdidas
resultan escalofriantes; aunque no existe un conocimiento exacto de hasta que
punto llegó realmente la sangría, debido a la terrorífica cantidad de
desaparecidos que registró la batalla, las cifras que han sido aceptadas como
“próximas” a la realidad son las de un total de 713.000 bajas totales,
incluyendo 377.000 franceses y 336.000
alemanes. Los muertos reconocidos por ambas naciones fueron 162.000 franceses y
146.000 alemanes. Sin embargo, estudios más recientes, basados en los
porcentajes de heridos y desaparecidos sobre el número de muertos, elevan la
cifra total hasta 950.000 hombres caídos durante la batalla.
El
ejército alemán fracasó completamente en su gran ofensiva, destinada a
finalizar la guerra en 1.916. El objetivo de Falkenhayn de consumir al ejército
francés sin sufrir un número elevado de bajas se vio imposible desde los
primeros instantes de la ofensiva; una semana de combates en febrero le
supusieron al V Ejército alemán 25.000 bajas por 24.000 francesas, lo que
mostraba bien a las claras cual sería la tendencia de la batalla. Únicamente
las absurdas ofensivas finales francesas, que se enfrentaban a la tendencia
alemana de no mantener posiciones difíciles para reducir sus bajas,
incrementaron sobremanera las pérdidas francesas.
La
acción demoledora de la artillería de ambos bandos provocó la desaparición de
decenas de miles de hombres; muchos de ellos sepultados bajo las toneladas de barro
y polvo que el bombardeo generaba, aunque otros muchos serían sencillamente
pulverizados por los impactos directos de los proyectiles de artillería. La
batalla sería un auténtico infierno para los hombres, incapaces de recoger los
miles de cadáveres insepultos, sometidos a terribles condiciones de vida, entre
el barro, la muerte, el hambre y la sed.
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Verdun; restos en el campo de batalla. |
Un tremendo
retrato de las terribles condiciones que sufrieron los soldados en el campo de
batalla de Verdun, nos la dejó reflejada para la Eternidad el literato francés
Jean Geono, quién, en su novela “Le Grand Troupeau”, publicada en 1.931,
narraba sus experiencias como soldado durante la Batalla de Verdun (donde
combatió. Posteriormente, luchó también en la carnicería de Les Chemin des
Dames, “El Camino de las Damas”, durante 1.917), donde nos contaba: “Somos
nueve en este agujero. Nada va a hacernos salir de aquí, pero hemos comido y
tenemos que aliviarnos. Uno de nosotros no aguanta más y sale de la zanja. Ya
lleva hay dos días, a cinco metros, muerto con los pantalones bajados.
Defecamos en un papel y lo tiramos fuera. Cuando no queda más papel lo hacemos
en las mochilas. La Batalla de Verdun continúa. Lo hacemos en las manos, pero
por culpa de la disentería, se nos escapa entre los dedos. Terminamos defecando
sangre. Las llamas de la sed nos devoran y bebemos nuestra propia orina. Se
seguimos en este campo de batalla es por que no nos dejan escapar.”
La
batalla continuaría durante los dos siguientes años, ya no con la misma
intensidad; durante 1.917 los franceses recuperarían las posiciones también en
la orilla occidental del Mosa, y para 1.918, el ejército americano,
prácticamente recién llegado, se desangraría más al sur en la ofensiva de
Argonne-Mosa. En total, más de un millón de jóvenes soldados dejaría sus
esperanzas abandonadas, unos muertos, otros heridos, muchos enloquecidos, todos
con pesadillas durante el resto de sus vidas, sobre las alturas del Mosa, donde
se desarrolló la tragedia que hemos narrado.
Sirva
este artículo como homenaje a todos aquellos hombres que cayeron en aquel
infame campo de batalla.
LA BATALLA DE VERDUN. APÉNDICES
II:
I. HÉROES EN VERDUN. NO WOMANS LAND. DOCTORA NICOLE
GERARD-MANGIN: La guerra había sido feudo
exclusivo de los hombres a lo largo de la historia. Ellos sufrían en el frente,
mientras que las mujeres sufrían su pérdida, desesperaban en la espera, y
trabajaban por ellas mismas y por sus cónyuges alistados en los ejércitos,
convirtiéndose en auténticas heroínas en la retaguardia.
El
siglo XX trajo nuevos hábitos sociales, aun por afianzar en las retrógradas
sociedades post-victorianas, en las que las mujeres comenzaban a luchar por sus
derechos, por participar de los asuntos que, hasta entonces, habían sido
considerados exclusivos de los hombres; una lucha por convertirse en ciudadanos
de pleno derecho. Durante la Primera Guerra Mundial, las mujeres serían las
responsables de mantener el esfuerzo industrial; privadas las fábricas de los
trabajadores masculinos entre los 19 y los 45 años, la necesidad de mano de
obra necesaria para mantener las líneas de producción a pleno rendimiento,
vomitando continuamente proyectiles, obuses, cascos, uniformes, etc, obligó a
los industriales a reclutar una legión de mujeres, que ocuparían puestos hasta
entonces exclusivamente dedicados a los hombres. Su esfuerzo, trabajando
jornadas de 12 a 16 horas diarias, en pésimas condiciones, teniendo que
ocuparse luego de sus hijos y su casa, permitió que la producción no decayese.
Sin
embargo, sus reclamaciones para poder estar junto a los suyos en el frente,
caían en saco roto. Las mujeres podían haber parado la guerra de haber ido a la
huelga, pero la responsabilidad que sentían hacia sus hombres, el conocimiento
del horror indescriptible que sufrían, les impidió hacerlo. Sus deseos de estar
cerca de sus varones, no se cumpliría.
Tan
sólo una mujer se acercaría para trabajar al mismo frente de Verdun; tan sólo
una mujer se alistaría en el ejército francés; tan sólo una mujer llegaría ante
las mismas puertas del infierno durante aquellos tempranos años del siglo XX.
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Nicole Gerard Mangin y Dun. |
Nicole
Girard-Mangin nació en París en 1.878. Tras trasladarse a la Champagne con su
familia, decidió, al alcanzar la mayoría de edad, cursar estudios de medicina, trasladándose
a la Universidad de la Sorbonne, en París entre 1.896 y 1.899. Sus estudios sufrieron
una parada temporal al contraer matrimonio ese mismo año 1.899 con André Girard,
propietario de una importante bodega en la Champagne. Fue madre en 1.900, divorciándose
de Girard en 1.903, decidiendo retomar entonces sus estudios de medicina. Se
doctoraría por la Sorbonne tras presentar una elaborada tesis sobre las toxinas
cancerígenas, convirtiéndose en una reputada especialista en el tratamiento de
las fiebres tifoideas (tifus). En 1.910 representó a Francia en el Congreso
Médico de Viena, junto al prestigioso profesor Albert Robin.

Justo
antes de comenzar la Primera Guerra Mundial, se encargó de la clínica del
doctor Robin para tratar casos de tifus en Beajon, París. Sin embargo, su vida
cambiaría al estallido del conflicto. El 2 de agoto de 1.914 fue movilizada por
error, al equivocar el responsable de reclutamiento su apellido “Girard” con el
nombre. Decidida a ayudar en lo que pudiese, aportando sus conocimientos para
colaborar con el esfuerzo de guerra francés, decidió aceptar la movilización,
presentándose de forma voluntaria en su lugar de destino, bajo el nombre de
Doctor Girard Mangin. Destinada inicialmente al hospital para heridos de guerra
de Beaujon, en París, el oficial médico encargado del mismo recibió a Nicole
con furibundas palabras: “Pido refuerzos y me mandan una mujer”. Informadas las
autoridades militares, decidieron acallar el error e intentar incorporar a
Nicole al trabajo de campo, adaptando su uniforme para que no llevase uno de
hombre. Aunque participó en la atención de heridos hasta pasada la crisis de El
Marne (cita en sus cartas “el 9 de agosto (de 1.914) tuvimos que atender a
1.059 soldados heridos, no tenemos tiempo ni para dormir”), los mandos
militares decidieron quitársela de en medio, siendo enviada al hospital militar
del tranquilo sector de Verdún, pabellón 7, donde se trataban los casos de tifus
y, especialmente, de disentería sanguinolenta, que los médicos varones se negaban
a tratar y solían ceder a las enfermeras.
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Nicole y Dun tras la guerra. |
Con
los soldados pasando eternas jornadas de tedio en la primera línea, su
presencia durante las visitas al frente ocasionaba no pocos trastornos. Sería
en esta época donde se haría acompañar de un magnífico ejemplar de pastor
alemán, que llamaría “Dun”, como diminutivo de Verdun; el fiel animal le ayudaría
a protegerse de los no pocos intentos de agresión que sufrió.
Su
trabajo durante 1.915 salvaría la vida de muchos soldados, afectados de graves
enfermedades tras su paso por las poco higiénicas trincheras del frente de
batalla. El 21 de febrero de 1.916, todo cambió; el ejército alemán desencadenó
una gigantesca ofensiva en el sector de Verdun. Durante el terrorífico
bombardeo que abrió la ofensiva, Nicole encabezó un convoy de ambulancias que
se dirigió al frente, resultando herida en la mejilla por una esquirla de
metralla, pero consiguiendo rescatar a un importante número de soldados
heridos. Durante día y noche condujo ella misma una de las ambulancias, evacuando
heridos del Bois de Caures y otros puntos, ocupándose posteriormente de tratar
las terribles heridas que muchos traían. Desde ese momento, y durante once
meses, su labor permitió salvar la vida de miles de soldados heridos, pasando
muchas jornadas sin apenas descanso, al igual que sus compañeros masculinos y
que las enfermeras que los ayudaban.
En
diciembre de 1.916, como premio a su esfuerzo, fue reconocida como oficial
médico y se la concedió el rango de comandante médico, siendo trasladada a
París, donde se hará cargo de la dirección del hospital Escuela Edith Cavell.
Al
finalizar el conflicto bélico, Nicole Mangin comenzó a trabajar para la Cruz
Roja, viajando para impartir conferencias sobre el papel de la mujer durante el
conflicto y su experiencia personal. Nunca recibió el más mínimo reconocimiento
a su labor por parte de las autoridades francesas.
Poco a
poco, el cansancio comenzó a hacer presa de ella; tras unas pruebas médicas le
fue diagnosticado un cáncer terminal. El 6 de junio de 1.919, su cuerpo dijo
basta. Agotada física y mentalmente, perseguida por los fantasmas del pasado y
convencida de no querer acabar como los millares de hombres a los que vió
morir, en medio de terribles sufrimientos, decidió poner fin a su vida; fue
encontrada muerta sobre la cama de su casa en París, junto al cadáver de su
perro Dun, quién le siguió en este último paseo como le había seguido,
fielmente, entre explosiones, cadáveres y heridos en vida. La doctora Nicole
Girard-Mangin, la primera mujer alistada en el ejército francés, moría a causa
de una sobredosis de medicamentos. Tenía 41 años. El ángel que salvó la vida de
miles de soldados durante la batalla de Verdun partía hacia la eternidad.
II. HÉROES DE VERDUN. EL
SEÑOR DIPUTADO. CORONEL ÉMILE DRIANT:
Émile Augustine Cyprien Driant vino a la vida el 11 de septiembre de 1.855 en
Neufchâtel-sur-Aisne, en plena Picardía. Desde muy joven mostró predilección
por la carrera militar, graduándose en 1.877 en la academia de Saint-Cyr, donde
obtuvo los galones de segundo teniente. Tras servir en diversos destinos en
África, acabó mandando el 1.er batallón de Chasseurs (Cazadores) entre 1.899 y
1.905, decidiendo posteriormente abandonar el ejército para dedicarse al
periodismo y la política. En 1.910 fue elegido como diputado por Nancy,
formando parte de la Cámara de Representantes.
Desde
1.888, se dedicó a su pasión por la escritura, publicando diversos libros y
artículos, relacionados con el mundo militar y la historia heroica de Francia.
Como
otros 200 diputados franceses, fue alistado al comienzo de la Primera Guerra
Mundial; los diputados estaban exentos de prestar servicio de armas, pero 200
de ellos elegirían defender a Francia desde las trincheras; 17 de ellos morirían
en combate, al menos dos en Verdun, y más de la mitad resultarían heridos o
mutilados.
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Émile Driant y su estado mayor en las posiciones del bosque |
Driant
recibió el rango de capitán, aunque fue rápidamente ascendido a teniente
coronel, asignándosele el mando de los regimientos de Chasseurs (Cazadores) 56
y 59, compuestos de hombres procedentes de la reserva. Como otros muchos
diputados, no renunció a su cargo, y participó activamente de algunas
discusiones políticas, como por ejemplo la creación de la condecoración de la
Croix de Guerre. Firme impulsor de fortalecer las defensas francesas antes de
la guerra, se indignó cuando el Jefe del Estado Mayor francés, el Generalísimo
Joseph Joffré, ordenó retirar los cañones y guarniciones de las fortalezas de
Toul y Verdún, para enviarlas a primera línea. Driant denunció ante la cámara la
situación en diciembre de 1.915, recibiendo el apoyo del Ministro de la Guerra,
Joseph Gallieni, aunque no conseguiría que ni una sóla pieza regresase a los
fuertes.
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Bunker de mando en el Bois des Caures. 2.016 |
Driant,
indignado, y tras observar actividad sospechosa en el lugar donde se encontraban
acantonadas sus unidades, el Bosque de Caures (Bois des Caures), próximos al
Fuerte de Douaumont, en Verdún, volvió a desplazarse a la Cámara de
Representantes, dando alerta sobre la amenaza que se cernía sobre el
desprotegido sector.
Joffré
montó en cólera, acusando a Driant de interferir en el mando. Contra un
diputado no podía cargar, pero contra un oficial del ejército si, por lo cual
le ordenó regresar a su puesto urgentemente, y dejó caer en el olvido sus
demandas.
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Teniente Coronel Driant. 1.916 |
La
realidad haría que las advertencias del teniente coronel Driant se viesen
ratificadas, cuando el 21 de febrero de 1.916, las baterías de artillería del V
Ejército alemán trituraron el terreno durante horas, arrojando un millón de
proyectiles sobre los pobres desdichados que habitaban la primera línea de
trincheras francesa.
Allí,
en el Bois des Caures, en sus posiciones reforzadas gracias a la previsión de
Driant, se encontraban los dos regimientos de cazadores bajo su mando; 2.200
hombres dispuestos a luchar hasta la última bala, si fuese necesario. Las
defensas fueron aplastadas bajo el peso gigantesco de los proyectiles alemanes;
la tierra se levantaba varios metros para volver a caer, enterrando hombres y
esparciendo cuerpos por el terreno. Cuando el fuego cesó, los supervivientes de
la unidad de Driant organizaron, bajo su mando, una encarnizada defensa,
intentando retrasar lo máximo posible el avance enemigo, dando tiempo a las
defensas de segunda línea a prepararse. Los alemanes, abrumadoramente
superiores en número, se vieron sorprendidos por la resistencia, y perdieron a
muchos buenos soldados intentando tomar ese terreno baldío en que se había
convertido el bosque. Durante todo el día 21, y la noche y buena parte del día
del 22 de febrero, los escasos supervivientes combatieron como leones. Cuando
fueron flanqueados por las superiores tropas alemanas, los cazadores se
percataron que su situación era insostenible; o se retiraban, o acabarían
aniquilados. Driant ordenó un último contraataque para restablecer la
situación, y, al fracasar, decidió ordenar la retirada, sin grandes carreras,
dando siempre la cara al enemigo.
Driant
fue el último en retirarse, cubriendo a sus hombres. De los 2.200 defensores,
cerca de 1.700 murieron, entre ellos el teniente coronel Émile Driant, quién recibió
un disparo en la frente que lo mató instantáneamente. De los supervivientes que
consiguieron retirarse, la inmensa mayoría se encontraban gravemente heridos.
Driant
recibió a título póstumo la Legión de Honor, la máxima condecoración del
ejército francés. Todos los 21 de febrero, se conmemora la resistencia de los
Cazadores de Driant frente a su monumento, ubicado en el Bois des Caures, donde
el señor Diputado prestó su último servicio a Francia.
III. EL CAMPO DE
BATALLA HOY. EL TOUR DEL APOCALIPSIS:
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Osario de Douaumont y Cementerio Nacional. 2.015. |
Aun hoy en día, los
acontecimientos acaecidos durante 1.916 están muy presentes en la región de
Verdún. Son numerosos los cementerios y monumentos que se levantan en memoria
de los hombres caídos y del espantoso terror que tuvieron que afrontar.
Verdun es una
pequeña comuna francesa, ubicada en el departamento del Mosa, en la región de
la Lorena. Cuenta hoy en día con menos de 20.000 habitantes, aunque se ha
elevado para la historia como uno de las más impresionantes necrópolis del
mundo; allí, repartidos a lo largo de una infinidad de camposantos, descansan
los restos de más de 300.000 hombres, que sucumbieron, en su mayoría, entre
febrero y diciembre de 1.916.
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Fosa común dentro del Osario de Douaumont. Los restos de
130.000 soldados alemanes y franceses reposan allí. |
El punto central de
la visita que cualquier turista de la Historia quiera hacer al campo de batalla,
es la monumental mole del Osario de Douaumont; el Osario es un enorme templo de
137 metros de largo, coronado por una torre de 46 metros de altura, que
contiene en su interior 36 fosas comunes de 14 m2, y dos grandes fosas de más
de 150 m2, donde se hallan los restos no identificados de más de 130.000 soldados
alemanes y franceses. En su interior, realizado en piedra rosa, se encuentran
inscritos los nombres de los soldados franceses desaparecidos en Verdun entre
1.914 y 1.918. Su construcción data de 1.920, aunque no sería hasta 1.932
cuando quedaría definitivamente inaugurado. Frente a el, se inauguró en 1.984
un impresionante camposanto, donde se encuentran enterrados los restos
identificados de 15.000 soldados franceses, argelinos, marroquíes, senegaleses,
y de otras nacionalidades que combatieron por Francia en aquel fatídico campo
de batalla.
En su entorno se
encuentran ubicados varios monumentos, recordando a los combatientes judíos
durante la batalla (el Muro de los Israelitas), que se encuentra a muy pocos
metros del Osario, o bien a los hombres caidos durante las sangrientas batallas
por el reducto de Thiaumont.
A no mucha distancia
de allí, se encuentran infinidad de vestigios de trincheras, que cruzan los
densos bosques que han renacido donde el hombre dejó devastación, en un claro
testimonio de las terribles heridas sufridas por la tierra. Las trincheras
guían hasta el pueblo muerto de Fleury-Devant-Douaumont, donde aun hoy en día,
se ven las calles trazadas, con lápidas que recuerdan las construcciones que se
ubicaron junto a ellas. La única construcción que resta en la ciudad muerta, es
la Capilla de San Nicolás de Fleury, que da testimonio del terror vivido y
recuerda a la miríada de fallecidos en los terribles combates por el control de
la población.
Poco más al sureste,
a menos de medio kilómetro, está el Memorial de Verdún. Cerrado durante tiempo
y reinagurado en febrero de 2.016, para celebrar el centenario de la batalla,
se ha convertido en uno de los más impresionantes museos sobre el conflicto que
existen en el mundo.
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El Fuerte de Douaumont. Junio 2.015. |
Siguiendo esta misma
carretera, a un kilómetro de distancia, nos encontramos con la inerte mole del
Fuerte de Douaumont; siendo el mejor conservado de los fuertes, junto al de
Vaux, se ha convertido en lugar de peregrinaje para aquellos que quieren sentir
de primera mano la Historia; y es que Douaumont respira miedo, dolor y
desesperanza por los cuatro costados. Desde su techo podemos ver el entorno, aun
despedazado como efecto del constante bombardeo a que fue sometido. Los
cráteres, ahora cubiertos de hierba, se pierden en el horizonte hasta el linde
del bosque; no es difícil de imaginar como se vería en 1.916, con los cráteres
cubiertos de lodo, convertido en un paraje de pesadilla.
El interior del
fuerte es un constante homenaje a los caídos en la batalla por su dominio. Las
salas están en su estado original, por lo que sentimos la terrible humedad, el
frío de la piedra; vemos las piezas de artillería y contemplamos los resultados
de las explosiones internas. Y observamos como los enemigos de entonces,
terminan descansando por siempre en la misma necrópolis, como a pocos metros de
distancia, sendos altares recuerdan a alemanes y franceses.
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La tierra destrozada. Cráteres entorno al Fuerte de Vaux. |
Continuando la
visita podemos llegar al segundo fuerte conquistado por los alemanes, el de
Vaux. Mucho más pequeño que Douaumont, su historia te cautiva desde el primer
momento; la lectura de mis narraciones sobre su defensa y martirio, son mucho
más comprensibles al experimentar en primera persona la asfixiante sensación de
estar entre sus muros, de imaginar la batalla cuerpo a cuerpo, de sentir la
acuciante necesidad de beber de los defensores, privados de sus depósitos de
agua. En el exterior, una lápida recuerda la epopeya de los defensores de Vaux,
encabezados por el comandante Reynal; junto a ella, otra lápida más pequeña,
recuerda al más pequeño héroe de Verdun, la paloma Vailant, que perdió la vida
llevando el último mensaje de auxilio de la guarnición. Sobre su techo podemos
observar los terroríficos efectos de los impactos directos de la artillería
pesada, con los restos desventrados de la torreta principal, una gruesa coraza
de acero de 10 cm, cuyos restos se encuentran esparcidos por el techo,
alcanzado por un proyectil de 420 mm del Gran Bertha.
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Fuerte de Vaux. Junio 2.015. |
La piel se eriza por
la humedad y el frío en su interior, aunque sobre todo se siente el peso
terrible de la historia cuando ve una solitaria cruz, ubicada en un sótano
cerrado, tétrica y demoledora, auténtico monumento a la muerte, solitaria,
individual, privada de toda épica.
Los monumentos se
nos aparecen a lo largo del campo de batalla. El Fuerte de Souville, ubicado al
sur de Douaumont, también es visitable. Sufrió graves daños a lo largo de la
batalla, pero fue reconstruido en 1.917; su actual estado no es tan bueno como
el de los dos fuertes que anteriormente narramos, pero mantiene su enorme mole.
Cerca de el, encontramos uno de los más hermosos monumentos de la batalla; el
Memorial del León Herido de Souville. El monumento, dedicado a la memoria de
los heróicos defensores de la 130ª división de infantería, conmemora a los
caídos durante la épica resistencia entre las ruinas de la Capilla de
Sainte-Fine, protagonizada por esta unidad el 12 de julio de 1.916.
Al norte, en el
Bosque de Caures, encontramos el Memorial al Coronel y Diputado Émile Driant,
que como vimos previamente, cayó en combate durante los feroces enfrentamientos
del 22 de febrero de 1.916. En este punto, todos los 21 de febrero, se realiza
un homenaje a la memoria de Driant y sus Cazadores.
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Monumento de la Trinchera de las Bayonetas. Junio 2.015. |
Mas al este,
encontramos otro memorial dedicado a una unidad; la Trinchera de las Bayonetas
(Trenchée des Baïonettes) está dedicado a los defensores del 137º Regimiento de
infantería, aniquilado durante la ofensiva alemana del 12 de junio. El
monumento, pagado por el estado americano, se erige como lugar de descanso
póstumo de una docena de hombres del diezmado regimiento, quienes, según cuenta
la leyenda, mantuvieron sus posiciones, siendo enterrados en vida. Cuando
fueron rescatados, tan sólo doce bayonetas salían de la tierra, colocadas
prácticamente en formación. Sobre el punto donde se encontró cada bayoneta, hoy
en día se haya una cruz en la que puede leerse “Soldado francés desconocido”.
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Memorial a Émile Driant y sus Chasseurs. Bois des Caures. |
Otros diputados, a
parte de Émile Driant, tienen su monumento. El diputado André Thomé, fallecido
el 10 de marzo de 1.916, se presentó voluntario para acudir al frente,
prestando su último servicio en Verdun. Una escultura, conocida como “El
Soldado de la Justicia”, conmemora su sacrificio. Muy cerca del Osario de Douaumont,
se encuentra el Memorial a André Maginot; Maginot había ocupado uno de los
ministerios del gobierno antes de la guerra; alistado al comenzar esta como
soldado raso, fue gravemente herido durante la batalla de Verdún. Sobrevivió a
la guerra, volviendo a ocupar cargos de
importancia en los gobiernos posteriores al conflicto; su nombre está ligado a
la construcción del complejo de fuertes que separó Alemania de Francia en el
periodo de entre guerras, la “Línea Maginot”. La estatua de bronce que le conmemora
representa a Maginot herido, ayudado por su compañero, el soldado
Francois-Joseph Jolas.
El 25 de junio de
2.006, el Primer Ministro francés, Jacques Chirac, inauguró el Monumento a los
Musulmanes, muy próximo al Osario y al Cementerio Nacional, donde reposan los
restos de muchos de los 70.000 soldados musulmanes que perdieron sus vidas
durante el curso de la batalla.
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Memorial a los Hijos de Verdun. |
En el lado izquierdo
del Mosa, el número de memoriales se reduce, aunque hay alguno significativo.
Cerca de Cumiéres se encuentra la cota de Le-Mort-Homme, donde se produjeron
terroríficos combates durante la batalla. El monumento de Mort Homme está
dedicado a los caídos de la 69ª división de infantería francesa, y muestra el
esqueleto de un soldado cubierto por la bandera francesa. El esqueleto porta la
llama de la victoria, y puede leerse una inscripción en la base que dice “Il’s
n’ont pas passé” (No pasaron). A unos cien metros de distancia se encuentra el
monumento memorial a los 10.000 soldados franceses muertos en defensa de la
cota 304, y a su lado, un pequeño memorial dedicado a la 40ª división de
infantería. Resulta llamativo el notar que la colina 304 (Côte 304) perdió casi
cinco metro de altura debido a los demoledores bombardeos sufridos.
La misma población
de Verdun alberga numerosos recuerdos de la batalla, incluyendo un pequeño
Memorial a los hombres que mantuvieron abierta la Voie Sacrée (La Vía Sagrada);
la Catedral de Verdun, completamente destruida por los bombardeos alemanes; el
Monumento a los Hijos de Verdun, dedicado a los 518 habitantes (510 soldados y
ocho civiles) de Verdun que dieron sus vidas en el curso de la guerra; el
Cementerio Nacional de Verdun; o el Monumento a la Victoria.
Todo el terreno que
recorramos estará cubierto de historia viva, una historia que conviene que no
olvidemos jamás, una historia que hiela la sangre y ensombrece el alma, pero
que no puede quedar en el olvido, una historia que jamás debe repetirse… el
capítulo más oscuro de la Historia de la Humanidad.
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