martes, 23 de septiembre de 2014

ARTÍCULO 10.- (MOVILIZACIÓN) EL FRENTE ORIENTAL. TANNENBERG Y LOS LAGOS MASURIANOS:

Hasta ahora, nuestros artículos se han centrado en mostraros la Primera Guerra Mundial en el Frente Occidental, tal vez el área más conocida de la misma. Los próximos artículos se centrarán en los frentes desconocidos. Este primero, nos permitirá narrar la ofensiva rusa y la defensa alemana en la región de Masuria y Prusia Oriental en agosto y septiembre de 1914, mientras que en el siguiente nos centraremos en ver a los Austrohúngaros por primera vez, enfrentando la Ofensiva rusa en Galitzia.

Tannenberg fue el enfrentamiento decisivo que los alemanes buscaron en Europa Occidental, y que encontraron en Europa Oriental, aunque fueron incapaces de aprovecharlo ante la falta de planificación para extraer los máximos rendimientos a una victoria en esta área… El Plan Schlieffen, la Biblia con que los alemanes fueron a la guerra, no preveía un éxito de esa magnitud.

Pero no adelantemos acontecimientos. Relatemos los hechos cronológicamente.

LA BATALLA DE TANNENBERG: 

Recreación de la Batalla de Tannenberg. Segundo Ej. ruso.
Hacia finales de agosto de 1914, cuando el Plan XVII francés se extinguía y los alemanes cruzaban el Aisné para amenazar París, el ejército ruso, tras un mes de lenta preparación y con su movilización sólo parcialmente finalizada, inició la incursión sobre Prusia Oriental.

El Comandante en Jefe de los ejércitos zaristas, Yakov Zhilinski, había preparado un plan que incluía el atacar con sus dos primeros ejércitos, los únicos preparados a esas alturas, con algo más de 350.000 hombres, en dos ejes de avance. El Segundo Ejército, mandado por el General Aleksander Samsonov, con 150.000 hombres, avanzaría desde Polonia hacia la frontera sudeste de Prusia Oriental, mientras el Primer Ejército, mandado por el General Paul von Rennenkampf, de origen alemán, avanzaría por la región de Masuria hacia el corazón mismo de Prusia Oriental, al noroeste. El objetivo era la aniquilación de las fuerzas alemanas que defendían Prusia Oriental, comandadas por el General Maximilian von Prittwitz, y la conquista de la plaza fuerte de la zona, la emblemática Königsberg.

Si el General Prittwitz presentaba batalla con su Octavo Ejército, Rennenkampf contendría a las fuerzas alemanas y Samsonov las envolvería por el flanco, forzando su rendición. La ocasión se presentó cuando las fuerzas alemanas presentaron batalla en Gumbinnen, donde Rennenkampf consiguió una costosa victoria, pero la exasperante falta de comunicaciones y lentitud de maniobra, permitió que el Octavo Ejército se retirase sin obstáculos. En cambio, el I Ejército Ruso, que ataco desorganizadamente, necesito detener su avance para recomponer sus líneas. No perseguir a los alemanes, que probablemente tendrían que haberse detenido para presentar nuevamente batalla, fue el primero de una cadena de muchos errores que llevarían a los rusos al desastre.

Hindemburg y Ludendorff, preparando el plan de batalla
Y fue un error, en primer lugar, porque, sin presión física, pero temeroso de quedar cercado, el General Prittwitz desobedeció las líneas maestras del Plan Schlieffen en el Este, que le solicitaban evitar la batalla y ceder terreno poco a poco, y se retiró más allá del Río Vístula, cediendo mucho territorio y creando en el Alto Mando alemán la sensación de ansiedad que tan mala resulta cuando hay que tomar decisiones decisivas. Inmediatamente, Helmuth von Moltke, el Comandante en Jefe alemán, llamó al General Prittwitz y a su ayudante, von Waldersee, a consultas a Berlín, y aprovechó su viaje para destituirlos. Para reemplazarlo, sacó de la reserva al carismático General Paul von Hindemburg, que a sus 66 años aceptó el cargo como servicio final a la patria, sin saber que aun le quedaría mucho camino que recorrer. Eligió como su Jefe de Estado Mayor a Erich Ludendorff, quién se había distinguido tomando Lieja a primeros de Agosto, y que resultaba una personalidad muy agresiva, que contrarrestaba la consabida sobriedad de Hindemburg. Ambos formarían, a lo largo de la Guerra, un dúo decisivo en las aspiraciones de victoria alemana.

El 23 de agosto, recién llegado a Prusia Oriental, Hindemburg anuló todas las órdenes cursadas por Prittwitz para la retirada, autorizando el plan de acción desarrollado por el Jefe de Operaciones del Octavo Ejército, Coronel Maximilian Hoffmann, y que había trazado una estrategia para cumplir con las líneas maestras del Plan Schlieffen, que Prittwitz rechazó aplicar en su momento. Este consistía en utilizar las unidades de caballería del Ejército para crear una diversión, una pantalla frente al Vístula, con la intención de confundir a Rennenkampf y retrasar el cruce del río por parte de las fuerzas rusas. El apantallamiento permitiría desplazar fuerzas hacia el sur, para enfrentar la penetración del Segundo Ejército ruso, y que había llegado a un punto en que su flanco derecho quedaba muy expuesto, ante la lejanía del avance con respecto al Primero.

Paul von Rennenkampf, Primer Ejercito
Se producía un hecho parecido al que, días más tarde, acontecería en la Batalla de El Marne, donde la separación entre los ejércitos atacantes permitía aprovechar a los defensores la debilidad en sus flancos y explotarlo. Además, en este caso concreto, Hoffmann contaba con información privilegiada; siendo un fanático de su trabajo, Hoffmann había requerido en el periodo previo a la guerra información sobre los generales zaristas, y había encontrado en el historial de Rennenkampf y de Samsonov una brecha emocional que habría de aprovechar. Ambos generales rusos mantenían una fuerte rivalidad personal que se aproximaba al odio mutuo, desde que, durante la batalla de Mukden, en la Guerra Ruso – japonesa de 1905, Samsonov había presentado una queja formal contra Rennenkampf, provocando la violentar reacción de este, y a una pelea a puñetazos entre ambos.

Hoffmann iba a jugar, por tanto, una arriesgada carta. Usar el enfrentamiento personal en su propio beneficio. Si fracasaba, Rennenkampf tendría camino libre hacia Königsberg, verdadero objetivo del ataque ruso.

Una de las principales ventajas de los alemanes era su excelente servicio ferroviario, dedicado al 100% al traslado de tropas. Dicho elemento había permitido su rápida movilización en los días previos a la Guerra, de tal suerte que en cuatro días fueron capaces de desplegar más de un millón de hombres en la frontera franco-belga. Nuevamente iban a utilizar el ferrocarril con gran éxito, al trasladar un cuerpo de ejército completo (el Primero, bajo el mando del General Hermann von Francois) hacia el sudeste, desplegándolo en pocas horas frente al ala izquierda del Segundo Ejército ruso.

Aleksandr Sansonov, Segundo Ejercito
Hindemburg prefirió mantenerse prudente y guardar dos de los tres cuerpos de ejército que le restaban al norte, en espera de resultados. Si estos eran positivos, marcharían a pie hacia el sur, apantallados por la caballería, y atacarían el ala derecha del Segundo Ejército. El cuarto cuerpo, estaba desplegado al sur, al otro lado del Vístula, frente a la línea de avance de Samsonov, esperando su asalto.

El mando ruso no tenía ni idea del peligro que se cernía sobre sus tropas. Zhilinski había ordenado silencio de radio para que el ataque fuese por sorpresa, pero tras Gumbinnen, se comprobó que los alemanes ya sabían lo que se les venía encima. Se intentó desde entonces el establecer una línea de contacto permanente entre los dos ejércitos, pero tenían graves problemas para establecer una comunicación cifrada correcta. De hecho, cuando el plan de Hoffmann empezó a cobrar forma, Samsonov aun desconocía que Rennenkampf había combatido con el Octavo Ejército alemán en Gumbinnen, y que había necesitado detenerse para reorganizar sus fuerzas.

Para incrementar sus problemas, el deficiente sistema logístico ruso, impedía que Samsonov pudiese garantizar los suministros de su ejército en la región por donde avanzaba. Sus órdenes le obligaban a situarse lo antes posible en la supuesta ruta de retirada del Octavo Ejército alemán, lo que le impedía el asegurar la ruta propia de retirada convenientemente. Así, mientras uno de sus cuerpos se dirigía hacia el norte para tomar Rastemburg, el resto de su Ejército, doce divisiones, avanzaban imprudentemente dentro de la trampa hábilmente tejida por Hoffmann.

Recreadores en plena batalla
El día 25 de agosto, las fuerzas del I Cuerpo Alemán ya se encontraban en posición, al sur del despliegue ruso, frente a la localidad de Usdau. Ludendorff mando órdenes a su comandante, von Francois, para que iniciase el asalto y retomase la ciudad, amenazando el flanco izquierdo ruso. Pero von Francois rehusó, argumentando que sus cañones aun no habían recibido proyectiles para apoyar la maniobra, y que prefería esperar al día 27 para atacar, cuando estuviese completamente preparado.

Sorprendido por la desobediencia de uno de sus generales, Hindemburg ordenó a Erich Ludendorff, quién se hizo acompañar por Hoffmann, visitar urgentemente a Francois y obligarlo a cumplir la orden de ataque. En pocas horas, los comandantes alemanes se presentaron en el Cuartel General del Primer Cuerpo, sólo para recibir de von Francois la afirmación que cumpliría las órdenes en cuanto estuviese preparado. Se le exigió que atacase esa misma tarde del día 25, pero a las ocho de la tarde aun no había iniciado el ataque.

Poco podían hacer Ludendorff y Hoffmann, en viaje de regreso hacia el Cuartel General. Fue durante este trayecto cuando se produjo el suceso que permitiría a los alemanes tomar una decisión definitiva sobre sus planes de batalla. Hoffman recibió dos transmisiones interceptadas por la inteligencia militar del Octavo Ejército. Estaban cruzadas sin cifrar entre los comandantes del Primer y Segundo Ejércitos rusos. En ellas, torpemente, Rennenkampf revelaba sus posiciones y líneas de avance, que le alejaban de la línea de ataque de Samsonov. Para completar la información, Samsonov detallaba su plan en el segundo mensaje. Habiendo topado con el XX Cuerpo Alemán en el Vístula, fuertemente atrincherado, fue rechazado el día 24 en la Batalla de Orlau-Frankenau; por ello, había decidido girar su ataque hacia el norte con el objetivo de cortar la retirada del Octavo Ejército Alemán en Tannenberg.

Con una idea clara de los planes rusos, al Estado Mayor del Octavo Ejército no le quedaba más que poner en marcha los suyos.

Tropas de la 36.ª División Rusa
Aun así, Ludendorff sospechaba de una trampa. Fue, por tanto, una decisión personal del General Hindemburg, atendiendo a los antecedentes de rivalidad de sus contendientes, adaptar sus planes a las noticias interceptadas, el enviar sus tropas al sur. Lo primero de todo, se curso mensaje a von Francois indicándole que podía retrasar el inicio de su ataque sobre Usdau al día 27, permitiéndole así contar con su artillería. Mientras, los dos cuerpos situados más al norte, avanzarían sobre Tannenberg, lo sobrepasarían hacia el este y atacarían el flanco derecho del Segundo Ejército ruso.

Finalmente, el I Cuerpo atacó Usdau al amanecer del día 27 de agosto. La sorpresa fue total, y el éxito rotundo; al atardecer sus tropas conquistaban Soldau, cerca de la frontera rusa, cortando las líneas de retirada y suministro del Segundo Ejército.

A pesar del éxito, Ludendorff seguía temiendo que Rennenkampf cambiase de opinión y dirigiese su ejército hacia el sur para ayudar a Samsonov, lo que dejaría en situación delicada al Octavo Ejército Alemán. En prevención de esta posibilidad, curso órdenes a von Francois para que, una vez había logrado sus objetivos principales, se dirigiese hacia el norte para contactar al Primer Ejército ruso. Pero von Francois, que veía que su rivalidad con Ludendorff le alejaba del éxito, desobedeció nuevamente una orden directa, y giró su cuerpo hacia el oeste para atacar directamente a Samsonov desde su retaguardia.

Mientras, los Junker prusianos, viendo que sus terrenos caían en manos rusas y viendo la gran amenaza que se cernía sobre Königsberg, elevaron sus voces sobre la delicada situación del frente. Moltke, siempre indeciso y temeroso, rompió nuevamente las líneas maestras del Plan Schlieffen, y mandó hacia el este una división de caballería y tres cuerpos de ejército adicionales. El envío era considerado innecesario por el mando del Octavo Ejército, que conocía los entresijos del Plan Schlieffen y sabían que estas tropas serían necesarias para conquistar París. Cursaron respuestas explicando que la situación estaba controlada, que no necesitaban esos refuerzos, pero ya era tarde.

De hecho, estas nuevas fuerzas no tendrían presencia en la Batalla que comenzaba. Los rusos profundizaron más en la trampa hábilmente tejida por Hoffmann; el Jefe de Estado mayor ruso, Zhilinski, recibió informes que le indicaban que una masa de soldados alemanes se dirigía al sur. Interpretó erróneamente los acontecimientos, y ordenó a Rennenkampf apresurar su ataque sobre Königsberg, informándole que había pocas tropas en su camino. Esta decisión impedía definitivamente cualquier posibilidad de reforzar a Samsonov. Y para rematar el error, y ante los problemas en la recepción de mensajes cifrados, emitió la orden sin cifrar, siendo interceptada el día 28 de agosto por Hoffmann.

Inmediatamente, Ludendorff cursó órdenes para que los dos cuerpos enviados desde el norte se trabasen en batalla con el VI Cuerpo ruso, que avanzaba hacia el norte. El choque ocurrió en Bichofsburg, resultando desastroso para los rusos, que se retiraron en desorden.

Con todos los datos sobre la mesa, Ludendorf envió al cuerpo de Mackensen desde Bichofsburg hacia el sur, para unirse al asalto desde la retaguardia del díscolo von Francois. El día 29 de agosto, los cuerpos alemanes chocaban con la retaguardia rusa en Willemberg, derrotándola y cercando al Segundo Ejército por completo.

Prisioneros Rusos
Cuando Samsonov tuvo constancia de los acontecimientos, ya era demasiado tarde. Dándose cuenta que su única posibilidad era romper el cerco retirándose hacia su línea de suministros, cursó órdenes el mismo día 29 a sus cuerpos de atacar en dirección a Willemberg. Pero sus fuerzas estaban demasiado dispersas y cortas de suministro y el VI cuerpo había sido destruido. Consecuencia de ello fue la rendición en masa de las fuerzas rusas. El 30 de agosto, tan sólo algunos contraataques locales consiguieron el objetivo de forzar la retirada. El resto fueron fracasados y, consecuentemente, el Segundo Ejército se rindió.

Las cifras del desastre fueron enormes. Sólo 10.000 rusos escaparon del desastre. Del resto, unos 35.000 murieron y el resto fueron capturados. A los alemanes tan sólo les costó 20.000 bajas la destrucción del Segundo Ejercito.

LA BATALLA DE LOS LAGOS MASURIANOS:

Tropas rusas en Prusia Oriental
Cuando Rennenkampf recibió las noticias del desastre del Segundo Ejército en Tannenberg, había avanzado su ejército por la región de Masuria hacia Königsberg, y se encontraba en una situación delicada. Había topado con las caballerías del Octavo Ejército y apenas había conseguido desalojarlas cuando observó que su situación podría tornarse dramática si seguía las órdenes de Zhilinski.
Inmediatamente, cursó órdenes para replegar su ejército a un punto más seguro, en dirección a los puertos del Báltico y Angerburg. Su objetivo era retirar su ejército en espera de refuerzos, aunque no había reservas rusas disponibles, ya que estaban implicadas en la Campaña de Galitzia.

Mientras, y destruido completamente el Segundo Ejército, Hindemburg ordenó a Ludendorff desplazar el Octavo Ejército alemán nuevamente al norte, lo más rápidamente posible. Para el día 7 de septiembre, las fuerzas alemanas ya estaban en disposición de ofender las fuerzas de retaguardia de Rennenkampf. Los combates empezaron de inmediato, pero las desmoralizadas unidades rusas no aguantaron y huyeron rápidamente.

Hindemburg y Ludendorff. Estado Mayor Alemán.
No obstante, no fue hasta el día 9 de septiembre cuando Rennenkampf, viendo que podía quedar completamente rodeado, ordenó la retirada a la línea Instenburg – Angerburg, cerca de la frontera. Para cubrirse, inició una serie de sangrientos contraataques locales, que retrasaron las alas del ejército alemán.

Ludendorff ordenó a sus generales de cuerpo acelerar la operación de cerco, pero las bajas sufridas en los combates y cierta lentitud en aplicar las órdenes permitió que el 11 de septiembre comenzase la retirada general rusa. El día 14, combatiendo a su retaguardia, los supervivientes del Primer Ejército abandonaban Prusia Oriental.

En una semana de combates habían dejado atrás a 125.000 camaradas, la mayoría prisioneros, y la mayor parte de su equipo pesado.

La aventura rusa en Prusia Oriental había durado tres semanas, con un coste enorme. Unos 50.000 rusos murieron y otros 175.000 resultaron capturados. Tan sólo unos 60.000 consiguieron alcanzar la seguridad de su frontera. Se perdieron unos 1.000 cañones, e infinidad de carros, caballos, etc. El General Samsonov murió el día 30 de agosto, al suicidarse tras el desastre acaecido. Su cuerpo, recuperado por los alemanes, sería enterrado con honores militares.


Ningún Ejército ruso volvería a entrar en suelo alemán hasta 1945.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

ARTÍCULO 9.- (MOVILIZACIÓN) LA BATALLA DECISIVA: LA PRIMERA BATALLA DE EL MARNE

Movimientos en El Marne y posteriores
Como ya hemos hablado en artículos anteriores, ambos bandos iniciaron el conflicto con el objetivo de conseguir la Batalla Decisiva que les proporcionase una victoria rápida y contundente. Ninguno se percató que el rostro de la guerra había cambiado, y realizaron una guerra de movimientos, que según el bando resultó bien o desastrosamente.

Los movimientos franceses en la frontera alemana resultaron desastrosos, provocando que sus fuerzas fuesen vapuleadas y desmoralizadas. Los movimientos alemanes, con algunos problemas, resultaron exitosos, de tal suerte que a primeros de septiembre, cuando se cumplía el primer mes de la guerra, se encontraban situados con dos de sus ejércitos entre el grueso del Ejército Francés y la capital francesa: París.

Para contenerlos, el Comandante en Jefe francés, Joseph Joffré, sólo contaba los restos desorganizados del derrotado Quinto Ejército Francés y las escasas fuerzas del Sexto, que guarnecía la región de París… Todo planteaba que la Gran Batalla de su Era, la Batalla decisiva que decidiría la preponderancia Europea para los próximos decenios, estaba a punto de producirse, y que el resultado estaba ya decidido de antemano.

Tropas francesas en el sector de El Marne
El día 3 de septiembre, Alexander von Bluck, comandante del Primer Ejército alemán, recibió órdenes de girar hacia el oeste para rodear París desde el norte. Mientras, el Segundo Ejército alemán, del general Kärl von Bülow, presionaría a las fuerzas francesas desde el río Aisne, para cruzar el Marne y amenazar París directamente desde el este.





La situación era tan desesperada que el gobierno francés decidió trasladarse a Burdeos, en la esperanza de poder negociar desde allí las condiciones para un armisticio.

Joseph Gallieni - Gobernador Militar de París
Pero Joseph Joffré, que tan obcecado había sido en su defensa del Plan ofensivo XVII, se mostró decidido a no ceder la victoria a los alemanes fácilmente. Pensando, a pesar de los desastres acaecidos, que la ofensiva es la mejor forma de defender, atacar antes de que te ataquen, sin descanso, mandó órdenes y misivas decisivas el día 4 de septiembre.

La primera, dirigida al Gobernador Militar de París, General Josepf Gallieni, le ordenaba juntar las fuerzas disponibles, tomar el mando y atacar al segundo ejército alemán antes de que este desbaratase lo que quedaba delante de el.

La segunda, y no menos importante, fue la petición formal de ayuda a Lord Kitchener, Ministro de la Guerra británico, para que este presionase a Sir John French, el Comandante de la Fuerza Expedicionaria Británica, para que se uniese a los ataques desde el norte.

La tercera, al General Manoury, comandante del Sexto Ejército francés, que contaba con unos 150.000 hombres, para atacar el flanco derecho alemán.

Tropas Alemanas preparan un asalto
La batalla comenzó el día 6 de septiembre, cuando los soldados franceses avanzaron entre el primer y segundo ejércitos alemanes, abriendo entre ellos una brecha de unos 40 kilómetros.

Por dicha brecha, atacaron coordinadamente el BEF y el Sexto Ejército francés, quién se arrojó sobre el ala derecha del Segundo Ejército en el eje Nantouil-le-Haudouin a Meaux. El día 7 de septiembre, la batalla se tornó brutal, con las unidades alemanas asaltando las posiciones francesas, y estas contraatacando sin pausa. Más de una vez los alemanes estuvieron muy cerca de romper las defensas francesas; de hecho, sólo la intervención de la población parisina, en concreto de los taxistas de París, que se movilizaron para transportar reservas desde la Guarnición de la ciudad a la línea del frente, en un movimiento sin precedentes, evitó la ruptura definitiva.
Los refuerzos llegados fueron decisivos, no tanto por su número, sólo unos 6.000 soldados, como por el efecto moral que supuso su intervención.
Los Taxis de París - Héroes Populares
La derrota del Sexto Ejército llegó el día 9 de septiembre. Agotado, se retiró tras la línea del Río Marne, buscando algo de seguridad para sostenerse en batalla.

Al acudir en su persecución, von Kluge cometió un error fatal. La brecha entre su Ejército y el Primero creció, hasta una distancia de 50 kms. En ese momento, 9 de septiembre, el General Franchet D’Esperey, nuevo comandante del Quinto Ejército, vapuleado en la retirada desde Charleroi hacia el Aisne, inició el asalto contra el flanco alemán. La fuerza del ataque se fue diluyendo en los días posteriores, pero el Alto Mando alemán consideró los riesgos y ordenó el día 12 de septiembre la retirada del Segundo Ejército y el repliegue del Primero, para juntarse y volver a avanzar conjuntamente.

Llegando al frente
La retirada fue tan lenta como el avance aliado. Cuando los ejércitos alemanes consiguieron juntarse, cinco días más tarde, se habían retirado unos 50 kms. Iniciaron nuevos ataques sobre las fuerzas aliadas en persecución, pero fue ya imposible para ninguno de los bandos el romper las defensas de su rival.

Sometidos ambos bandos a intensos bombardeos artilleros que diezmaban sus filas, se vieron obligados, por primera vez, a cavar trincheras para guarnecerse del mal tiempo y de los bombardeos. No sabían aun que permanecerían en ellas durante cuatro largos años.

Aunque la victoria estratégica de la Primera Batalla del Marne correspondió a los aliados, no consiguieron, ni mucho menos, la victoria decisiva que anhelaban. El Plan Schlieffen había fracasado. El Plan XVII había fracasado. No existían planes de batalla alternativos en los Altos Mandos Militares de Francia, Inglaterra y Alemania. El futuro de la guerra se habría en un interrogante constante. ¿Qué hacer ahora?. ¿Aguantarían las maltrechas economías post victorianas el efecto de una larga guerra?.

Las bajas de la batalla fueron gigantescas. Los franceses, que implicaron en la batalla unos 450.000 hombres, sufrieron cerca de 250.000 bajas, incluyendo 80.000 muertos. La BEF sufrió casi 13.000 bajas, el 10% de su fuerza total. Los alemanes, con dos enormes ejércitos y 600.000 hombres en sus filas, sufrieron bajas similares a las francesas.



Con la Batalla del Marne acaba la guerra de movimientos, la Movilización en el Frente Occidental. A partir de entonces nació el estancamiento, las ofensivas por metros de terreno, las trincheras y las enfermedades. También las ideas geniales para romper el estancamiento, las armas de destrucción masiva, los tanques, … Después del Marne comenzó, realmente, la Primera Guerra Mundial.

viernes, 5 de septiembre de 2014

ARTÍCULO 8.- (MOVILIZACIÓN) OFFENSIVE AUTRANCE*. LA BATALLA DE LAS FRONTERAS:

Como vimos en anteriores artículos, el plan francés, ideado por el Mariscal Joseph Joffré, y denominado PLAN XVII, estaba basado en la idea de la preponderancia moral del soldado francés sobre el alemán.

La idea desarrollada por Joffré incluía el renunciar a una defensa intensa contra el ala derecha alemana, para concentrarse en una Ofensiva Constante* en el sector central (el Bosque de las Árdenas) y el ala derecha francesa, buscando el objetivo de expulsar a los alemanes de Lorena y Alsacia, las dos provincias perdidas en el curso de la Guerra franco-prusiana de 1870. Basándose en la idea del Elán, del espíritu de lucha intrínseco al soldado francés, que tanto había dado a Francia en otras épocas, ya lejanas, inflamado por el magnífico aspecto de sus hombres, embutidos en el clásico uniforme de Casaca azul y Pantalón rojo, tan característico de Francia y de su Ejército, Joffré ordenó el ataque a los ejércitos del frente.

Cuando la masa de fuerza alemana penetró en Bélgica, los franceses iniciaron sus movimientos para situarse en el área entre el Bosque de las Árdenas, en Bélgica, y a lo largo de toda la frontera de Alsacia y Lorena, hasta Suiza. Joffré jugaba con la creencia que los belgas lucharían, retrasando el avance alemán para permitir la llegada de los aliados británicos, mientras su ejército conseguía una victoria decisiva aplastando a los débiles ejércitos alemanes desplegados en estas Regiones.

Los primeros en penetrar en el Sagrado Suelo de La Alsacia fueron los hombres del VII Cuerpo francés, del General Louis Bonneau, quienes avanzaron el día 7 de agosto desde la frontera y tomaron sin oposición la Ciudad de Mulhouse. Este acontecimiento fue considerado un gran éxito; se acababa de conquistar la segunda población en tamaño de Alsacia, liberando a decenas de miles de ciudadanos franceses. La conquista fue celebrada tanto por el Estado Mayor como por la población y políticos parisinos, que veían en ella la primera piedra de un rápido y decisivo avance sobre los territorios perdidos.

Asalto de fuerzas francesas
Esta “celebración” fue el bosque que impidió ver a los mandos franceses la realidad. Las fuerzas del 8º Ejército Alemán se habían retirado siguiendo órdenes, a la espera de nuevos refuerzos. El día 8 recibieron órdenes de lanzar su contraataque, mientras los franceses se preparaban para girar su ataque hacia el norte, hacia la ciudad de Colmar, cerca del Rhin. El contraataque fue iniciado con tropas de refresco el día 9, y sorprendió a las fuerzas francesas, que se retiraron en desorden, perdiendo nuevamente Mulhouse, y sufriendo importantes bajas.

La pérdida de Mulhouse será considerada una humillación por el alto mando francés. Sin tener en cuenta el enorme riesgo de la estrategia seguida, Joffré sólo fue capaz de observar que la ciudad se había perdido y que las tropas del General Bonneau se habían retirado derrotadas, sin analizar las deficiencias que su propio mando había provocado, tales como la falta de reservas y refuerzos, o el retraso en enviarlos a la primera línea, podía haber supuesto el cerco y destrucción de las fuerzas francesas implicadas.

En consecuencia, Bonneau fue destituido del mando, que pasó a manos del General Paul Pau.

Días después, el ejército francés intentó forzar nuevamente los accesos a Mulhouse, pero la situación se había vuelto ya imposible. El 19 de agosto el asalto fracasó, y la falta de recursos, implicados en el resto de los frentes de la Batalla de las Fronteras, impidió más progresos.

La línea de ataque se desplazó a partir del día 14 de agosto hacia La Lorena, en la línea Saarburg-Morhange, más directa para alcanzar el verdadero objetivo: Strasbourg.

Dibujo idealizado de un asalto francés en Morhange
La Batalla de La Lorena fue el enfrentamiento principal de la Batalla de las Fronteras, y punto clave del Plan XVII francés. Se implicaron en los combates el I Ejército de Auguste Dubail, y el II Ejército de Noel de Castelnau, dos de los más prestigiosos generales franceses, dirigidos personalmente por Joseph Joffré. Casi cuatrocientos mil hombres que buscaban penetrar el corazón de la provincia emblema de las pérdidas francesas de 1870. Se valoraba que estas fuerzas serían suficientes, ante la supuesta debilidad del ala izquierda alemana… La perspectiva francesa era simple; si el ala derecha alemana tiene un millón de hombres, la izquierda debe estar prácticamente vacía, atendiendo a que preveían una movilización máxima de 1.200.000 alemanes.

La realidad era muy diferente. El Kaiser había insistido para que la defensa de esas emblemáticas provincias correspondiese a miembros de la nobleza imperial, demostrando así la importancia que le daba a la misma. De tal suerte, asignó dos ejércitos a la defensa de La Lorena, el VI y VII, bajo el mando del Príncipe Ruppretch de Baviera y del General Josias von Heeringen, con más de 300.000 hombres. Una fuerza muy superior a la que Joffré esperaba enfrentar.

El objetivo era avanzar desde la ciudad de Nancy, con el Primer Ejército Francés avanzando en fuerza hacia Saarburg, ciudad fuertemente defendida al este de Nancy, y con el Segundo Ejército Francés avanzando hacia Morhange.

Observador francés en Alsacia
El Príncipe Ruppretch preparó una estrategia muy hábil. Ocultó sus principales fuerzas, y simuló una retirada con la línea de vanguardia, a fin que Joffré pensase que la “Offensive Outrance” triunfaba, que su estrategia conseguía el éxito. Cuando los ejércitos franceses veían los objetivos a su alcance, Ruppretch ordenó contraatacar a sus fuerzas ocultas, apoyadas por ametralladoras y una gran cantidad de piezas de artillería, que descompuso las líneas francesas. Tal fue el éxito de Ruppretch, que solicitó autorización al Estado Mayor Alemán para lanzar una gran ofensiva en el sector. Implicar más tropas en la contraofensiva del Príncipe Ruppretch suponía retirar reservas del avance principal en el ala derecha, lo que contradecía las ideas planteadas en el Plan Schlieffen. Aun así, el Jefe de Estado Mayor Alemán, Moltke, autorizó la ofensiva. Ruppretch ordenó el día 20 iniciar un gran asalto que tomó por sorpresa a las fuerzas de Castelnau, que sin atrincheramientos ni apoyos, se retiraron en desorden hacia la frontera francesa. Nancy estaba seriamente amenazada.

Este ataque obligó al ejército de Dubail, el Primero, a retirarse de Sarrebourg hacia Nancy, dejando al XX Cuerpo del General Ferdinand Foch, futuro Generalísimo del Ejército Francés, para defender la ciudad y continuar la retirada.

El 22 de Agosto, sólo ocho días después de iniciar su ofensiva, los franceses se habían retirado a Francia, a la línea de fortalezas Belfort-Epinal-Tour. Desmoralizados, con una brecha enorme en sus líneas que Joffré intentaba sellar de cualquier forma posible, se enfrentaban a un ejército alemán enfervorecido, y a un comandante dispuesto.

El Príncipe Ruppretch solicitó nuevamente refuerzos para romper la línea del Epinal. Bajo presión imperial, Moltke retiró nuevas reservas del ala derecha, ignorando otra vez el Plan Schlieffen, para asignarlas a la gran ofensiva, iniciada el 26 de Agosto. Sin embargo, la defensa en un área densamente boscosa, resultó efectiva, y los alemanes apenas consiguieron ganancias territoriales a un alto coste humano. La ofensiva se detuvo el día 28, pero su peso resultaría vital en los acontecimientos que debían venir. Las 26 divisiones utilizadas en la contraofensiva por los alemanes serían vitales en la gran batalla que se vislumbraba en el avance del ala derecha.

Al mismo tiempo, en Bélgica, en el Bosque de las Ardenas, y con Joffré presionado por el desastre de sus ofensivas en Alsacia y Lorena, y en la creencia, nuevamente falsa, que si los alemanes habían concentrado sus ejércitos en los flancos derecho e izquierdo, en el centro deberían ser débiles, ordenó a los ejércitos Tercero y Cuarto avanzar por el Bosque de las Ardenas, en Bélgica, siguiendo la línea de avance entre Virton y Nefchateau. Nuevamente, a partir del día 21 de agosto, y mientras las fuerzas francesas se retiraban hacia Nancy en la Lorena, buscó la batalla decisiva.

Y nuevamente, de forma errónea, consideró débiles a las fuerzas situadas en la zona, los 4º y 5º Ejércitos Alemanes, bajo el mando de Alberto de Wüttemberg y del Príncipe Heredero de Prusia.

Como Joffré quería tener la sorpresa total en su asalto, prohibió los reconocimientos previos, lo que dejó a sus fuerzas completamente a ciegas. Para complicar más la situación, el avance se realizó en medio de una densa niebla, lo que provocó que ambos bandos se encontrasen de repente, ya que no sólo los franceses avanzaban, si no que los alemanes también habían comenzado a desplazarse. Sin saber que se enfrentaban a una fuerza superior, los franceses se dispusieron al combate. A lo largo de todo el día se produjeron escaramuzas entre las vanguardias de ambos ejércitos, sin que ninguno obtuviese una ventaja real.

Tiradores alemanes en el Bosque de las Ardenas
El 22 de agosto amaneció despejado. Sin niebla que las protegiese, las divisiones francesas se lanzaron al asalto, ignorando aun que se enfrentaban a fuerzas superiores. Mandados por el General Ruffey y embutidos en sus uniformes rojos y azules, los soldados franceses avanzaron por el Bosque de las Ardenas con valor y fueron destrozados con valor. En ninguno de los cuatro ejes de avance principales se consiguió ganancia alguna, y muchas unidades fueron aniquiladas por las ametralladoras y cañones alemanes. Las unidades francesas sufrieron ese día más de 35.000 bajas, con algunas divisiones, como la Sexta División de las Colonias, prácticamente destruidas por completo.

Los franceses estaban agotados y desmoralizados. Ruffey se encontraba enzarzado en una bronca constante con el Estado Mayor, que le ordenaba continuar el ataque, a lo que el, en buena lógica, se negaba, apostando por montar una línea defensiva para contener el previsible ataque alemán. Y en ese ambiente, el día 23, los alemanes atacaron con fuerzas muy superiores.

Las órdenes de Joffré indicaban que debían resistir a cualquier costa, pero las unidades se encontraban en muy mal estado y sin reservas estratégicas (el Quinto Ejército, reserva general, como ya vimos anteriormente, fue destrozado en Charleroi), fueron incapaces de confrontar el ataque alemán, retirándose en desorden hasta la línea segura del río Moselle.

La Batalla de las Fronteras había sido un fracaso absoluto de las fuerzas francesas, que siguiendo las directrices del Plan XVII, habían lanzado a la ofensiva a unos 750.000 hombres, asumiendo enormes bajas (sólo en el sector de las Ardenas sufrió 40.000 muertos y el doble de heridos) y dejando a sus fuerzas a merced del movimiento de pinza del ala derecha alemana.

La estrategia cuidadosamente planteada por Joffré había fracasado completamente, y ahora enfrentaba la destrucción de sus fuerzas. No parecía haber solución, la derrota asomaba pronta, con los alemanes a escasos kilómetros de la capital francesa, a punto de separar sus fuerzas de París. Pero aun tenían que cruzar el Río Marne…


Batalla de Haelen
P. D.: Como referencia para el lector, se incluye también dentro de la Batalla de las Fronteras un enfrentamiento producido en la Ciudadela de Haelen entre la caballería belga y las fuerzas alemanas, que mostró el enorme valor de las pequeñas fuerzas armadas belgas, consiguiendo una sorprendente victoria. No obstante, este acontecimiento apenas tuvo peso específico en el grueso de la batalla, al ser un suceso independiente, y ante la magnitud del desastre francés.

jueves, 14 de agosto de 2014

ARTÍCULO 7.- LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS. VEN Y MIRA

PREÁMBULO:

Inicialmente redacté este artículo como cumbre final a los que, a lo largo de los próximos meses, iré publicando, reflejando las diferentes caras de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, tras escribir los preámbulos y los primeros choques de tropas, apenas poco más que escaramuzas comparado con los gigantescos choques de ejércitos que están por llegar, me he dado cuenta que con este artículo, “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis”, os presento realmente el camino que vamos a seguir… Hablamos en el artículo de enfermedades que veremos más adelante en detalle, de los nombres de localidades que pasarán a la Historia por los terribles acontecimientos que en ellas se desarrollaron; de armas malignas que trataremos individualmente en su momento…

Por ello, he querido que vieseis las consecuencias de la Guerra, su desarrollo, brevemente contado, como paso previo a lo que va a venir.

Comentar, antes de dejar paso al artículo en si mismo, que a partir de ahora dividiremos la Guerra en Cuatro grandes Bloques: El primero “MOVILIZACIÓN” es el que estamos viendo en estos momentos, y llegará hasta finales de 1914. El segundo, “ESTANCAMIENTO”, cubrirá la Guerra de Trincheras de 1915 y 1916, con las gigantescas batallas del Somme y Verdún. El tercero, “APOCALIPSIS”, contará los enormes y brutales choques que llevaron al final de la Guerra. Y el cuarto, “CAPITULACIÓN”, tratará el Tratado de Versalles y las consecuencias del conflicto.

Espero disfrutéis de “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis” tanto como yo escribiéndolo.

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LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS. VEN Y MIRA:

Nunca en la Historia de la Humanidad, los cuatro jinetes descritos en el Apocalipsis de San Juan estuvieron tan claramente presentes ni representados. Durante cuatro años largos, cabalgaron a sus anchas por toda Europa, cosechando vidas para completar una larga lista de seres humanos, arrastrados a los infiernos a consecuencia del conflicto.

De hecho, el novelista español Vicente Blasco Ibáñez escribió en 1916 su novela “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis”, basada justo en los acontecimientos que daban partida a la Primera Gran Guerra Mundial, desde el punto de vista de un personaje de un país neutral. El éxito de la novela se demuestra en que fuese adaptada al cine en dos ocasiones, la primera en 1921 (The Four Horsemen of Apocalypse; dirigida por Rex Ingram) y la segunda, y más conocida, en 1962, dirigida por Vincent Minelli y protagonizada por Glenn Ford.

En el presente artículo, aprovecharemos los párrafos de apertura de los cuatro primeros sellos del Apocalipsis para explicar las circunstancias, consecuencias y cifras que desencadenaron los Jinetes en su cabalgada por Europa.

Ven y Mira.


Firmantes del Tratado de Versalles
EL PRIMER SELLO: LA VICTORIA: Cuando abrió el primer sello, oí al primer ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré y vi un caballo blanco, y el que montaba sobre él tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió vencedor, para vencer.
Ap. 6,2

El objetivo fundamental de todos los contendientes era conseguir una victoria rápida y decisiva, que ratificase su dominio en Europa y el Mundo. Se busco dicha victoria de todas las formas posibles, aunque por desgracia para los que vivieron estos acontecimientos, la batalla decisiva nunca llegó, y la guerra se alargó durante cuatro sangrientos años.

Finalmente, la Victoria correspondió a las naciones de la Entente, apoyadas por Japón, Estados Unidos e Italia, aparte de otras potencias menores, debido al desgaste brutal que supusieron esos cuatro años de conflicto para las economías y sociedades contendientes, y muy especialmente para las de los Poderes Centrales. La Victoria pudo suponer, y ese era el objetivo de los ganadores, la erradicación de la Guerra. Tal era el testimonio de muerte y destrucción que el periodo 1914-1918 llevó a Europa, que las naciones estaban hartas de tanto horror.

Por tanto, se habló inicialmente de eliminar cualquier posibilidad de que esta historia se repitiese. Pero se cayó en el error de la venganza.

Francia, rencorosa ante su rival Alemania, impulsó una cantidad excesiva de sanciones y reparaciones de guerra sobre Alemania, en un entorno de una tremenda depresión económica, que serían el germen de un mayor rencor y que desencadenaría una brutal venganza pasados unos años. El tremendo error que supusieron las condiciones de la Capitulación Alemana, firmada el 28 de junio de 1919 en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles (ver Tratado de Versalles), que no tuvieron en cuenta las enormes necesidades de la sociedad alemana, si no que hicieron que sobre ella recayese todo el peso de la reconstrucción de Europa, la presión económica, sin perdón posible, con pérdidas y cesiones territoriales. 
Esto provocó que se elevase en Alemania un clamor popular, que sería aprovechado en la década de los años veinte, y especialmente a comienzos de los treinta, para que el Nacional Socialismo alemán, encabezado por el excombatiente en la primera Gran Guerra, Adolf Hitler, se hiciese con un grueso de votantes, cada vez más asfixiados social y económicamente, que le permitirían llegar a la Cancillería del Estado alemán e imponer su régimen de terror.

Consecuencia final de esas condiciones y de la falta de previsión de los ganadores sería, no sólo el que la Guerra no se erradicase, si no que se provocase el mayor conflicto militar sufrido en la Historia: La Segunda Guerra Mundial.
Estados Unidos, triunfante en la Guerra, que emergía como una gran potencia económica y militar en un Nuevo Mundo, se vio inmersa en un periodo aislacionista y proteccionista, con su economía prácticamente en bancarrota tras la Gran Depresión.

Francia no supo aprovechar su ventaja como principal ganador de la guerra. Los problemas políticos y económicos, y el miedo a la recuperación alemana, le hicieron ser débil, lo que provocaría que Alemania se creciese y volviese a ajustar las cuentas en 1940.

Gran Bretaña vio amenazado su estatus como gran potencia en el mundo. Estados Unidos y Japón le competían navalmente. Lo que le llevó a buscar su propio beneficio, olvidando su labor de policía del mundo.

Al final… La Victoria se tornaría terrible y amarga.


EL SEGUNDO SELLO: LA GUERRA: Cuando se abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: "Ven y mira". Entonces miré y salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió el quitar la paz de la tierra para que se degollasen unos a otros; y se le dio una gran espada.
Ap. 6,3-4

La guerra cabalgó a sus anchas por Europa y otros lugares del Mundo entre 1914 y 1918. Una cabalgada sin fin, libre de ataduras, descubriendo nuevos instrumentos para que los hombres, a los que manejaba como marionetas, se matasen ya no a cientos, si no por cientos de miles, en la mayor carnicería que había conocido la Humanidad.

Aunque el comienzo de la Guerra lo marcó la inconsciencia sobre el monstruoso ser al que enfrentaban, los enormes choques frontales de 1914, con cientos de miles de muertos, y el enorme poder destructor de las primeras armas introducidas en la Guerra (nuevos cañones y ametralladoras), obligó a los hombres a reconocer el verdadero y brutal rostro de esta guerra, y atrincherarse en una gigantesca red de trincheras, que en el Frente Occidental abarcaba más de 500 kms., desde el Canal de la Mancha hasta Suiza.

La necesidad de buscar la ansiada Batalla Decisiva, y la ineficacia para conseguirlo mandando a cientos de miles de soldados a la carnicería, abrió la Guerra a nuevas y terribles técnicas que buscaban romper el bloqueo en que se encontraban, y quebrar la moral del enemigo… Armas de destrucción masiva, aviones, submarinos, bombardeos a ciudades, tanques, lanzallamas, … dieron a esta guerra una nueva perspectiva, una nueva y renovada mirada, más terrible y catastrófica que cualquier rostro que una guerra anterior hubiese tenido.

La enorme magnitud de las batallas, de las desastrosas ofensivas que plagaron el conflicto, fue otro sello particular de esta guerra. Por primera vez, no se movían ejércitos de unas decenas de miles de soldados, si no que cada asalto estaba iniciado por cientos de miles de ellos. La Guerra dejaría nombres de lugares, donde se cobrarían dimensiones catastróficamente grandes, y que pasarían a la posteridad por su duración y enorme número de pérdidas, y no por la victoria que vendría tras ellos: El Marne, Tannenberg, Galitzia, Yprés, Passchendale, Verdún, El Somme, El Isonzo, Arrás, Gallipolli…

Un camino de sangre, recorrido a lomos de un caballo rojo, y que cuando las aguas se calmasen, sólo serviría para que asumiese su nuevo rostro y cuando tuviese pleno conocimiento de su recién adquirido poder, volviese a salir acompañado de la mayor devastación jamás conocida.


EL TERCER SELLO: EL HAMBRE: Cuando se abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: "Ven y mira". Miré, y vi un caballo negro. El que lo montaba tenía una balanza en la mano.
Ap. 6,5
Y oí una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: «Dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario, pero no dañes el aceite ni el vino»
Ap. 6,6

Fila para el racionamiento de alimentos
Toda guerra lleva parejo el sufrimiento de las sociedades que las afrontan. Sufrimiento no sólo por ver a hijos, hermanos, maridos, padres, ser engullidos por las fauces del temible ser que cabalga el Caballo Rojo, si no por el hecho de cómo afecta dicho conflicto a la economía, a la sociedad, a los abastecimientos.

Las sociedades post-victorianas que entran en conflicto son aun sociedades dispares, con grandes desequilibrios sociales y económicos, y grandes conflictos internos. La Revolución Industrial se encontraba en sus últimos pasos, pero aun no había terminado de implantarse en todos sus términos en varias de las sociedades contendientes.

La situación era tal, que en muy poco tiempo, iniciada la Guerra, se pudo contemplar que la mayor parte de las Naciones eran incapaces de garantizarse su propio abastecimiento vital. Y llegaría el Hambre.

Alemania sufrió un bloqueo naval por parte de Gran Bretaña que hizo que la mayor parte de sus importaciones de alimentos se perdiese. Por tanto, hubo que sobrevivir con lo que se era capaz de conseguir, de las zonas conquistadas, de sus aliados, y de los neutrales que querían comerciar con ellos. Aunque el Ejército tuvo buenos abastecimientos la mayor parte de la Guerra, en Alemania comenzó pronto el racionamiento. El hambre en las ciudades alemanas llevaría a la debilidad de los seres humanos que las habitaban, y por ello a que la enfermedad (especialmente las epidemias de gripe que golpearían Europa) hiciese estragos. Finalmente, la hambruna se convirtió en endémica en 1918, y fue uno de los motivos que propiciaron la Capitulación alemana.

Francia fue tremendamente sacudida por el Hambre. Sorprendentemente, ya que no tenía un bloqueo y recibía suministros de naciones vecinas, su logística era tan rudimentaria que ni siquiera conseguían hacerlos llegar al frente. El Hambre que pasaban las tropas fue uno de los motivos del Motín del Ejército francés en 1917, aunque no sólo el ejército pasó hambre. Al final de la guerra, con la ayuda americana, las cosas mejoraron, aunque el hambre ya había hecho su labor.

Rusia fue otro de los combatientes sacudido por el hambre. En un país al borde de una revolución, donde el conflicto social era inevitable, con enormes distancias que recorrer, el Ejército y la población estaban imposibilitados de recibir los mínimos suministros para mantenerlos en un estado de funcionamiento digno. Sin suficientes armas, los alimentos resultaron casi hasta secundarios para los encargados de la logística, lo que llevó el hambre a cientos de miles de soldados rusos. Y la población sufrió tanto o más… Especialmente desde la caída del Zar, ya que el Gobierno Provisional fue un Caos completo, que precedió a la Revolución de Octubre de 1917, y a la salida de la guerra de Rusia, hambrienta, deshecha, sólo para sumergirse en un conflicto civil de dimensiones gigantescas.

Austro-Hungría, el Imperio Otomano, Italia, Serbia, Bulgaria… todos sufrieron la calamidad del Hambre… todos sufrieron la Guerra… Todos sufrieron terribles epidemias… todos verían cabalgar al último jinete como la encarnación pura de la unión de los anteriores…



EL CUARTO SELLO: LA MUERTE: Cuando se abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía: "Ven y mira". Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre La Muerte, y el Infierno lo seguía: y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, por hambre, por enfermedad y con las fieras de la tierra.
Ap. 6,7-8
Y cabalgó como nunca había cabalgado antes en la Historia de la Humanidad… Y el infierno le seguía… y el hambre, y la enfermedad, y la represalia, y el terrorismo de Estado, y la masacre, y la perdición de los hombres.
Los números de la maldición que extendió el Cuarto Jinete por el Mundo entre 1914 y 1918 son sencillamente apabullantes.
Las fuerzas militares enfrentadas, que salvo los esfuerzos hechos en el desarrollo de armas que les permitiesen romper la situación de estancamiento constante en que se desarrolló el conflicto (y que veremos en posteriores artículos), sólo conocían la posibilidad de avanzar lanzando hacia el enemigo a cientos de miles de hombres, sufrieron enormes pérdidas a lo largo de la guerra. Los números aproximados de las bajas entre los combatientes son los siguientes:
1.     Soldados Alemanes Muertos en batalla: 1.800.000
2.     Soldados Franceses Muertos en batalla: 1.385.000
3.     Soldados Británicos y de la Commonwealth Muertos en batalla: 1.100.000
4.     Soldados Rusos Muertos en batalla: 1.700.000
5.     Soldados Austrohúngaros Muertos en batalla: 1.200.000
6.     Soldados Turcos Muertos en batalla: 325.000
7.     Soldados Italianos Muertos en batalla: 460.000
8.     Total de combatientes muertos de todas las naciones: más de 8.500.000*
9.     Combatientes mutilados: 7.000.000 aprox.
10.  Combatientes heridos: 19.500.000 aprox.
*Muchos de los combatientes desaparecieron de la faz de la tierra, desintegrados por los obuses, o enterrados en el cieno. Un enorme número de los muertos reflejados en esta cifra son desparecidos y dados por muertos, o soldados fallecidos a los que fue imposible reconocer.
El Hambre y la Enfermedad se extendieron por las Naciones en Guerra como una Plaga. Los Balcanes conocieron su propia pandemia, el Tifus, que hizo trizas a su población. El Hambre se extendió por todas las naciones, con un manto de muerte. La Gripe Española, llamada así ya que sólo se publicaban datos sobre la misma en España, nación neutral, debida a la censura en los países combatientes, aniquiló cerca del 10% de la población europea. Los datos de muertes Civiles son los siguientes:
11.  Civiles Muertos por acción de la Guerra y la Hambruna: aprox. 8.000.000
12.  Civiles Muertos debido a las Epidemias de Gripe Española: más de 20.000.000 (según algunas fuentes más de 50.000.000 en todo el Mundo)
13.  Civiles Muertos debido al Tifus en los Balcanes: más de 1.500.000
14.  Cifras totales de Muertos durante la Gran Guerra: Aprox. 40.000.000
La Dama Blanca extendió su manto de forma brutal por la Vieja Europa. Pero sólo era el preámbulo del Gran Golpe que preparaba para el Mundo, y que no tardaría más que una veintena de años en comenzar a vislumbrar.


Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis son la mejor representación de una época que se acercó realmente al Apocalipsis Bíblico, aunque instigado por los seres humanos, potenciados y aumentados. La maldad intrínseca al Ser Humano se mostró con el desarrollo de horrendas armas de destrucción masiva, con la falta de humanidad mostrada por los políticos y mandos militares de ambos bandos, cuyas ambiciones personales y frustración ante la falta de avances se reflejó en las horrendas listas de bajas que registraban tras cada asalto, apenas para ganar unos metros y algo más de prestigio personal.
Finalmente, la Primera Guerra Mundial y su secuela, la Segunda Guerra Mundial, nos mostrarán que el verdadero Apocalipsis, la ruptura de los Siete Sellos que agotarán el tiempo de la Humanidad, serán instigados y realizados por los mismos Seres Humanos que sucumbirán al mismo… Salvo que comencemos a recordar los mensajes que la Historia nos lanza, y nos desviemos del malvado camino que nos muestra que hemos dejado, con cadáveres a modo de migas de pan…

Es nuestra decisión y nuestro futuro. Recordemos.

lunes, 4 de agosto de 2014

ARTÍCULO 6.- HOME BEFORE THE LEAVES FALL*. EL FLANCO DERECHO ALEMÁN.

*EN CASA ANTES QUE LAS HOJAS CAIGAN: Esta referencia al otoño, era realizada de forma habitual en todos los sectores de ambos bandos, y utilizada como titular de prensa como un medio para potenciar el efecto bélico entre los ciudadanos de las potencias enfrentadas. Hacía referencia a los deseos (ya que no serían más que eso… esperanzas si se quiere… pésimas previsiones si se quiere) de los Estados Mayores de los Ejércitos en conflicto respecto a buscar la batalla definitiva, el golpe perfecto que garantizase que la Guerra no durase más de tres meses, periodo de tiempo estimado como idóneo para que afectase positivamente a la economía. Sueños rotos…

Sir John French (izquierda) y Lanzerac
Como comentábamos en el anterior artículo, el Ejército Alemán inició el cuatro de agosto de 1914, los movimiento ofensivos en el Oeste, atravesando la frontera belga, a la búsqueda de cumplir con los plazos y pasos previstos por el Plan Schlieffen. Sin embargo, la terca oposición belga en las fortificaciones de Lieja retrasó los planteamientos previstos.

Por tanto, el ala derecha, el ala de envolvimiento alemana, inició con un notable retraso, que puede estimarse en una semana, la segunda fase del Plan Schlieffen. Con los belgas confinados en Ámberes, el Primer Ejército alemán del General Alexander von Kluge abrió su avance hacia el oeste de Bélgica, desde donde preveía entrar en Francia. A la altura de la población de Mons, contacto por primera vez con las unidades británicas de Sir John French.

Mientras, el Segundo Ejército Alemán (Karl von Bülow), enrabietado por su retraso en Lieja, avanzó decididamente hacia la frontera francesa al suroeste, rodeando el Bosque de las Ardenas. El Mariscal Joseph Joffré, Comandante en Jefe francés, había previsto detener a los alemanes en el ángulo formado por los ríos Sambré y Mosa, apoyándose en las ciudadelas de Charleroi y Namur. Allí mandó al Quinto Ejército francés del General Charles Lanzerác, a fin de cubrir el flanco de los asaltos previstos por el Plan XVII sobre las Ardenas y la Lorena (la Batalla de las Fronteras).

EL DESASTRE FRANCÉS. LA BATALLA DE CHARLEROI:
Tras la caída de Bruselas el día 20 de agosto, von Bülow dispuso a sus divisiones a continuar presionando hacia el suroeste, a fin de cruzar lo antes posible los puentes sobre el Mosa y el Sambré, y continuar el avance previsto. Tan sólo un día después, el día 21 de agosto, la ciudad de Charleroi, llave estratégica de la zona, ya estaba bajo el bombardeo de sus cañones.

El General Lanzerác, siguiendo las órdenes de Joffré, atacó el día 22 de agosto a los alemanes a lo largo de la línea del Sambré, intentando derrotar a los cuerpos alemanes que avanzaban por esta zona. El ataque fracasó.

Ese mismo día, von Bülow ordenó un asalto frontal para forzar los puentes del Mosa, mientras el tercer ejército alemán del General Max von Hausen, liberado de oposición a su avance por la falta de presencia francesa en su zona de avance (los ejércitos que esperaba encontrar estaban empeñados en el asalto de las Ardenas, parte de la Batalla de las Fronteras), atacó el flanco derecho del V Ejército francés. De esta forma, la inferioridad francesa resultaba catastrófica: 38 divisiones alemanas contra 15 francesas.

Los Puentes sobre el Mosa no tardaron en caer en manos alemanas. Lanzerác, desesperado, ordenó el contraataque a los cuerpos III y X, pero las comunicaciones eran horribles y fue imposible coordinarlos, por lo que el X Cuerpo nunca avanzó y el III sufrió fuertes bajas y fue rechazado.

Viendo que podía ser rodeado por su derecha, Lanzerac solicitó ayuda al BEF, pero Sir John French aun no había conseguido alcanzar las posiciones asignadas, por lo que determinó que la ayuda no era posible.

El día 23, Lanzerác parecía dispuesto a aguantar la posición en Charleroi, a la espera que los británicos ocupasen sus posiciones y fuese posible su ayuda, aunque pronto recibió intensos ataques frontales por parte del Segundo Ejército Alemán, y se vio superado en su flanco derecho por el ejército de Hausen, por lo que la resistencia se vino abajo e inició una retirada bastante desordenada, cubierta por los cañones de 75 mm. franceses, que realizarían una gran labor, deteniendo a los alemanes lo suficiente para que la derrota no fuese un desastre total.

El 25 de agosto los alemanes tomaban definitivamente las ciudades de Charleroi y Namur, y comienzan su persecución del ejército francés, la tercera fase del Plan Schlieffen.

LA BATALLA DE MONS. LLEGAN LOS BRITÁNICOS:
Como hemos visto, el día 22 de agosto los británicos aun seguían tomando posiciones, por lo que no fueron capaces de apoyar al V Ejército de Lanzerác en la Batalla de Charleroi.

Carga británica de caballería durante la batalla de Mons
Sir John French, comandante del BEF (British Expeditionary Force) confiaba que este mantuviese su posición mientras sus unidades ocupaban sus puestos en el flanco izquierdo del ejército francés, pero al derrumbarse el Quinto Ejército, se encontró en una delicada posición, con un enorme hueco en su flanco derecho.

El día 23 de agosto, en la creencia que ocupaba posiciones en el flanco izquierdo francés, French ordenó a su Segundo Cuerpo, bajo el mando del General Smith-Dorrien, que ocupase posiciones entre los puentes de Le Petit Crépin y Ouburg, y desde allí hasta la derecha francesa, desplegó al Primer Cuerpo del General Haig, ocupando posiciones entorno a la Ciudad de Mons. La posición tenía forma de cuña, lo que la hacía fácilmente atacable. En total, contaba con unos 70.000 hombres, y encaraba al Primer Ejército de von Kluge, con más de 300.000.

El domingo 23 de agosto se inició la confrontación. El día era gris, con lluvia ligera. Los alemanes, desconociendo la entidad del rival, ordenaron avanzar sobre el Cuerpo de Smith-Dorrien a su infantería y caballería. Un total de siete divisiones avanzaron en cerrada formación y fueron rechazadas por el certero fuego británico con fuertes bajas.

Von Kluge, comprobado ya que el enemigo era más abundante y tenaz de lo esperado, ordenó bombardear las posiciones británicas. A las nueve de la mañana, la artillería machacó las posiciones del 4º de Fusileros Reales y del 4º de Middlesex, que defendían el Canal de Mons-Condé, y recibieron el ataque del IX Cuerpo alemán. Soldados profesionales, expertos tiradores, los británicos, con sólo dos batallones, rechazaron el ataque, que buscó alternativas de avance atacando a través de terreno más cubierto.

Con escasos refuerzos, las unidades británicas recibieron órdenes de aguantar sus posiciones, aunque comenzaba a ser obvio que el derrumbamiento francés hacía complejo el aguantar la posición.

Desde las once de la mañana y hasta las dos de la tarde, las Brigadas 9ª y 13ª británicas sufrieron el impulso del ataque alemán entorno a Mons, reculando apenas unos cientos de metros, y sosteniendo la posición en otros puntos, haciendo pagar muy caro cada metro de avance a las fuerzas alemanas.

Victory Cross - Teniente Dease y Soldado Godly
A partir de las dos, la lucha se desplazó hacia el saliente de Mons, donde la posición de la 3ª división británica era muy expuesta. De hecho, el poder numérico de la infantería y artillería alemana comenzó a hacerse con el campo de batalla, y los británicos se vieron obligados a retirarse. En este punto comenzaron a producirse hechos de gran heroísmo, que serán recordados en la historia militar británica, como por ejemplo, el acto del Teniente Dease y el soldado Godley, quienes manejaron una ametralladora y aguantaron solos la posición en la carretera de Nimy a Ciply mientras sus compañeros se retiraban, por la que se hicieron merecedores de la Cruz Victoria, la máxima condecoración británica. Dease la recibió a título póstumo. Godley fue herido y hecho prisionero.

En ese punto, con los británicos ya desmoronados, se produjo el caos. Las unidades británicas, incapaces de coordinar la retirada, fueron rodeadas por los alemanes en algunos puntos, lo que amenazaba su destrucción. Pero para sorpresa de los británicos, los alemanes se detuvieron para reorganizarse, lo que permitió salvar la mayor parte de las unidades.

En este punto, French tuvo conocimiento del desmoronamiento total del ejército de Lanzerác. La única alternativa que tenía era retirarse para formar una nueva línea a la altura de Cambrai y Le Catêau,  y restablecer así la línea con los franceses.

Los ingleses sufrieron unas 7.000 bajas, por unas 5.000 alemanas.

LA PERSECUCIÓN. LAS BATALLAS DE GUISE Y LE CATEAU:
La retirada del V Ejército francés y del BEF se detuvo en la línea Cambrai – Guise. Los británicos se vieron envueltos en un nuevo enfrentamiento con el Primer Ejército alemán en Le Catêau, donde intentaron detenerlos sin mucha fortuna.

El día 26 de agosto, Lanzerác mantuvo una reunión muy tensa con su Jefe de Estado Mayor, Joffré, ya que este, obcecado en la “Offensive Autrance”, continuaba considerando que Lanzerác no cumplía con su labor, y que debía contraatacar con fuerza a los alemanes, en la seguridad que los devolvería a Bélgica, salvando a las fuerzas situadas en las Ardenas de ser envueltas y derrotadas. La derrota británica en Le Catêau, impulsó aun más la decisión de Joffré que Lanzerác debía contraatacar.

Por tanto, el 27 de agosto, las unidades de Lanzerác recibieron la orden de contraatacar, coordinándose con los británicos para que estos pudiesen replegarse y reorganizarse el día 28. Los cruces de mensajes entre Lanzerác, que se negaba a atacar en dirección noroeste, lo que expondría su flanco derecho, y Joffré impidieron que se iniciasen los ataques. Así que Joffré se personó el 28 para obligar a Lanzerác a realizar su ofensiva.

A pesar de la falta de coordinación con los británicos (French impidió atacar a sus divisiones, ante el temor de que un fallo francés le expusiese aun más al asalto del Primer Ejército), y que el ataque hacia las posiciones al oeste, en St. Quintin, fracasó, el día fue ganado gracias al éxito del primer Cuerpo francés atacando hacia Guise, al norte.

Sin embargo, el resultado real fue devastador. El Primer Ejército alemán entró en la brecha entre los británicos y Lanzerác, presionando al Sexto Ejército francés, que se incorporaba a la batalla, y obligándole a refugiarse en París para no ser arrollado. Mientras, los británicos se retiraban hacia el norte, haciendo mayor la brecha. Lanzerác, nuevamente, vio como el tercer Ejército alemán volvía a amenazar con rodearle, por lo que el Quinto Ejército se retiró en desorden hacia el Aisne, cruzándolo el 1 de septiembre.

Lánzerac sería reemplazado en el mando por el comandante de su Primer Cuerpo, Louis Franchet D’Espérey.


Las cosas no podían ir peor para los aliados. A estas alturas habían perdido la Batalla de Las Fronteras, y los alemanes se aprestaban a cruzar el Aisne sin oposición. París estaba al alcance de sus manos. Pero los franceses decidieron plantar batalla al este, en la línea natural del Río Marne…